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Los puentes europeos que hay que visitar

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Los puentes europeos que hay que visitar

Se levantaron para unir orillas y algunos de ellos son auténticas obras de arte, otros son discretas construcciones pero ofrecen un panorama inigualable

23.12.13 - 00:00 -
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No fueron construidos para alabar o dar culto a ningún dios, ni para servir de lujosa morada a reyes y nobles. Los puentes se levantaron para unir orillas, así que en origen no buscaban la belleza. Y, sin embargo, los hay soberbios. Otros son discretas construcciones pero ofrecen un panorama inigualable. Lo que sigue es una selección de quince puentes europeos que asombran por su belleza o por la vista que desde ellos puede contemplarse. No aparece ninguno del País Vasco porque ya publicamos un reportaje con una magnífica colección de los puentes más singulares de Euskadi.

Los puentes europeos que hay que visitar

1. Puente de Don Luis I, en Oporto.

Diseñado por un discípulo de Eiffel e inaugurado en 1886 es uno de los mayores atractivos de la ciudad. A un lado están las bodegas del famoso vino; al otro, la urbe hermosa y decadente que tiempo atrás se preciaba de trabajar mientras Lisboa se divertía. La orilla norte del Duero, antes sucia y semiabandonada, es hoy un agradable paseo repleto de terrazas que ofrecen muy buenas vistas sobre esta soberbia construcción metálica.

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2. Ha’penny bridge, en Dublín.

El puente de Medio Penique está próximo a cumplir dos siglos. Recibe su nombre del peaje que durante unos cien años fue preciso pagar para atravesarlo. Se levanta sobre el Liffey, un río mítico (y literario, que le pregunten a Joyce) pero que es apenas un arroyo. El puente conduce directamente desde la parte moderna de la ciudad al barrio de Temple Bar, repleto de pubs y verdadero corazón de Dublín.

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3. Puente de la Torre, en Londres.

Uno de los grandes símbolos de la ciudad, pese a que es una construcción relativamente moderna (1894). Hay algo en su estructura que está fuera del tiempo, con esas torres que recuerdan al Parlamento, una construcción no mucho más antigua que también es puro anacronismo. El conjunto que forma con la Torre (desde la que hay una estupenda perspectiva del puente) es extrañamente atractivo.

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4. Puente en la Staalstrat de Amsterdam.

En una ciudad llena de puentes levadizos, este es uno de los más hermosos aunque su fama sea menor que la del Magere Brug, que es el que van buscando todos los turistas. Situado junto al mercado de las flores, ofrece además una mirada muy hermosa sobre canales y edificios sin tener que empujar a otros visitantes para abrirse un hueco.

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5. Puente de San Miguel, en Gante.

Será uno de los puentes más pequeños y modestos de Europa, pero tiene una de las mejores vistas del planeta. El visitante se sitúa en el centro, da una vuelta completa sobre sí mismo y contempla las iglesias de San Miguel y San Nicolás, el Belfort (campanario) y algo más lejos la catedral, y entre todos ellos un conjunto de soberbios edificios civiles bordeando el canal. Una experiencia que deja sin palabras.

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6. El Pont des Arts de París.

Hay mucho de mentira en este bellísimo puente pues se trata de una reconstrucción de apenas tres décadas de antigüedad de uno anterior, de comienzos del siglo XIX. Une el Instituto de Francia y el Louvre y permite contemplar la isla de la Cité, que parece un barco varado en el Sena. A partir de la publicación de la novela de Moccia, se ha llenado de candados.

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7. Pont St-Bénézet, en Avignon.

«Sur le pont d’Avignon l’on y danse...» dice la canción. Un puente patrimonio de la Humanidad que no lleva a ninguna parte pues una crecida del Ródano hace 350 años lo dejó tal y como está. Por aquí ha pasado media historia de Francia y Europa. La construcción puede no entusiasmar, pero el panorama, con la muralla de la ciudad y el palacio de los Papas al fondo, es inolvidable.

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8. Kapellbrücke, en Lucerna.

El puente de la Capilla, el más antiguo de Europa construido de madera, es del siglo XIV aunque varios incendios, el último hace solo veinte años, han obligado a reconstruirlo parcialmente con copias perfectas del original. Forma junto al Spreurbrucke un conjunto sin igual. Merece la pena acercarse a Lucerna solo por poder pasear por estos puentes y sentir que el tiempo se ha detenido.

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9. Puente de Carlos, en Praga.

Conviene madrugar o trasnochar para ver este puente con poca gente. Es simplemente una maravilla: medio kilómetro jalonado por estatuas barrocas (levantadas tres siglos después de la inauguración del paso) que comienza en la ‘ciudad vieja’ con un impresionante torreón y termina en la ‘ciudad pequeña’ con otras dos torres. Al fondo, el Castillo se eleva sobre una colina y en las madrugadas aún se percibe el fantasma de Kafka que lo cruzaba al regresar a su casa desde su retiro en el callejón de los Alquimistas.

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10. Puente de las Cadenas, en Budapest.

Otro puente reconstruido (1949) pues las tropas alemanas lo volaron al abandonar la ciudad ya al final de la Segunda Guerra Mundial. Es de una gran belleza, con los torreones que sujetan los tirantes metálicos, y permite contemplar el esplendor de la vieja Buda, con el Palacio Real en lo alto y algo más allá el Bastión de los Pescadores y la iglesia de San Matías, y las nuevas construcciones de Pest, sobre todo el Parlamento.

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11. Puente Gálata, en Estambul.

Un puente de... 1992, construido de forma muy similar a otros anteriores levantados en el mismo lugar desde mediados del siglo XIX. La construcción tiene la originalidad de una planta baja llena de restaurantes. Pero, sobre todo, este paso sobre el ‘cuerno de oro’ une el Estambul de comienzos del siglo XX –dominado por la torre Gálata, medieval–, con la ciudad antigua, que ofrece un perfil irrepetible de mezquitas y mercados.

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12. Ponte Vecchio, en Florencia.

Apunten estos nombres: Taddeo Gaddi y Neri de Fioravante. Ellos fueron los arquitectos que diseñaron el que puede ser el puente más hermoso del mundo, al que se fueron añadiendo distintas construcciones. Primero dio cobijo a los carniceros y más tarde estos fueron sustituidos por joyeros. En el siglo XVI, los Médici encargaron a Vasari que construyera un corredor que les permitiera ir del palacio Vecchio al palaccio Pitti sin mezclarse con la plebe. El puente cambia de color según la hora del día y tiene un extraño poder hipnótico.

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13. Ponte Rialto, en Venecia.

Cuando, a finales del siglo XVI, se inauguró este puente tan singular, más de un experto anunció que la estructura no resistiría y se vendría abajo. Ahí está, soportando el peso de las hordas de turistas que lo cruzan cada día, y parece que aguantará al menos hasta que la Serenísima se hunda bajo las aguas. Stendhal sufrió un desvanecimiento ante la contemplación de tanta belleza en Florencia, pero pudo haberle sucedido en Venecia, frente a este puente que ya es un icono.

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14. Puente de Alcántara (Cáceres).

Va camino de los 2.000 años, así que es de lejos el más antiguo de esta serie. Una obra inmortal que ha inmortalizado a su diseñador, el ingeniero Cayo Julio Lacer, enterrado en una construcción romana muy próxima. Ha sufrido muchos daños en sucesivas guerras pero sigue presentando un aspecto magnífico. Aquí la belleza se conjuga con la utilidad y la resistencia.

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15. Puente Romano de Salamanca.

Una construcción muy antigua, que en realidad son dos distintas, y que ha sufrido numerosas modificaciones y reconstrucciones. El puente es muy hermoso, pero más aún lo es la vista: la catedral, una de las últimas grandes obras arquitectónicas del gótico español, se levanta en una elevación del terreno y domina la línea del cielo. A su izquierda, las torres y la cúpula de la Clerecía; abajo, junto al río, la iglesia de San Martín; a la derecha, la casa Lis y más adelante la mole del convento de San Esteban. En medio, edificios de la Universidad. Un auténtico (gran) panorama desde el puente.

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