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Mucha Michelle

un icono de moda y un portento de estilo

Mucha Michelle

Rebosa modernidad pese a su querencia por los collares de perlas blancas y su difícil complexión

14.11.12 - 10:38 -
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Michelle Obama ha demostrado ser una primera dama absolutamente fiel con su poderoso marido. Nada más ser reelegido presidente de Estados Unidos, confesó quererle más que nunca. Su otro gran amor es la moda. Pero, a diferencia de la princesa Letizia, que ha confiado su estilismo casi en exclusiva a Varela, su ‘otro Felipe’, ha depositado su confianza en una larga lista de modistos, sin comprometerse con ninguno. Todos americanos y la mayoría de origen asiático. Ni un solo europeo. Michelle abandera el relevo generacional.
Sin llegar a marginarles, ha relegado a un segundo plano a la aristocracia del diseño norteamericano y las propuestas más conservadoras (Óscar de la Renta, Ralph Lauren y Carolina Herrera). Se ha entregado a las minorías étnicas (Prabal Gurung, Jason Wu, Tracy Feith, Thakoon Panichgul...), cada vez más relevantes, y coqueteado, sin llegar a dispensarles un trato de favor, con modistos con Michael Kors e Isabel Toledo. Ahora bien, a diferencia de Barack, que seguramente dejará ver en su segundo mandato un sello político más personal, Michelle ha sido auténtica desde el primer día que pisó la Casa Blanca. Ella decide por encima de modas. Qué se puede decir si no de una mujer que sale airosa de casi todas las situaciones pese a su compleja complexión, que se gana la fama de moderna, pese a su gusto por las perlas, tan del gusto de las clásicas damas republicanas, y que se ha ganado una justa fama vanguardista, pese a jugar sobre seguro con el negro.
He aquí algunas de sus claves:
En tiempos de penurias, su amor por los brillantes y las perlas, grandes y pequeñas, podrían haberle jugado más de una mala pasada. Sin embargo, Michelle ha invertido las tendencias hasta convertirse en un icono cuyo estilo genuinamente estadounidense es analizado a nivel global. Sus collares de perlas blancas, muchas veces enrollados a dos vueltas, constituyen una de sus habituales tarjetas de presentación. Y, aunque amiga de accesorios discretos (prendedores, sencillas flores y ligeras cadenitas de piedras doradas, sin olvidar nunca su alianza de bodas con brillante), esta tradicional sobriedad suele saltar por los aires con collares ‘oversize’.
Sin mangas y tirando de escotes
En el juego de los contrastes Michelle es una experta en resaltar el color de su piel con tonalidades dulces y cálidas, pero también intensas (amarillo, morado, naranja, azul turquesa y verde) en vestidos sin muchas costuras, desprovistos de mangas y atrevidos escotes. Signos que los analistas interpretan como un lenguaje de seguridad y firmeza. Sin llegar todavía a los extremos de Jackie Kennedy, Obama crea un discurso propio, tanto con modelos holgados como entallados hasta la rodilla, ajustados por voluminosos cinturones –una de sus debilidades– y acompañados, en ocasiones, de chaquetillas, cuando no de toreras de inequívoca inspiración española.
Ella hace patria sin tener en cuenta las críticas que le llovieron del Consejo de Diseñadores de América por el espectacular modelo del británico Alexander McQueen con el que recibió al presidente de China. Sus 183 centímetros de altura, constitución atlética y brazos envidiablemente torneados la llevan a imponer vestidos de manga francesa, deteniéndose a la altura de los codos, incluso en invierno, y devolver el protagonismo a una parte del cuerpo a menudo olvidada. La primera dama impone sus brazos y también los inviernos con clase en los que se arropa con abrigos largos, de materiales ligeros y patrones con cortes rectos.
Las chaquetas semiajustadas, que minimizan como por arte de magia su talla 44, cogen vuelo y sofisticación mediante mangas ‘estilo campana’. Poco amiga de los pantalones, los talla a la cintura para definir sus curvas. Los looks más informales suele trabajarlos con modelos pitillo, cárdigans, blusas y, debido a su estatura y porte, bailarinas. Los tacones raras veces alcanzan alturas desmesuradas. Echa en mano en ocasiones de botas de charol sin tacón y, únicamente cuando no le queda más remedio, opta por zapatos de tacón muy bajo en punta o semidescubiertos.
Un estilo natural y contenido que traslada al maquillaje, en tonos pastel y con brillos, y a también a un peinado carente de emociones. Con su prominente frente casi siempre despejada, las innovaciones capilares apenas se limitan a los cambios de lado del flequillo o a echárselo para atrás. Pero nada de moños ni bucles. Sobriedad que, no obstante, le permite salir con la cabeza bien alta y solventar las inevitables comparaciones, ya tenga enfrente a Carla Bruni o Kate Middleton.
A ambas les ha ganado por la mano, incluso con marcas accesibles. En una de sus últimas apariciones marcó un nuevo récord al lucir un modesto modelo de Asos de 69 euros. Minutos después de publicitarlo, la firma agotaba existencias, confirmando su condición de icono global de moda y corroborando lo que muchos piensan (pensamos): Michelle es mucha Michelle. Según un informe elaborado en la Facultad de Empresariales de Harvard, cada vez que viste una prenda, la firma responsable gana 14 millones de dólares.
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