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Técnicas descalificantes a Trump

  • Jugadores y entrenadores de la NBA repudian el triunfo electoral de un presidente que sucede a un amante del baloncesto

Donald Trump, durante un encuentro de la NBA.
Donald Trump, durante un encuentro de la NBA.

    La política también divide a la NBA. En la patronal predominan las simpatías republicanas, mientras la mayor parte de los ‘obreros’ espléndidamente remunerados se decanta por los demócratas. Hasta que ha llegado Donald Trump para rizar el bucle de lo imposible, casi tanto como difícil resulta entender su flequillo pajizo semejante a la marquesina del autobús. Mark Cuban, dueño de los Mavericks y votante habitual del partido representado por el elefante, se ha cambiado de acera ante el tornado del ya presidente electo de los Estados Unidos. Durante su visita de campaña a Dallas, Hillary Clinton recibió el apoyo del jefe de Dirk Nowitzki, en la línea de otros partidarios republicanos que se negaban a reconocer en Trump a su candidato.

    Tras el recuento de los sufragios que certificaron el fiasco de quien se postulaba como primera mujer al frente del gigantesco país, vencedora en número de papeletas pero derrotada por los votos electorales, se han sucedido las reacciones en el seno de la NBA. Y como es natural para un personaje que convierte las frases en exabruptos, tampoco el nuevo presidente se cose la boca. Ya anuncia que sustituirá la cancha de la Casa Blanca por otra de un deporte que le gusta a él y a un puñadito de gente. El relevo en el edificio más emblemático de Washington significa el trueque entre un buen aficionado y entendedor del baloncesto y el tipo que desprecia las canastas. Célebres eran las quinielas anuales de Barack Obama, tirador zurdo en sus tiempos estudiantiles, donde pronosticaba los cruces universitarios hasta decidir el ganador del torneo. Y tenía buen ojo a la hora de calcular desde la base que procura el conocimiento.

    Durante la campaña presidencial, una porción enormemente significativa de los jugadores cerró filas en torno a Hillary. Y en ese grupo destacaban las figuras más relevantes de la Liga. Nada menos que el rey LeBron arropó desde el escenario y micrófono en mano a Clinton en los mítines que la demócrata celebró el último día en el estado de Ohio, finalmente decantado a favor de Trump. Stephen Curry, el base del hipnótico manejo del balón y tiros paranormales, también manifestó su respaldo a la esposa de Bill, como lo hicieron Carmelo Anthony, Chris Paul y Dwayne Wade o los dos últimos comisionados del campeonato: David Stern y el actual, Adam Silver. La NBA siempre combate las actitudes intolerantes y buena prueba de ello es el traslado de la sede el próximo ‘All Star’ de Charlotte a New Orleans. ¿El motivo? La legislación contra los homosexuales de Carolina del Norte.

    Aún sin tiempo casi para asimilar el vuelco que ha conducido al rubio faltón hasta el mismísimo despacho oval, se apilaron los mensajes de condolencia por los Estados Unidos. Los hubo de jugadores, desde luego, pero también desde los banquillos. Severas palabras de Stan Van Gundy (Detroit Pistons), lamentos de Steve Kerr (Golden State Warriors) y un durísimo alegato anti-Donald de Gregg Popovich, gurú de los entrenadores, alma, corazón y vida de San Antonio Spurs. «Se me revuelven las tripas. Soy un hombre rico y blanco que vive en un país que ha ignorado sus repugnantes comentarios xenófobos, homófobos, racistas y misóginos». Lo dice el técnico de Pau Gasol, del jugador a quien Obama eligió en primer lugar dentro de un ramillete de estrellas para una pachanguita en la Casa Blanca.

    Lugar al que, por cierto, quizá el próximo año no acuda el equipo campeón. Ya es una norma establecida que el ganador del anillo visite la residencia del presidente cuando le corresponde actuar contra los Wizards en Washington. Y la cadena televisiva ESPN acaba de sugerir que tres clubes (Milwaukee, Memphis y Dallas) meditan dejar de alojarse en los hoteles de Trump cuando el calendario los lleve a Chicago y New York. Claro que entre tantas muestras desaprobatorias siempre emergen defensores de lo contrario. Como el ala-pívot Spencer Hawes, militante republicano en do mayor que ofreció una rueda de prensa vestido con una camiseta que reclamaba cárcel para Hillary, en sintonía con la amenaza del ganador presidencial. Pero en general, y pese a la implantación de equipos en estados básicos para el triunfo del ‘no político’, la NBA pita técnicas descalificantes a Donald. Cabe suponer que el sonido del silbato le entrará por un oído y hará nido en su pelo antes de salir por el otro.

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