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'La negra' más deseada

una tarjeta sin límite de gasto

'La negra' más deseada

La American Express Centurion, el más exclusivo modo de pago del planeta, solo está al alcance de unos 17.000 elegidos en todo el mundo, 300 de ellos en España

07.12.12 - 17:08 -
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La anécdota es conocida, pero no por ello deja de ser interesante. Dicen que hace años, en el londinense concesionario de Rolls Royce de Park Lane, un potencial cliente preguntó por el precio del Phantom.
- Creo que no es el vehículo que usted está buscando, respondió el encargado del local.
- ¿Acaso cree que no me lo puedo permitir?
- No, señor. No dudo de su capacidad económica. Simplemente es que es usted la primera persona en décadas que me pregunta por el precio del coche.
A determinados niveles, las cosas se hacen de una manera diferente y por lo visto su coste también pasa a carecer de importancia. ¿Compraría usted un Rolls Phanthom sabiendo que cuesta más de medio millón de euros?
En caso de haber contestado “Si pudiera, sí”, le presentamos otro artículo de gran lujo que sin duda le dotará de una elegancia y exquisitez extraordinarias. Se trata de la American Express Centurion, la Black Card, una tarjeta de crédito sin límite de gasto que solo poseen 17.000 personas en todo el mundo -300 son españoles- y que incluye servicios exclusivos como disponer de un asesor personal que organice sus compras, viajes y todo aquello que se le ocurra. Solo dos detalles. Primero que para tenerla debe ser invitado por este selecto club a ingresar en él; algo así como entrar en una sociedad secreta. Salir en las listas de Forbes ayuda. Segundo; que si ya dispone del dinero necesario para hacer todo aquello que esta lámina de titanio promete (el plástico habitual en las visas sería muy vulgar), en realidad podría hacerlo sin necesidad de poseer la Centurion. Las tiendas, por muy lujosas que sean, nunca rechazan los billetes.
Así que realmente no le acercará a nada que no estuviera el alcance de su mano con anterioridad. Como en el caso del Rolls, un Seat Panda puede que sea más lento y menos cómodo, pero le llevará a los mismos lugares. Claro que cuando llegue no le dejarán entrar. Es ahí cuando la vieja bravuconada del “esa cerradura la reviento yo con una tarjeta de crédito” cobra todo su significado. La AmEx Centurion logra que las puertas entornadas se abran de par en par con solo enseñarla.
Hace unos años, este cronista pudo asistir a una ejemplo real. No fue con una Centurion, era una Visa Infinite, su competidora en la compañía que promociona Usain Bolt. La estampa es la siguiente:
En la recepción de un lujoso hotel de la capital bávara, un joven saudí, recién salido de la Hofbraühaus muniquesa pide una habitación. El chico había olvidado completamente los preceptos sobre el alcohol que imperan en su país de origen y tampoco hablaba alemán. Ese día llovía y la ghutra con la que cubría su cabeza estaba casi tan empapada como su estómago. Ante semejante cuadro, el recepcionista, quizá premeditadamente, informó al huésped de que carecían de habitaciones disponibles. Momento en el que el viajero, ante la imposibilidad física de argumentar, dejó caer sobre el mostrador su tarjeta de crédito negra azabache, como la Centurion. El rostro del empleado cambió súbitamente. Encontró, como por arte de magia, una cama que ofrecer al ahora ya distinguido visitante y le preguntó si necesitaba algo más. El célebre muchacho respondió: “Un botones que me suba hasta mi aposento”.
Lo más gracioso es que en el caso que nos ocupa, el de la American Express Centurion, una tarjeta creada para gobernarlas a todas, esta persona ni siquiera podría optar a conseguir una. Creada en 1999 para hacer cierta una leyenda urbana sobre la 'Black card' original, no es suficiente con tener dinero para convertirse en 'holder' de una de ellas. Hay que ser alguien. Un rockstar, un deportista de élite, rico de familia, celebritie hollywoodiense... Los horteras, los que han dado un pelotazo, no son bienvenidos. Incluso hay examen de acceso a la comunidad del centurión. Una vez dentro, es más sencillo mantenerla. Con gastarse un mínimo de 200.000 dólares anuales está hecho. Bueno, y pagar la cuota (5.000 dólares al fichar y 2.500 por temporada).
A cambio, el paraíso del lujo y la exclusividad. De entrada, un multimillonario seguro de vida. Lo que menos disfrutará de todo el paquete. Y luego, todo lo que sea capaz de imaginar. Solo tiene que levantar el teléfono. Como cuando James Bond llama a Universal Exports. Solo tiene que decir su nombre y su número de socio y al otro lado del auricular aparecerá su 'Agente Q' particular. Un especialista que conoce sus gustos a la perfección y que organizará todo lo desea antes incluso de que se le haya ocurrido.
¿Ejemplos? Estas son algunas de las extravagancias conocidas que se han apoquinado con la Centurion. Un loro que hablase en inglés para hacer compañía durante un viaje por Rusia; dos cachorros de la película los 101 Dálmatas para los niños, que se habían encaprichado tras ver la peli; encontrar la sortija perdida de la esposa; los servicios de un buzo que colocó un anillo de pedida dentro de un cofre en el fondo del mar... Y finalmente nuestra preferida: Un hombre llega al estadio para ver un partido de la Eurocopa y descubre que se ha olvidado las entradas en casa. Saca el móvil, da la instrucción y solucionado. No, no es que le dejaran acceder al campo sin más o que le compraran nuevos pases. Alguien se desplazó hasta su domicilio, recogió los tiques y se los entregó en mano antes de que empezara el encuentro. ¿Cómo lo hizo? Consiga una de estas pequeñas láminas de titanio y seguro que no les importa explicárselo. Por una módica cantidad, claro está.
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