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Las acrobacias del dios mono

un deporte espectáculo

Las acrobacias del dios mono

El 'mallakhamb' indio, una gimnasia tradicional que los hombres practican en un poste y las mujeres en una soga, experimenta un auge sin precedentes

06.12.12 - 18:19 -
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El gimnasta, sin más ropa que un ceñido bañador, se acerca a un poste de dos metros y setenta centímetros. Se detiene a su lado, controla la respiración y, de pronto, parece emanciparse de la ley de la gravedad: ciñendo el madero de teca con los pies, los tobillos, los muslos, el cuello o cualquier otro miembro capaz de ejercer fuerza, empieza a desplazarse velozmente arriba y abajo, con el cuerpo unas veces al derecho y otras al revés, enredado en contorsiones que más bien parecen nudos. De cuando en cuando, se detiene y dibuja con sus miembros una postura de yoga, como si el palo vertical fuese una estera horizontal. También se encarama al extremo superior, redondeado, y se demora en equilibrios sobre un solo pie. Y, finalmente, regresa al suelo con un grácil salto mortal. Es una rutina típica de ‘mallakhamb’, la gimnasia tradicional de la India, una disciplina que tiene algo de exhibición sobrehumana, pero que también remite inevitablemente a las destrezas acrobáticas de nuestros parientes los monos.
Y no es ningún insulto: de hecho, la versión mítica del origen de este deporte –estamos en la India, ¿cómo no va a haber una leyenda bonita para explicar las cosas?– tiene mucho que ver con esa condición híbrida de dios y simio. A principios del siglo XIX, dos luchadores de Hyderabad visitaron el reino de Maharashtra y, bastante chulos ellos, se permitieron retar a todos los forzudos de esa tierra que los acogía. El único que aceptó el desafío fue un joven de 18 años llamado Balambhattdada Deodhar, que se retiró a un templo para prepararse y tuvo una oportuna visión: se le apareció Jánuman, el estimado dios mono del hinduismo, y le enseñó varios trucos utilizando como soporte un poste. Balambhattdada logró vencer a los presuntuosos huéspedes y, de paso, revivió una práctica deportiva de la que existían oscuras menciones en escritos del siglo XII: el ‘mallakhamb’, combinación de ‘malla’ (hombre) y ‘khamb’ (palo), que algunos describen como la simulación de un combate contra un gigante de casi tres metros.
Espadas y antorchas
Durante muchas décadas, el ‘mallakhamb’ se vio principalmente como una pintoresca forma de entrenamiento dentro de la lucha tradicional india. También resultaba muy socorrido para dejar con la boca abierta a los extranjeros: se sabe, por ejemplo, que Adolf Hitler presenció una exhibición en los años 30. Pero el ‘mallakhamb’ de competición no arrancó hasta 1958, y ni siquiera el reconocimiento de la federación india de gimnasia logró popularizarlo, quizá por lo extremadamente difícil que se presenta a los ojos del profano. Sin embargo, en los últimos años, el deporte está experimentando un ‘boom’ sin precedentes, con nuevos clubes en lugares del país donde jamás se había practicado. En 2010, por primera vez, hubo que organizar el campeonato nacional en cuatro grupos. Incluso países extranjeros como México o Alemania cuentan ya con pequeños contingentes de practicantes del ‘mallakhamb’. «Hay una cosa que hace más fácil mantener vivo este deporte: los ejercicios son siempre un espectáculo», dice el entrenador Uday Deshpande, uno de los máximos divulgadores de la disciplina. Esa vistosidad de partida se puede incrementar todavía más, ya que en algunas exhibiciones los deportistas portan espadas o antorchas encendidas.
Según los maestros, los beneficios del ‘mallakhamb’ van más allá que los de cualquier otro deporte. No solo porque implica una rigurosa disciplina mental, al estilo de las artes marciales, sino también porque el deportista, a la vez que realiza sus fascinantes evoluciones sobre el madero, se brinda a sí mismo un saludable masaje: tanto el palo como la piel del gimnasta están bañados en aceite de ricino, para minimizar el roce, de manera que el poste actúa como un engrasado rodillo sobre el cuerpo. Aunque muchos ven la tradición india como un antecedente del ‘pole dance’ –el sensual baile en torno a una barra que, cada vez más, se plantea también con un enfoque deportivo–, habitualmente está reservado a los varones: las mujeres suelen practicar una modalidad que, en lugar del madero clavado en el suelo, utiliza una soga colgada, de la que se suspenden formando complejas figuras. Ante la belleza y la dificultad de sus rutinas, no parecen tan insensatas las pretensiones de algunos aficionados, que sueñan con hacer algún día del desconocido ‘mallakhamb’ un deporte olímpico.
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Una exhibición de la variante femenina de este deporte tradicional en Bombay./ Reuters
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