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Tenis | Torneo de maestras

Una campeona sin mucho que celebrar

Garbiñe Muguruza celebra el triunfo ante Kuznetsova.
Garbiñe Muguruza celebra el triunfo ante Kuznetsova. / Reuters
  • La intrascendente victoria ante Kuznetsova (3-6, 6-0 y 6-1) no tapa las sombras de una temporada que apuntaba a histórica y se ha quedado descafeinada para Garbiñe Muguruza

El circuito femenino ha acostumbrado a sus seguidores a una irregularidad que asusta. Desde hace años es habitual ver a jóvenes promesas ascender a lo más alto en una semana mágica. Un torneo les sirve para consagrarse y en poco tiempo estar metidas ya en el 'top 10' mundial. Este ascenso meteórico en ocasiones les priva de todo ese esfuerzo y sacrificio de quien poco a poco sube escalones para finalmente opositar hasta las posiciones de privilegio. Un camino arduo y sacrificado. Pero necesario.

Garbiñe Muguruza saltó a la fama en 2014 al arrasar a Serena Williams en Roland Garros. Confirmó los pronósticos con la final de Wimbledon 2015 y se convirtió en una estrella mundial en julio de este año al conquistar su primer 'Grand Slam' en la arcilla de París. Una gran carta de presentación a la que le falta la regularidad para ser de verdad la 'nueva Serena', como se ha comentado en numerosas ocasiones. La regularidad es esencial en este deporte. La realidad muestra que sin ese torneo de Roland Garros Muguruza rondaría el puesto 23 del ranking mundial. De los 3.736 puntos que acumuló antes de Singapur, 2.000 vinieron de París, es decir, un 53% del total. El dato es más duro aun si se ahonda en el tema. La tenista entrenada por Sam Sumyk solo ha encadenado tres victorias seguidas en tres torneos esta temporada: en Roma, Cincinnati y Roland Garros. En esas cuatro semanas de competición la deportista de padre vasco y madre venezolana sumó 2700 puntos, el 72% del total.

«Esperan que lo gane todo»

2016 parecía, a priori, el año propicio para que Muguruza se consolidase en la élite y por qué no, aspirase al número uno mundial. Los Juegos Olímpicos de Río, la reválida en Wimbledon o las estimulantes visitas a escenarios como el Abierto de los Estados Unidos o Australia invitaron a pensar que Muguruza tendría muchas oportunidades a su alcance. No obstante, desaprovechó demasiadas. Cayó en la tercera ronda de Australia y Río, en la segunda de Madrid, Wimbledon y Estados Unidos, además de caer estos días en el 'round robin' de la Copa de Maestras. Todas ellas derrotas inesperadas ante rivales de menor entidad. Muchas decepciones y un solo rayo de esperanza, que no brilla suficiente para tapar todo lo demás. En Roland Garros Muguruza completó una semana de ensueño en la que solo perdió un set y en la que derrotó a la número uno Serena Williams para levantar su primer 'Grand Slam' y auparse al segundo puesto del ranking mundial.

El problema es que Muguruza parece seguir viviendo en ese sueño parisino. Desde Roland Garros la caraqueña acumula 12 victorias y 11 derrotas y un único resultado destacable: las semifinales en Cincinnati. La propia Muguruza expresó su frustración en la rueda de prensa posterior a la derrota contra Radwanska: «No sé por qué la gente espera que después de Roland Garros lo gane todo». Si bien la presión puesta sobre los hombros de la tensita en los últimos meses ha sido tremenda, calificándola como 'la sucesora de Rafa Nadal en el tenis español', la propia tenista debe darse cuenta de la responsabilidad que supone ser número dos del mundo o ser 'top 10'. La gente espera que gane siempre o al menos que compita por ello hasta el final. Y ahí ha estado el mayor problema de Muguruza. La falta de sacrificio y lucha han provocado fallos en la confianza y la cabeza de la hispanovenezolana que han supuesto que la temporada pese a Roland Garros no pueda considerarse una gran campaña.

Con el 2016 oficialmente acabado para ella, el próximo lunes Muguruza descenderá hasta el número 9 del mundo tras los puntos perdidos en la Copa de Maestras. Quizá bajar sirva para volver a subir, pero lo que está claro es que tendrá que demostrar en 2017 muchas cosas si quiere volver a despertar todas esas expectativas que la acompañan desde que hace unos meses levantase la 'Copa de los Mosqueteros' en París.

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