El Correo

Macron remata el triunfo

Macron, en uno de sus primeros actos oficiales.

Macron, en uno de sus primeros actos oficiales. / BERTRAND GUAY (Efe)

Emmanuel Macron, la gran revelación de la política francesa, ha rematado su triunfo en las tres rondas electorales anteriores con una nueva victoria y se convierte en el presidente democrático con más poder ejecutivo y capacidad de maniobra en el mundo. Con la mayoría rotunda conseguida en la segunda vuelta de las elecciones legislativas, sin una oposición significativa en la Asamblea Nacional y la ciudadanía entregada a su carisma poco menos que mesiánico, podrá gobernar y poner en marcha sus planes reformistas de social liberalismo de nuevo cuño sin especiales problemas.

El sistema presidencialista francés y un Estado centralista no se ve limitado por tantos contrapoderes como el norteamericano -por citar el ejemplo más conocido -, ni se encuentra sometido a unas elecciones intermedias con el añadido de que el cargo es para cinco años, renovables. La aparición de Macron en la escena política gala surgió en el momento más oportuno, cuando los partidos tradicionales que se venían alternando en el Eliseo se hallaban más desarbolados en sus liderazgos y desprestigiados ante una sociedad cansada que contemplaba como el país se hundía en una crisis múltiple.

La victoria de sus candidatos en la segunda vuelta de las elecciones supone una renovación importante de las caras del Legislativo y, sobre todo, la consolidación de unas ideas y unos proyectos de modernización del país que, de momento al menos, no asustan ni a la derecha ni a la izquierda derrotadas y generan esperanzas entre viejos y jóvenes. El nuevo partido creado por Macron, LREM (La República en Marcha), carece de rodaje aunque ya ha demostrado que ganar elecciones no es sólo cuestión de profesionales de la política. Las ideas centristas de Macron no son nuevas pero el cambio que implican hace que lo parezcan. Unen principios de la democracia y el liberalismo con un claro sentimiento europeísta.

También en esta segunda ronda el balance se ve empañado por la abstención, muy superior incluso a la registrada hace una semana en la primera vuelta en que la participación no alcanzó el cincuenta por ciento del censo. Descartado el triunfo de los candidatos de LREM con unos 355 escaños en el Cámara de 577, los demás son poco significativos. Los Republicanos conservan el segundo puesto pero con su representación disminuida a la mitad -unos 130 escaños-, de la que disponía y se confirma el descalabro del Partido Socialista que sólo ha obtenido 50.

Los demás partidos se quedan sin representación o con representaciones puramente testimoniales. La ultraderecha de Marine Le Pen, apenas 8, y la extrema Izquierda de Malenchon, con 30, no han confirmado las perspectivas que unos meses atrás se les atribuían. En resumen, la oposición mínima, desmembrada y sin mayor capacidad de participar en las decisiones que el poder de convicción que demuestren en sus intervenciones sus diputados, se vuelve mínima. La esperanza de algunos partidos de haberse convertido en bisagra para completar la mayoría de La República en Marcha se ha visto completamente frustrada.

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