El Correo

Arte a la luz del arcoíris

Hipomenes y Atalanta.

Hipomenes y Atalanta. / Museo del Prado.

  • Prado y Thyssen 'sacan del armario' las obras que desafiaron el canon heterosexual

Desde sus mismos orígenes el arte desafió la convención. En la India, Egipto o Grecia se rompió ya el canon heterosexual, milenios antes de que se acuñara el término homosexual -siglo XIX-, y surgiera la bandera arcoíris -finales del siglo XX-, que hoy simboliza el orgullo de la diferencia. Al calor del World Pride que traerá a Madrid una marea humana, el Museo del Prado y su vecino Tyssen-Bornemisza 'sacan del armario' metafóricamente las obras de sus colecciones que desafiaron el patrón heterosexual y celebraron los amores diversos y diferentes. Invitan a posar 'otra' mirada sobre unas obras de grandes de artistas que pagaron caro su osadía y que durante siglos han luchado por su visibilidad con suerte desigual.

'La mirada del otro. Escenarios para la diferencia' es el itinerario que propone el Prado hasta el próximo 10 de septiembre. Un recorrido por una treintena de obras relacionadas con «identidades no normativas». Son pinturas, esculturas y dibujos, casi todas de la colección permanente y visibles en sus salas, y que el museo nos invita a mirar con otros ojos. «Se trata de contemplar la realidad histórica de las relaciones sentimentales entre personas del mismo sexo y de las identidades sexuales no normativas», según Álvaro Perdices, uno de los dos comisarios de la muestra.

Son obras tan icónicas como el grupo escultórico 'Orestes y Pílades' de la Escuela de Pasiteles, o 'David con la cabeza de Goliat' de Caravaggio, «quien como Leonardo o Botticelli afrontaron acusaciones y juicios por sodomía que cambiaron sus vidas», según recordó Perdices, responsable de la selección junto a Carlos García Navarro. «Este recorrido quiere preguntar a las colecciones del Prado qué imagen histórica nos devuelve de las historias no normativas», dijo el especialista de pintura del siglo XIX.

Piezas maestras conectadas con otras menos conocidas pero igualmente excepcionales en su diferencia, como 'El Cid', la imponente cabeza de león de Rosa Bonheur -la única creadora de la exposición, una pintora francesa que obtuvo un 'permiso de travestismo' en el XIX para convivir con animales y pintarlos- o 'El Maricón de la tía Gila', un grabado de Goya que resume la trágica dimensión de la diferencia cuando se convierte en estigma.

'Hermafrodito'

Hay rarezas como el 'Hermafrodito dormido', la escultura yacente de Matteo Bonucelli que Velázquez se trajo de Roma y que se expone junto a sus 'Meninas'; el 'San Sebastián' de Guido Reni, que se exhibe junto a su 'Hipomenes y Atalanta', una osada y sexualizada tela que ocultaron los Austrias; la 'mujer barbuda' de Ribera - 'Maddalena Ventura'-, o 'Aquiles descubierto por Ulises y Diómedes' de Rubens.

Son todos jalones de un recorrido diferente que resalta la diferencia. Una propuesta integradora del Prado que se articula en seis áreas temáticas con algunos títulos muy elocuentes: 'Amistades inmortales' aborda la cultura homosocial en la antigüedad clásica; 'Perseguir los deseos' se ocupa de la persecución de las obras los artistas que a lo largo de la historia fueron acusados y condenados por amar a personas del mismo sexo; 'Engañosas apariencias', aborda la desobediencia a los roles de género, el travestismo o la inversión de papeles, y 'Amar como los dioses', agrupa obras con personajes del mismo sexo a través de narraciones mitológicas que estuvieron siempre reservadas a la mirada del poder, el único escenario donde fue posible durante siglos la contemplación impune de estas obras de alta carga homoérótica.

Es la primera vez que el Prado pone el foco en la temática que hoy agrupan las siglas LGTBI, tan antigua como la pintura pero que suele estar relegada y en muchos museos de arte antiguo y moderno, al contrario que en los de arte contemporáneo donde es más habitual. Según el director del Prado, iniciativas como esta dan sentido a la condición publica del museo. «Quiero destacar hoy la palabra público porque es un museo para todos y tiene la obligación de dar cabida a todas las sensibilidades, de ser incluyente y no excluyente» dijo Miguel Falomir. «No hemos recibido críticas, pero si las hubiera, van en el sueldo», dijo Falomir admitiendo que la propuesta «se podría haber planteado antes, aunque nunca es tarde si la dicha es buena».

También el museo Thyssen-Bornemisza ha diseñado en la misma línea 'Amor diverso', un recorrido que conecta quince obras con iconografía, temas y personajes «relacionados con la cultura, la sensibilidad y la experiencia del colectivo LGTBI». Obras que, según el museo, «han estado presentes en el arte, aunque a veces de manera casi invisible».

El recorrido sigue la organización en las salas de la colección Thyssen -basada en la cronología-, de modo que propone un paseo por varios siglos de arte, desde Bronzino a Hockney. Se trata de «abordar conceptos como identidad y orientación sexual con una mirada diferente» a través de obras como 'Santa Catalina de Alejandría', de Caravaggio; 'El nacimiento de Venus' ('La Aurora'), de Auguste Rodin; 'Amazona de frente', de Édouard Manet; 'Retrato de George Dyer' en un espejo, de Francis Bacon o 'El griego de Esmirna (Nikos)' de Ronald B. Kitaj.

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