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XARETA

Senderos y cuevas

La comarca litoral vascofrancesa envuelve de encanto los pueblos que se extienden a ambos lados de la frontera, antaño frecuentada por contrabandistas

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La noche devuelve la vida a los senderos de piedra y barro que serpentean en torno a la frontera que separa Navarra y Lapurdi. El paraje boscoso que pinta de verde las entrañas de la muga franconavarra se convierte en el refugio ideal para los contrabandistas que la atraviesan al amparo de la noche. Nos remontamos varios siglos atrás. A caballo y a pie, los traficantes aprovechan las horas sin luz para adentrarse por caminos montañosos. Transportan lana, azúcar, café y hasta ganado. Son los pobladores más famosos de los terrenos fronterizos y su actividad genera riqueza a los habitantes que pueblan ambos lados de la línea que une Francia y España.

Apenas unos kilómetros separan los pueblos de Sare y Ainhoa, en territorio francés, y Zugarramurdi y Urdazubi-Urdax, ya en tierras navarras. Su cercanía y una historia común han tejido un estrecho vínculo entre estos cuatro puntos que conforman Xareta, la llamada ‘Comarca de las brujas’, que comparte territorio con Lapurdi y Navarra.

Nos situamos a la afueras de Sare (Sara en euskera). Es un pueblo de interior, que mantiene el encanto y la estética de las villas vascofrancesas. Los balcones repletos de flores y los ventanales de sus casonas, sus fachadas limpias y el paraje natural que la envuelve, pintan a Sare de rojo, blanco y verde, una combinación cromática que caracteriza a los pueblos del interior del País Vasco francés. En una pequeña caseta ubicada en el centro del pueblo venden cada mañana pastel vasco, emblema de la gastronomía de la zona. Recorridas sus callejuelas, salimos de Sare en dirección a las cuevas prehistóricas de Lezea, a unos 8 kilómetros.

Aquí comienza y termina una de las antiguas rutas del contrabando, hoy un bonito paseo de poco más de tres kilómetros entre arbolado. Un sendero pedregoso evoca el itinerario tantas veces recorrido por los antiguos contrabandistas. No es difícil imaginar en este escenario solitario el trajín nocturno pero discreto de estos traficantes de animales, tejidos y alimentos.

Ya en territorio seguro para ellos, en la zona más septentrional de Navarra, el camino llega a su fin. Estamos en Zugarramurdi, el pueblo de las brujas. Hoy, lejos de las actividades del contrabando, vive de la ganadería y la artesanía. Y de la historia, que acerca hasta aquí a visitantes embriagados por las leyendas que del pueblo y de sus cuevas se cuentan en un amplio capítulo que nos traslada hasta 1610.

'La Catedral del diablo'

La persecución de las brujas que habitan el País Vasco y Navarra quiere aplacar el pánico que provocan estas adoradoras del diablo. Se les acusa de vampirismo, de maleficios e, incluso, de provocar tempestades para alejar a los barcos que entran y salen de San Juan de Luz, unos kilómetros al norte, en la costa cantábrica. El inquisidor Juan del Valle Alvarado, del Tribunal de Logroño, es enviado a inspeccionar Zugarramurdi. Hasta 300 personas son acusadas de brujería. Algunas mueren en la cárcel. Siete son quemadas en la hoguera. Se escribe así la historia negra de esta localidad al norte de Navarra.

Hoy nadie teme a las brujas. Pero tampoco las olvidan. Ni quieren. Su recuerdo es más vivo en el que fuera su santuario, las cuevas de Zugarramurdi, 'la catedral del Diablo’, como sería conocida. Las corrientes de Infernuko erreka (río del infierno) han modelado la boca de su cavidad principal, en la que ya no se celebran akelarres, pero sí festejos.

Desde Zugarramurdi, otra ruta conduce a Urdax-Urdazubi, aún en territorio navarro, una bella localidad enclavada entre bosques y montañas. También hasta aquí llega el eco de las brujas, pero Urdax adquiere carácter propio como hito en el Camino de Santiago. Aquí se construyó un hospital de peregrinos y un monasterio que pereció bajo las llamas cuando, en 1809, José Bonaparte mandó suprimir todas las casas religiosas de España.

Sí se conserva la casa natal del escritor Pedro Daguerre Azpilcueta, Axular (1556-1644), que también ejerció de párroco en la vecina Sare durante más de 40 años. Otra de las joyas de Urdax, una localidad jalonada de puentes, son sus cuevas, conocidas con el nombre de Ikaburu. Recorridas por el río Urtxuma, son más pequeñas que las de Zugarramurdi pero igualmente bellas. O más, si cabe.

Nos alejamos poco a poco de territorio navarro para adentrarnos nuevamente en tierras francesas pero antes paramos en el barrio fronterizo de Dantxarinea, un enorme bazar muy frecuentado por los habitantes que pueblan las inmediaciones de la muga y que realizan aquí sus compras, por aquello del ahorro. Cruzamos la frontera, aunque la división geografía ha sido incapaz de romper el vínculo que une los pueblos fronterizos de Xareta, unidos por una historia común y una estrecha relación entre sus gentes.

El destino es ahora el coqueto pueblo de Ainhoa. Dicen que es una de las localidades francesas más bellas. Y dicen bien. Es famosa su gastronomía, y evidente su encanto. Mantiene cuidadas las casonas del siglo XVII y un ambiente tranquilo que agradece el visitante y que proporciona ese receso necesario en el camino. Basta un pequeño paseo para descubrir sus rincones. Entonces, sólo resta disfrutar de su ambiente sereno.


Cómo llegar

Hasta Sare

Partiendo desde Bilbao, tomamos la A-8 que une la capital vizcaína con San Sebastián y continuamos hasta Biriatou, localidad cercana a Hendaya. Enfilamos la N-121 hasta Bera, donde cogeremos la D-4 hasta la localidad francesa de Sare. Desde aquí, partiremos hacia Zugarramurdi, Urdax-Urdazubi y, finalmente, Ainhoa. Son trayectos cortos y bien conectados por carretera.

Hasta Senpere

La misma carretera que lleva a Sare, la D-4, nos conducirá hasta Senpere, situada un poco más al norte. Unos kilómetros a las afueras se encuentra el lago.

San Juan de Luz y Ezpeleta

En Senpere tomaremos la D-918 hacia el norte para llegar a San Juan de Luz, en la costa. Desde el mismo punto de partida, y por el mismo vial (D-918), en dirección contraria, llegamos a Ezpeleta (Espelette).


Senpere: aguas cálidas

Las aguas cálidas y apacibles del lago de Senpere constituyen un oasis para el excursionista de interior. El municipio se encuentra al noreste de la comarca de Xareta y su pequeño lago es un privilegiado paraje. No se trata de un territorio virgen, pero apenas es perceptible aún la huella humana en alguna zona. El lago adquiere toda su belleza en las tarde de primavera e incluso en verano, cuando se van los turistas y la tarde cae serena sobre las aguas. A primeras horas de la mañana acuden paseantes y corredores que completan una y otra vez la pista que bordea la laguna. El camino se completa en apenas cuarenta minutos y brinda una panorámica del lago desde perspectivas diferentes.

A la entrada se ha habilitado una playa de arena con toboganes y pedaletas, muy concurrida durante el estío. Unos metros más adentro, el paisaje se torna verde, como las aguas y la tupida alfombra de hierba que cubre el terreno. El prado se extiende en ambas márgenes y sirve de merendero. Durante la primavera y el verano, Senpere está muy concurrido y el trasiego le hace perder encanto, aunque lo recobra cuando la luz se va, dejando paso lentamente a la oscuridad, y el bullicio se transforma en silencio.

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