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un repaso a la literatura erótica

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Grandes autores han publicado novelas con contenido sexual muy explícito y además muy bien escritas. Seleccionamos siete de ellas

03.12.12 - 18:55 -
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Por más que una evidente operación de marketing trate de convencernos de ello, la novela erótica no la ha inventado E. L. James. Ni sus libros son los más trasgresores de la historia de la literatura en esta materia. En absoluto. Es más, su trilogía de Grey es muy poca cosa comparada con algunos de los textos clásicos y con otros recientes, firmados por grandes escritores capaces de construir una historia apasionante en la que encajan a la perfección escenas de sexo magníficamente descritas con todo lujo de detalles. Hay erotismo en abundancia en el ‘Libro del buen amor’, ‘El Decamerón’ o los ‘Cuentos de Canterbury’, escritos en plena Edad Media. Y no sé si erotismo, pero sí mucho sexo hay en el Antiguo Testamento, sobre todo en los primeros libros. Recuerden, si no, el uso abundante del verbo ‘conocer’ en el sentido bíblico del término, nunca mejor dicho.
Pero no teman. Las siete propuestas que figuran a continuación son mucho más modernas. Salvo el primero de los libros, todos tienen menos de un siglo de antigüedad, así que son clásicos pero recientes. Por supuesto, la lista de títulos con contenido erótico no acaba aquí. Al contrario, es enorme. Esto es solo una pequeña selección de cinco títulos que entran de lleno en la categoría, con el añadido de otros dos que tienen, para mi gusto, algunas de las mejores escenas de sexo jamás escritas.
1) ‘La filosofía en el tocador’, atribuida al marqués de Sade. La introducción de una adolescente virgen en las artes amatorias a cargo de un hombre tan atractivo como inmoral causó un escándalo inenarrable en 1795, cuando fue publicada de forma anónima. Es un texto descarnado que concluye con una tortura y que remueve las conciencias y algo más. No hay en la formación sexual de la muchacha nada que se asemeje al amor; ni siquiera se concibe el sexo como un juego de seducción en el que los sentimientos tuvieran poco papel. Leer este clásico con ojos actuales puede llevar a la conclusión de que tampoco es tan crudo lo que se cuenta, de manera que lo más transgresor resulta precisamente lo menos descriptivo. Pero, aún así, la carga erótica de la historia es importante.
2) ‘El amante de lady Chatterley’ de D. H. Lawrence. La historia de la joven cuyo marido resulta gravemente herido en la Primera Guerra Mundial y como consecuencia sufre una impotencia permanente fue un mazazo en la conciencia de la pacata sociedad de su tiempo. El centro del escándalo fue la relación que ella establece con un jardinero, en la que lo único que busca es una vía de escape a su sexualidad. La novela no pudo publicarse en el Reino Unido, de donde era el autor, hasta casi cuatro décadas después de su primera edición. El libro contiene varias escenas de sexo explícito que fueron consideradas directamente pornográficas a finales de los veinte, cuando vio la luz, en Italia. D.H. Lawrence murió poco después de terminar el libro. Años antes había publicado ‘Mujeres enamoradas’, que también contiene unas cuantas páginas muy subidas de tono, aunque no tan directas como en ‘El amante de lady Chatterley’.
3) ‘El amante’ de Marguerite Duras. Relato autobiográfico de la relación amorosa entre una niña de 15 años residente en Vietnam y un joven chino, hijo de un millonario, que la iniciará en el sexo. La relación dura varios meses durante los cuales, casi todas las tardes, el hombre le irá descubriendo los secretos de sus cuerpos respectivos al tiempo que la muchacha va soñando con otros cuerpos y con otras tardes de sexo a las que podrían incorporarse más personas. Novela breve, exquisita, pero de altísimo voltaje erótico, fue publicada cuando su autora era ya septuagenaria y de alguna forma supone cerrar una etapa de su vida. A diferencia de las novelas anteriormente citadas, fue recibida con elogios unánimes por la crítica, obtuvo el premio Goncourt y fue pronto llevada al cine, en un filme que también destaca por su fuerte contenido sexual.
4) ‘Las edades de Lulú’ de Almudena Grandes. Otra historia de iniciación. En este caso, se trata de una adolescente que se siente muy atraída por un profesor de Universidad que es amigo de su hermano. Durante años, él será su instructor sexual, con quien explorará todos los caminos, incluso aquellos que nunca en su adolescencia pudo siquiera imaginar. No es el único libro con fuerte carga erótica de su autora (’Castillos de cartón’ también narra la historia de un triángulo singular, y no ahorra detalles en el relato de sus encuentros), pero fue su primera novela y con ella alcanzó una fama que probablemente no esperaba. La posterior película de Bigas Luna, siempre interesado en historias de sexo más o menos turbias, contribuyó a reforzar el prestigio de este libro que ha sido, muy probablemente, el mayor éxito de la colección ‘La sonrisa vertical’.
5) ‘Los cuadernos de don Rigoberto’ de Mario Vargas Llosa. Continuación, de alguna manera, de ‘Elogio de la madrastra’, ambas novelas de indisimulado tono erótico del premio Nobel hispano-peruano. Aquí el erotismo está más sugerido que explícito, pero Vargas Llosa adentra a los lectores en un ambiente perturbador, hecho de fetichismos y con una marcada aureola cultural. Así, algunos cuadros famosos van desfilando por el libro y son analizados por el personaje central en sus escritos. Por cierto, que Fonchito, el hijo de la pareja, está obsesionado con los cuadros de Egon Schiele, que ahora se exponen en el Guggenheim Bilbao. El libro puede ser, entre otras cosas, una buena forma de aproximarse a su pintura.
6) ‘Libro de Manuel’ de Julio Cortázar. Después de experimentar con el erotismo en ‘Rayuela’, en un capítulo para el que inventa un nuevo lenguaje (glíglico, lo llama), el escritor argentino escribe en ‘Libro de Manuel’ un par de escenas de alta tensión, en una novela de enorme carga política. En mitad del relato del grupo de jóvenes que plantea un secuestro para pedir a modo de rescate la liberación de algunos presos políticos, hay una historia de amor peculiar, intelectualizada, pero con una densidad carnal extraordinaria. Son apenas tres o cuatro páginas pero de esas que no conviene ir leyendo sentado en el metro porque quizá la vista de quien viaja en el asiento de al lado termine clavada en nuestro libro.
7) ‘Madame Bovary’ de Gustave Flaubert. Una de las grandes novelas de todos los tiempos tiene, a mi juicio, la escena de sexo mejor escrita de la Historia de la Literatura. Una escena en la que lo que se detalla es... nada. El narrador cuenta cómo Emma y su amante suben a un coche de caballos y le dan la orden de dirigirse a un punto lejano de la ciudad. El lector asiste a un periplo enloquecido, prolongando el viaje una y otra vez, pasando en varias ocasiones por los mismos sitios, mientras solo se observa un anormal movimiento del carruaje derivado de lo que está sucediendo en su interior. Nunca nadie consiguió sugerir tanto mostrando tan poco. Leyendo esta escena cualquier amante de la buena literatura comprueba que E.L. James no pasa de ser una aficionada.
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