El Correo

El Prado revindica el genio de Agustín Esteve

'Manuela Isidra Téllez-Girón', óleo de Agustín Esteve.

'Manuela Isidra Téllez-Girón', óleo de Agustín Esteve. / Sergio Barrenechea (Efe)

  • Incorpora a su colección el retrato de la duquesa de Abrantes niña, donado por Óscar Alzaga

En 1797 Agustín Esteve y Marqués retrató a Manuela Isidra Téllez-Girón, una dulce y risueña criatura vestida de muselina blanca, y la futura duquesa de Abrantes. Es la mejor obra del olvidado artista, a quien el Museo del Prado reivindica ahora como el mejor discípulo de Goya y uno de los grandes retratistas de su tiempo. Gracias a la donación del expolítico, catedrático, abogado y coleccionista Óscar Alzaga, la pinacoteca incorpora a su colección esta tela, «el más singular de los retratos infantiles del arte español del siglo XVIII».

Lo expone junto a los demás retratos que el pintor valenciano hizo de los IX duques de Osuna y de sus hijos, entre las obras más significativas del arista, considerado en su día como el mejor retratista de la corte después de Francisco de Goya. El genio aragonés también pintó a los miembros de aristocrática familia en unos extraordinarios retratos que se confrontan ahora con los de su pupilo.

La icónica tela completa la donación de Alzaga, formalizada en marzo pasado y en la que se incluían seis importantes pinturas, además de una dotación económica que ha hecho posible la compra de esta séptima obra. El Prado se convierte así en el primer Museo que centra su atención en Esteve, «intentando rescatarle del papel secundario al que la historiografía lo había relegado injustamente», según Miguel Falomir, director del museo.

«Pese a estar en las mejores colecciones nobiliarias españolas, las obras de Esteve no han tenido la atención de los historiadores españoles. Su obra ha tenido mucho más interés en América, por eso ha sido siempre difícil encontrar sus cuadros», explicó la comisaria de la exposición, Virginia Albarrán.

En cartel desde el martes 20 de junio y hasta el 1 de octubre, 'El desafío del blanco. Goya y Esteve, retratistas de la Casa de Osuna' reúne en las salas 37 y 38 del edificio Villanueva 14 obras. Hay ocho de Esteve y tres de Goya, a las que se suman dos aguadas del artista contemporáneo Guillermo Ducker y una fotografía de Jean Laurent de un retrato realizado por Goya. Proceden de colecciones como la de la Fundación Casa Ducal de Medinaceli, del Duque del Infantado, Masaveu y Martínez Lanzas-De las Heras.

El presidente del Real Patronato del Prado, José Pedro Pérez-Llorca, y el director adjunto de conservación, Andrés Úbeda, agradecieron al «filántropo y amante del arte» Óscar Alzaga la importante donación. El propio Alzaga se definió como «un coleccionista de toda la vida de pintura antigua, pero de segunda división, porque ya sabemos que hay grandes coleccionistas, grandes empresarios que pueden adquirir grandes piezas y son los que levantan las manos en grandes pujas que uno no se puede permitir», explicó.

Algunas de las obras de Esteve fueron atribuidas a Goya en «determinados momentos», explicó Albarrán. Así ocurrió con uno de los cuadros de la muestra, el retrato de Francisco de Borja Téllez-Girón, futuro duque de Osma, que «llegó a tenerse por uno de los retratos más finos del pintor aragonés hasta que se adjudicó a Esteve», explicó Albarrán. Confirmó que «otras obras están en el mismo proceso de estudio» y destacó la «gran modernidad» del último retrato de Esteve incoporado al Prado. «Es único desde el punto de vista iconográfico con influencia de Velázquez en la inspiración del espacio, de Goya y sobre todo de Murillo, con la melena ondulada y la pierna al aire que evocan a 'El pastor', del pintor sevillano».

'El desafío del blanco' alude a la dificultad de los artistas del XVIII para representar este color. «Todo un reto», según Albarrán, dado que en la época se puso de moda entre las mujeres el uso de muselina blanca, una tela muy fina y transparente que fue un desafío para los mejores pintores. «En el caso de Esteve fue todo un éxito, porque utilizó una pincelada fina y sutil con poca pintura, como en el caso de la niña Manuela vestida con una muselina blanca transparente», dijo la comisaria.

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