El Correo

El acordeonista que se hizo 'ye-yé'

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Pedro Leturiaga hijo. / A. Ferreras / V. Carrasco

  • El éxito le llegó a Pedro Leturiaga a principios de los años 60 con la venta de guitarras eléctricas y fiando a adolescentes que ansiaban ser estrellas

  • Hoy es recordado con cariño por su hijo y por aquellos jóvenes que, en su mayoría, ya han cumplido los 70

Pedro Leturiaga hijo (Perico desde siempre) no es músico pero le gusta el contacto con los clientes que se acercan a la tienda, que en muchos casos son amigos. Cuando se pasan a curiosear o a comprar, en especial aquellos que se iniciaron hace cinco décadas, mantienen con él una especie de apadrinamiento. 'Son personas de edad superior a la mía, y siempre terminan rememorando las vivencias de su juventud, la relación con mi padre, como les cuidaba o como les vendía, pero de esa forma tan especial que tenía él: 'Llévatelo', o 'ya me lo irás pagando', o ese tipo de cosas que sólo se podían producir en aquellos tiempos', recuerda Perico.

  • FotogaleríaLeturiaga, 50 años vendiendo música

Hoy día, el apellido Leturiaga no hace falta ser presentado en el ambiente musical, amateur o profesional. Pero los comienzos fueron complicados. Pedro, el fundador, nació en Oñate, villa de la provincia de Guipúzcoa, y allí aprendió a tocar el acordeón, aunque nadie sabe a ciencia cierta quién de quién aprendió. En 1940, con 18 años, se trasladó a Vitoria a trabajar en la tienda de bicicletas de su tío Claudio, ciclista profesional. Allí conocería a la que sería su mujer, Benita, y en 1949, recién casados, lo dejaron casi todo y vinieron a Madrid, con su acordeón y 500 pesetas, que era todo el capital de que disponían.

En la capital, el músico comenzó dando clases y tocando en recintos al aire libre, en el hotel Plaza, con Los Chimberos (grupo de canción folklórica vasca)... Hasta que conoció a Máximo Baratas, músico invidente y compositor conocido entre otros trabajos por ser el autor de la popular sintonía televisiva 'Vamos a la cama', creada a finales de los 60. Juntos pusieron en marcha negocios editoriales (métodos y albumes para acordeón) y abren la emblemática tienda 'Biok' ('Los dos', en castellano) que se hizo popular rápidamente vendiendo instrumentos 'modernos' para aquella época (guitarras eléctricas fabricadas de manera artesanal que dejarían paso a las míticas Fender, Rickenbacker, Gibson..). Cuando la sociedad se disolvió, nació 'Leturiaga'.

La relación que Pedro Leturiaga mantenía con aquellos jóvenes pioneros musicales de los 60 finales era casi paternal, sin dejar de lado el interés comercial. La venta de instrumentos se realizaba generalmente a plazos a unos muchachos que no en pocas ocasiones eran menores de edad, con el aval de los padres o sin enterarse ellos de las andanzas de sus hijos. 'Compraban los instrumentos pagándolos mensualmente e iban a entregar cantidades a cuenta, pero a veces mi padre se tenía que dar alguna vuelta por los lugares de moda, allá donde se reunían los músicos, donde en ocasiones había desbandada de alguno de ellos', recuerda Perico entre risas.

Pedro Leturiaga padre.

Pedro Leturiaga padre.

De la mano de aquellos muchachos nacerían algunos de los grandes grupos musicales españoles. 'Los Relámpagos, Los Brincos, Los Pekenikes, Formula V, Los Continentales... y un montón que se han quedado en tintero porque no tuvieron la suerte de su lado', recuerda Perico. 'Las pocas tiendas que existían en Madrid eran los puntos de reunión de los músicos. Hoy día siguen llegando jóvenes a la tienda, y la forma de comprar ha variado mucho. Internet ha revolucionado, pero aquí se sigue apostando la venta presencial, asesorar, comunicarse con la gente de forma directa'.

El futuro es incierto ante las nuevas formas de venta a distancia. Sin embargo, Perico Leturiaga es optimista: 'Cuando acuden músicos conocidos a la tienda, los clientes se sorprenden y les piden autógrafos y hacerse fotos con ellos. Es muy satisfactorio que se repitan ese tipo de situaciones. Aunque aún es muy joven, me gustaría que mi hijo diera continuidad a la empresa que fundó mi padre. No es simplemente una empresa, y no solamente por el apellido que representa, sino porque después de más cinco décadas de existencia, a nadie le gusta que las cosas desaparezcan en el tiempo. Quisiera que fuera el heredero de esta empresa familiar, que la mantenga y la continúe'.

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