El Correo

El muro de la libertad

fotogalería

'Beso fraterno', obra del ruso Dmitri Vrubel. / Nuria Nuño

  • Berlín celebra los veinticinco años de la histórica caída de su barrera de hormigón y miedo. La explosión de júbilo que se vivió en aquellos días sigue presente en los célebres murales de la East Side Gallery

Hoy 9 de noviembre se cumplen veinticinco años de la histórica caída del Muro de Berlín que propició la reunificación de Alemania. Quienes visiten la ciudad estos días tendrán la oportunidad de vivir de cerca esta efeméride y lo que significó para la capital germana y toda Europa. Este aniversario se celebra, entre otras actividades, con una instalación integrada por unos 8.000 globos de luz dispuestos a lo largo del trazado que marcaba el límite entre las dos partes en que quedó dividida la urbe. Es el proyecto 'Lichtgrenze' ('Frontera de luz'), una idea de los hermanos Christopher y Marc Bauder. Esta frontera luminosa de más de quince kilómetros cruzará durante tres días las principales calles del centro de Berlín. Y se convertirá en una suerte de 'arquitectura efímera'; en un reto artístico que servirá para conmemorar uno de los acontecimientos más importantes de la reciente historia europea.

Esta muralla de luz nace, por fortuna, con fecha de caducidad y sin la vocación duradera con la que se levantó el tristemente famoso Muro en la noche del 12 al 13 de agosto de 1961. Ese momento marca la traumática división en dos de la ciudad por designio de la República Democrática Alemana. Con esta medida, la RDA quiso frenar la constante fuga de ciudadanos hacia la Alemania occidental que el país llevaba experimentando desde su fundación en 1949. Así, durante 28 años, el infranqueable Muro, el símbolo más emblemático de la Guerra Fría, contribuyó a la traumática separación de familias, amigos y compatriotas; se llevó la vida de al menos 239 personas al intentar escapar -la lista de víctimas aún permanece incompleta- y se convirtió también en un lienzo sobre el que muchos ciudadanos acabaron expresando sus frustraciones y sueños rotos o sus ansias por recobrar la libertad robada.

De hecho, el Muro fue profusamente utilizado durante años como soporte de pintadas y grafitis con diseños de vivos colores, sobre todo, en su lado occidental. Desde aquella mágica noche del 9 de noviembre de 1989, lo fue también en su parte oriental, ya que resultó inevitable que la explosión de alegría y libertad que se respiró a partir de ese día tuviera su propia vertiente artística. Muchas de esas creaciones desaparecieron, ya que la mayor parte de la barrera de hormigón fue reducida a escombros que, en muchos casos, han acabado comercializándose como 'souvenirs'. Sin embargo, quienes quieran contemplar un vestigio de los casi 156,4 kilómetros de Muro que rodearon la capital alemana, pueden acercarse hasta el tramo más largo que queda en pie. Se salvó de ser derruido un sector de 1.316 metros de longitud del llamado 'muro interior', testigo único de lo que fue aquella atrevida decoración y que, en el año 1990, se transformó en la famosa East Side Gallery. Se trata de un lugar especial donde, gracias a la expresión artística, se ofrece un peculiar punto de vista de la historia de las dos Alemanias.

La que está considerada como la mayor galería de arte al aire libre del mundo se ha convertido, con el paso de los años, en un punto de encuentro para los miles de turistas que a diario se acercan hasta ese rincón situado en la Mühlenstrasse del distrito de Friedrichshain, donde el visitante siente cómo convergen el viejo y el nuevo Berlín. Hasta tres millones de personas han llegado a acudir en un año hasta allí para disfrutar de este memorial, catalogado en 1991 como patrimonio artístico protegido para evitar que la acción de grafiteros y vándalos deteriore los 106 murales que, entre febrero y septiembre de 1990, pintó un grupo de 129 artistas llegados de veinte países. Todos ellos, que acudieron convocados por una galerista escocesa, transformaron ese lienzo desnudo, que hasta entonces había sido intocable, y crearon una enorme imagen alegórica. Un homenaje a la libertad que se ha convertido en una de las principales atracciones de la ciudad, habituada a basar su atractivo en lo atípico. Así, la East Side Gallery se reconoce como un lugar que cualquier viajero debe incluir en sus planes y que, a buen seguro, guardará en su recuerdo, ya que allí se mezclan reflexiones vitales, declaraciones políticas o simples imágenes marcadas por el optimismo.

Pintadas para la historia

La impresionante colección de pinturas que conforman esta peculiar galería de arte documentan la sensación de júbilo que causó en la población la caída del Muro, que simbolizó también el fin de la Guerra Fría. Los murales, llenos de carga política, social y de reflexión, reflejan ese tiempo de euforia, cambios, sueños y grandes esperanzas por alcanzar un futuro mejor. En definitiva, sintetizan los sentimientos de alegría por la libertad recobrada que caracterizaron los meses posteriores a la desaparición de esa barrera de la vergüenza de la que apenas quedan ya vestigios.

Entre las obras impresas sobre esa sección del Muro, dos se han convertido en las más significativas, alcanzando incluso la categoría de iconos. Por un lado, destaca el famoso 'Beso fraterno' entre Leonid Brézhnev y Erich Honecker, mandamases de la Unión Soviética y la RDA en la época del Muro. Esta pieza es obra del ruso Dmitri Vrubel, pintada a partir de una histórica foto de ambos líderes comunistas tomada en el año 1979. Otra de las imágenes preferidas por los turistas es la titulada 'Test the Rest', de Birgit Kinder, que muestra un coche de la época de la RDA, el Trabant -llamado popularmente 'Trabi'- atravesando simbólicamente la pared de hormigón. La matrícula del vehículo es NOV.9-89, la fecha en la que la barrera se vino abajo de manera pacífica.

Otra de las creaciones más destacadas es la obra 'Parlo d'amor', pintada por el catalán Ignasi Blanch, que muestra tres rostros masculinos que reflejan tres estados de ánimo. Indispensable es también el 'Homenaje a la generación joven', en la que el muralista francés Thierry Noir simboliza la libertad recién estrenada mediante una serie de cabezas de vivos colores. De igual modo, resulta impactante el mural titulado 'Sucedió en noviembre', de Kani Alavi. En él, aparece una avalancha de personas intentando pasar por una estrecha brecha del Muro, en la que se mezclan caras de felicidad con otras tristes y asustadas ante la incertidumbre que se avecinaba con los nuevos tiempos. También capta la atención de muchos visitantes el 'Desvío hacia el sector japonés' de Thomas Klingenstein. Este artista, nacido en Berlín oriental, pasó una temporada en una prisión de la Stasi por disidente antes de ser extraditado en 1980 a la Alemania occidental. Su mural muestra un metafórico sector japonés durante los años del Berlín ocupado.

En 'peligro de extinción'

Estos son sólo unos ejemplos del enorme 'cuadro' compuesto por más de un centenar de murales que, por desgracia, se fueron deteriorando y perdieron fuerza por el paso de los años y la cercanía del río Spree. Y es que muchos de los murales se habían realizado con pinturas inadecuadas y tampoco se les había aplicado una capa de fondo sobre el hormigón. Al final, los dibujos acabaron siendo víctimas del viento, la lluvia y la nieve, que carcomieron ese pedazo de historia, condenando a ese lugar a una muerte lenta pero segura. Tampoco ayudó a su conservación el hecho de que muchas imágenes fueran cubiertas con grafitis o dañadas por la acción de vándalos. Todos esos factores provocaron que la East Side Gallery se encontrara en unas condiciones tan lamentables que incluso a aquellos que la habían visto en todo su esplendor les resultaba difícil distinguir las viejas pinturas y la fuerza expresiva de sus colores originales.

Ante la inacción de las autoridades, un grupo de artistas se asoció en la llamada Artists Iniciative East Side Gallery para luchar por la galería y preservar este capítulo crucial de la historia de Berlín en su actual ubicación. A ellos se sumaron empresarios, funcionarios y políticos. Entre todos buscaron ayuda oficial para devolver brillo al lugar. Al acercarse el vigésimo aniversario de la caída del Muro, el Gobierno federal alemán y el de Berlín accedieron a cofinanciar la restauración, en la que también tomaron parte la Unión Europea y donantes privados. Después de reunir 2,2 millones de euros, el colectivo de artistas contactó con los autores originales, que volvieron a la ciudad en 2009 para restaurar sus obras de forma apropiada e intentar devolver a los murales su aspecto original.

A pesar de todos los esfuerzos, este peculiar 'museo' continúa en peligro y muchas de las emblemáticas imágenes se encuentran, hoy en día, en mal estado, dañadas por cientos de pintadas de espontáneos. Pese a ello, la East Side Gallery sigue siendo un imán para millones de turistas, que caminan por todo Berlín en busca de vestigios de la antigua ciudad dividida. Es el caso de los paneles del Muro enclavados en Potsdamer Platz, un triste recuerdo del pasado, que contrasta con los modernos edificios que brillan en esta plaza, convertida en escaparate de la arquitectura contemporánea. Y también del tramo que se conserva junto al museo de la Topografía del Terror, situado en el mismo lugar donde estuvo la sórdida central de la Gestapo nazi, o los restos que se han ubicado cerca del famoso puesto fronterizo conocido como Checkpoint Charlie.