El Correo

El primer sueldo que ingresan los jóvenes vascos apenas alcanza los 900 euros

  • Los salarios que se pagan al inicio de la vida laboral han caído a niveles de los años 90 y la recuperación no está logrando mejorarlos

Los jóvenes se están llevando la peor parte de una crisis que se cocinó cuando ellos todavía estaban en la escuela. En los gráficos de esta página hay datos reveladores: la tasa de paro en la franja de edad entre 16 y 29 años en Euskadi ha pasado del 5,7% en 2007 al 23,7% en 2016 (en el conjunto del mercado laboral subió del 3,3% al 13,4%); casi la tercera parte de quienes logran acceder a un empleo lo hacen a tiempo parcial porque este tipo de contratación se ha disparado del 8,3% al 30,7% (frente a la evolución del 7,5% al 17,4% del total de la población); y los sueldos de entrada al mercado de trabajo se han desplomado en la última década. ¿Cuánto?

Hay pocas estadísticas, y seguramente ninguna será más fiable que la percepción de Begoña Varona. Ella es la que pronuncia la primera frase de estas líneas: «Antes se hablaba del mileurismo como una lacra; ahora, es una aspiración». Varona es responsable de programas de inserción de jóvenes en la Fundación Novia Salcedo, dedicada a allanar el camino hacia el mercado laboral a recién titulados universitarios y de ciclos formativos. Es decir, a los jóvenes mejor formados de Euskadi. «Colaboramos con 800 empresas y tras un periodo de prácticas no laborales remuneradas (becas), el 64% de los jóvenes es contratado en la misma compañía». Antes del estallido de la crisis la queja era que esos contratos en prácticas que seguían a las becas apenas superaban los mil euros. «Hoy, con suerte se llega a los 900», señala. Una notable bajada que aún es más lacerante si se tiene en cuenta que en la última década el IPC ha subido casi el 15%.

El pasado cuatro de junio, en estas mismas páginas, mostraban su preocupación por las malas condiciones del empleo juvenil el consejero de Hacienda, Pedro Azpiazu; el presidente de Confebask, Roberto Larrañaga; la catedrática Sara de la Rica; y el director territorial norte de BBVA, Carlos Gorría. Todos alertaban de que es necesario mejorar la situación laboral de las nuevas generaciones en Euskadi para garantizar el futuro. De lo contrario, huirán -ya lo están haciendo- y cuando la comunidad autónoma necesite gente formada habrá que realizar fichajes fuera que tendrán un evidente efecto inflacionista en los costes laborales.

Se mencionó en esas reflexiones un estudio de Sergi Jiménez, profesor de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, donde a partir de explotaciones de datos históricos de la Seguridad Social apuntaba un dato devastador: el salario medio de un joven que entraba al mercado laboral en España en 2013 eran 801 euros, casi lo mismo que en 1990 (797).

¿Ha cambiado algo desde 2013? ¿Tiene vigencia ese estudio ahora, en 2017?

En los últimos años ha habido cierta mejora en el mercado laboral, pero no en los salarios de entrada, sino por arriba. Los sueldos de la parte alta están algo mejor, ya es más fácil cambiarse de empleo sin grandes pérdidas. Pero la entrada al mundo del trabajo sigue bastante deteriorada y no sólo por los salarios, sino por la rotación de contratos que hace muy difícil conseguir una mínima estabilidad.

En fin, que muchas empresas parecen estar tratando de mantener e incluso mejorar las condiciones salariales de los veteranos a costa de recortar por abajo. La reflexión es válida también para Euskadi, aunque la cifra, los 801 euros, será aquí «un 16% más alta, una proporción similar a la diferencia entre el sueldo medio vasco y el español».

En realidad, la penalización de los nuevos tiempos no llega sólo a quienes ingresan en el mercado laboral, sino a todos los jóvenes en general. Según una encuesta bianual que elabora el Observatorio Vasco de la Juventud desde 2011, el sueldo medio de quienes tienen entre 16 y 29 años era en aquel ejercicio de 998 euros, y en 2015 estaba en 996. Eso sí, la peor parte, como ya es bien conocido, se la llevan las mujeres, que ven caer su salario medio de 896 a 867 euros. En buena medida, porque son ellas las que sufren más la contratación a tiempo parcial (el 37,5% frente al 24% de los varones jóvenes). Un tipo de contrato que, en la mayoría de los casos, no es deseado.

«Y lo peor es que, para llegar a eso, hay que pasar algo aún peor», se lamenta Estíbaliz Montero, responsable de Juventud de CC OO-Euskadi. Se refiere a las becas sin remunerar de las que, asegura, «abusan muchas empresas», los contratos de formación, los de relevo... También menciona los efectos de una reforma laboral que ha extendido la contratación en prácticas durante dos años «no sólo a las personas que hayan terminado su formación hace menos de cinco años, sino a todos los menores de treinta». Este tipo de contratos permite al empleador pagar un 60% del salario marcado por convenio durante el primer año, y un 75% el segundo.

Aquí entra en juego, además, otra particularidad específicamente vasca que también incide en contra de los más jóvenes: «El bloqueo de la negociación colectiva», dice Montero. «La falta de convenios sectoriales, que son una red de seguridad para quienes no tienen sus condiciones contractualizadas, provoca que en ciertos sectores se esté contratando a gente nueva con el único límite del salario mínimo (SMI)». También menciona «las dobles escalas salariales encubiertas» que están aplicando muchas firmas con la creación de nuevas categorías en la parte baja de la tabla retributiva, lo que propicia el ingreso de trabajadores más baratos.

El problema de todo esto no son sólo las malas condiciones en las que ingresan los jóvenes vascos en el mercado laboral -la mayoría de los recién licenciados siempre han entrado en el mundo del trabajo con sueldos pírricos, cuando no gratis-, sino que se cronifican en esa precariedad y ello condiciona su carrera profesional en la edad adulta, advierte desde hace tiempo la catedrática de la Universidad del País Vasco (UPV), Sara de la Rica. «Los mejores se están marchando», alerta. De los que quedan, según el Observatorio Vasco de la Juventud, el 14% tiene la expectativa de que acabará condenado a la emigración forzosa.

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