«Los vitorianos no somos conscientes del gran impacto de la ciudad en los turistas»

Elisabeth Ochoa de Eribe, con el galardón que la reconoce como 'Alavesa de agosto'. / IGOR AIZPURU
Elisabeth Ochoa de Eribe, con el galardón que la reconoce como 'Alavesa de agosto'. / IGOR AIZPURU
Alavesa del mes

Elisabeth Ochoa de Eribe, de Guías Artea y 'Alavesa de agosto', es testigo cada día de cómo los visitantes se sorprenden con la capital alavesa

SARA LÓPEZ DE PARIZA VITORIA.

Se define como «cabezota» y está encantada de poder atraer la atención de cincuenta personas durante las visitas a la ciudad. Elisabeth Ochoa de Eribe, 'Alavesa del mes de agosto' por su contribución al turismo desde que con 22 años fundara Guías Artea, defiende que el sector todavía tiene margen de crecimiento pero que para lograrlo son necesarias mejores infraestructuras y una mayor oferta que obligue al visitante a pasar más tiempo entre nosotros.

-Fue la primera guía de Vitoria en salir a la calle, ¿de dónde la nace la inquietud por este oficio?

-En tercero de BUP me tocó hacer un trabajo muy completo sobre Velázquez y ese verano visité el Palacio Real. Allí comencé a explicarles a mis primos todo lo que había aprendido y cuando me quise dar cuenta me seguían veinte personas. Eso me gustó mucho y a los 18 años comencé a formarme en una academia que ofrecía prácticas en el Ayuntamiento; recuerdo que José Ángel Cuerda me acompañó en mi primera visita porque no podía abrir la puerta del salón de plenos.

-¿Qué es lo que más le gusta de su trabajo?

-Hay dos cosas que me encantan. La primera es poder enseñar la ciudad porque tenemos la grandiosa suerte de que suscita una reacción de sorpresa y la gente se queda encantada. Hago un trabajo por el que siempre recibo una respuesta positiva. Además, que te escuchen 50 personas es buenísimo para el ser humano, normalmente pagamos a un psicólogo y es sólo uno.

-Dice que la ciudad provoca sorpresa, ¿qué es lo que más encandila a los que nos visitan?

-Hay muchas cosas, pero sobre todo la buena organización de la ciudad y la preparación para el ciudadano. Cuando hacemos la panorámica les llaman la atención detalles como que falten tramos en los pasos de cebra para que no se resbalen las bicis o los cambios de pavimento para facilitar la vida a los invidentes. También que no haya verjas en las tiendas ni en los primeros pisos, la calidad de vida o que el tranvía funcione. Lo que nosotros consideramos normal en el resto del mundo no es así, ser conscientes de ello sería positivo para el orgullo de ciudad.

-¿Seguimos acarreando los vitorianos todavía cierto complejo de inferioridad?

-Sí, no somos conscientes de lo que tenemos ni de la repercusión que tiene la ciudad para el que viene de fuera. Creo que con una panorámica para los vitorianos se nos acabarían todos los complejos. Y me gustaría destacar que nuestra climatología tan adversa es un bien turístico importante.

-¿Cuál ha sido la evolución del turista durante estos veinte años?

-Ha cambiado mucho. Ahora es muchísimo más exigente, sabe más y no quiere que le cuentes un rollo, viene a vivir una experiencia. Quiere que le apeles a sentimientos y emociones y sentirse a gusto en la ciudad, reclaman menos arte e historia y más anécdotas y saber nuestras costumbres.

-¿Diría que Vitoria está viviendo su época dorada del turismo?

-Sí. Pero dentro de lo que es Vitoria, sin compararla con otros sitios. De cinco o seis años a esta parte hemos crecido mucho, pero creo que todavía podemos ampliar más. No hemos tocado techo a nivel turístico porque teníamos mucho trabajo por hacer y aún queda un largo recorrido.

-Entonces, ¿conviene crecer más en este sector?

-Conviene pero sin exagerar, porque cuando el turismo crece en demasía es imposible de controlar y genera inseguridad, suciedad o aglomeraciones. Eso ocurre cuando se deja de tener control de las pernoctaciones, se descolocan plazas hoteleras y hay más gente de la que la ciudad puede soportar. Hay que tener en cuenta que las molestias a la ciudadanía no vienen dadas por el propio turista sino porque no existe una infraestructura turística adecuada.

-¿Ha vivido situaciones incómodas en Vitoria derivadas de ese tipo de molestias?

-Jamás, la gente aquí es maravillosa. La gente para a los grupos para preguntarles de dónde vienen y si les ha gustado la ciudad, y el turista agradece esa amabilidad. Se sorprenden porque estemos contentos de que vengan. Que la gente no te trate a patadas es muy importante para la imagen de ciudad y nos hace subir puestos en el ranking. Hasta ahora la ciudad más bonita era San Sebastián pero eso está cambiando porque el turista busca emociones y mientras ellos se preocupan por crear sensaciones incómodas, nosotros hacemos todo lo contrario.

Infraestructuras

-Uno de los principales caballos de batalla de las instituciones ahora mismo es el aumento de las pernoctaciones, ¿cómo se podría lograr este objetivo?

-Con una mayor oferta turística, faltan cosas para hacer. A nivel internacional, sólo tenemos la Catedral de Santa María como punto imprescindible para los turistas. También hay que mejorar en infraestructuras porque un turista que no se haya traído coche no puede llegar a Salinas de Añana. La torre de los Varona, Gazeo o las pinturas de la iglesia de Alaiza son espectaculares, pero sólo se pueden ver dentro de una visita guiada. En esta ciudad no hay manera de hacer una visita guiada a un museo si no vas en un grupo, si existiera esa posibilidad la gente pasaría más horas en los sitios y necesitarían más días aquí.

-Si sólo pudiera quedarse con un lugar de Vitoria, ¿cuál elegiría?

-Me es imposible elegir sólo uno. Me encanta el Museo de Bellas Artes, pero también Escoriaza-Esquível, la entrecubierta de San Vicente, el Museo de los Faroles o el paseo de La Senda y la basílica de Armentia. No soy capaz de encontrar un punto icónico en Vitoria porque es una ciudad de rincones.

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