El Correo

Un Trump contra las cuerdas lleva al Partido Republicano al borde del abismo

Donald Trump, durante el segundo debate con Hillary Clinton.
Donald Trump, durante el segundo debate con Hillary Clinton. / Afp
  • Paul Ryan es apenas el último de una larga serie de influyentes líderes republicanos que han decidido marcar distancia de con el magnate

La campaña de 2016 a la Casa Blanca no guarda parecido con ninguna otra: un año y medio de contienda, dos ásperos debates, declaraciones de extrema vulgaridad y un partido republicano sin brújula.

A cuatro semanas de las elecciones, los siguientes son tres aspectos fundamentales de la campaña para escoger al sucesor de Barack Obama.

El sábado, un día después de la divulgación de vulgares comentarios de Donald Trump en 2005, la candidatura del millonario parecía estar a un paso de la catástrofe.

Uno a uno, importantes dirigentes del partido Republicano saltaron al ruedo para romper con Trump y sugerir que abandone la campaña en favor de su compañero de fórmula, Mike Pence.

Dos días y un debate más tarde, Trump sigue como un boxeador exhausto contra las cuerdas, pero que por el momento parece haber evitado una derrota por nocaut.

Incluso el propio Pence, que el fin de semana dijo sentirse "ofendido" por las declaraciones de Trump sobre mujeres, afirmó este lunes que se sentía "honrado" de componer una fórmula presidencial con el polémico millonario.

En el debate del domingo Hillary Clinton "no logró dar el golpe de efecto que todos esperaban", estima Julian Zelizer, profesor de la universidad de Princeton.

David Axelrod, un ex asesor del presidente Barack Obama, apunta que Trump "no hizo lo suficiente como para revertir" el desorden generalizado en que se encuentra su campaña, pero "hizo lo necesario para evitar un hundimiento".

Un debate del diario Wall Street Journal y la red NBC, divulgado este lunes y realizado antes del debate del domingo, mostró a Clinton con una ventaja de 11 puntos porcentuales sobre Trump.

Al final del primer debate presidencial contra Clinton, Trump aseguró que había tratado de mantener elevado el nivel de la discusión, a pesar de las constantes asperezas que surgieron. "Cuando ella me atacó sobre las mujeres, estuve a punto de responder con las historias de las mujeres de su marido (Bill Clinton). Pero consideré que no debía hacerlo porque su hija, Chelsea, estaba en la audiencia", dijo Trump.

Pero en el segundo debate, aún con Chelsea en la audiencia, Trump cambió de tono y llegó al punto de acusar al ex presidente Bill Clinton de ser un "abusivo con mujeres".

Inclusive, horas antes del segundo debate mantuvo un encuentro con cuatro mujeres que desde hace años acusan al expresidente por diversas agresiones sexuales, y posteriormente las invitó a acompañar el debate en la primera fila. Con esto, el nivel de la campaña ingresó en un terreno nunca antes conocido.

Así, con la creciente animosidad entre los dos, se torna difícil imaginar que el último debate antes de las elecciones, previsto para el 19 de octubre, permita algún tipo de discusión de ideas.

El día en que Trump anunció su candidatura, en junio del año pasado, el conservador partido Republicano (una institución venerable en Estados Unidos, fundado en 1854) percibió que podía quedar en una posición difícil.

Pero en las últimas semanas el sentimiento de disconformidad dejó lugar a un caos completo en las filas partidarias.

Este lunes, el dirigente republicano con mayor cargo electivo de la actualidad, Paul Ryan, presidente de la Cámara de Representantes, dijo que ya no hará más campaña por Trump ni lo defenderá, y hasta sugirió que consideraba un hecho consumado la victoria de Hillary Clinton en las elecciones de noviembre.

Ryan es apenas el último de una larga serie de influyentes líderes republicanos que decidieron marcar distancia de Trump, varios de ellos incluso pidieron que el magnate se retire de la contienda.

Pero Trump afirmó que hay "cero chance" de que renuncie a sus candidatura. "Nunca, jamás, me doy por vencido", dijo.

En ese cuadro de creciente aislamiento de la máquina partidaria republicana, resta a Trump apoyarse en el electorado más conservador, avivando el rechazo visceral de esos electores a la figura de Clinton.

Para Larry Sabato, de la Universidad de Virginia, "hay mucha más resistencia a Trump entre los líderes del partido que en la base".

"La mayoría de los electores que se consideran republicanos van a votar por Trump, y además se sienten abandonados por la dirigencia del partido precisamente por haberle retirado el apoyo", señaló.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate