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Ciclismo

A prueba de calor y desniveles

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Los participantes hicieron frente a una pendiente positiva acumulada de más de 3.400 metros. / Rafa Gutiérrez

  • Medio millar de ciclistas supera el exigente recorrido por el territorio alavés de la Prueba Cicloturista Vitoria, agravado por las altas temperaturas

En su 37ª edición, la Prueba Cicloturista Vitoria ha vuelto este sábado a reivindicarse como una cita ineludible para los amantes del ciclismo, tanto locales como foráneos. No en vano el 60% de los corredores procede de fuera de Álava. Esos más de 500 participantes superaron, a pesar del calor que apretó durante toda la mañana, siete puertos alaveses en una edición que homenajeó a Joseba Beloki por sus logros deportivos y su labor en la promoción del ciclismo en el territorio.

Los corredores, madrugadores, comenzaron a pedalear a las 8.00 de la mañana en dirección a Landa. 203 kilómetros después, tras haber acumulado más de 3.400 metros de desnivel positivo, los primeros comenzaron a llegar poco a poco a la meta situada en Mendizorroza. Todos, con la misma respuesta al preguntarles por cómo había transcurrido la marcha. «Bonita, pero dura, especialmente con este calor». Y entre los puertos, todos coincidían en destacar el mismo, aún sufriendo con solo nombrarlo: «Herrera». «Ha habido un momento que era como un horno», comentó Aitor Jiménez, que finalizó el recorrido junto a Asier Irigoyen y Txus Palacios. Pero superado el tramo con mayor desnivel del itinerario (475 metros), todavía había que guardar fuerzas. «Mucha gente cree que una vez pasas Herrera ya está hecho, pero todavía quedan repechos y el puerto de Zaldiaran se hace duro», desveló Aitor Anduaga.

Aunque el calor complicó un recorrido ya de por sí exigente, tanto el pamplonés Álex Beristain como el bilbaíno Rafa Barbier, que se estrenaban en la Cicloturista Vitoria, aseguraron apuntar la cita para acudir a futuras ediciones. «Pero a ver si otro año hace menos calor», reclamó Barbier.

Trato «familiar»

Pero el esfuerzo tuvo su recompensa. La organización ofreció a los participantes una comida popular, en la que no faltó la pasta, para recuperar fuerzas y compartir sensaciones. «Es una prueba muy familiar», destacó Gabi Pozo como una de las virtudes de la marcha de la Sociedad Ciclista Vitoriana, con lo que coincidía Mario Gorgojo. «Te cuidan», aseguró el cicloturista.

Un espíritu que la organización quiere mantener aunque el número de inscritos se sitúe ya en el medio millar. «Queremos estabilizar el número durante unos años», explicó Pedro Garrido, presidente de la ‘Soci’, entidad organizadora de la prueba. Garrido se mostró muy satisfecho por la forma en qué transcurrió la jornada cicloturista. «Una pena el tiempo, pero eso no lo podemos controlar», fue el único reproche.

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