El vitoriano Ramón Ciria fue el primer aviador español muerto en combate

Heraclio Alfaro, en el centro, en una imagen de 1914. /Enrique Guinea - Archivo Municipal de Vitoria
Heraclio Alfaro, en el centro, en una imagen de 1914. / Enrique Guinea - Archivo Municipal de Vitoria

Conformó junto a Heraclio Alfaro, Ignacio Hidalgo de Cisneros y José Martínez de Aragón el grupo de pioneros de la aviación alavesa. Construyeron y probaron el famoso planeador ACHA en el monte de la Tortilla

FRANCISCO GÓNGORA

Debemos al gran José María Sedano el hecho de que la ciudad no olvide a sus hijos muertos en algunas guerras lejanas y trágicas como las de Marruecos. El veterano periodista recogió entre la colección de placas de la ciudad a las que se refiere en su libro ‘Epigrafía vitoriana’, una lápida en mármol blanco y letras negras colocada en 1928 en una de las fachadas del colegio Marianistas. Era un recuerdo para «nuestros compañeros muertos en África» y estaba firmada por la Asociación de Antiguos Alumnos. Entre los 19 nombres escritos se encontraba el de Ramón Ciria, teniente aviador, decía, muerto en Melilla en 1922. También se hallaba en la lista el teniente Mariano Ciria, hermano de Ramón, muerto en Beni Hosmar en 1925.

El domingo 8 de octubre el periódico ABC notificaba que se había abierto un expediente para la concesión de la cruz laureada al teniente de caballería Ramón Ciria, que no se cerró positivamente.

El contexto en el que ocurre el trágico suceso es la reacción del Ejército español tras el desastre de Annual en el verano de 1921 (10.000 muertos). Durante aquel verdadero Vietnam hispano las fuerzas coloniales trataban de recuperar el terreno perdido en un año de trágicas circunstancias. El 26 de julio de 1922 se produce la primera baja mortal en acción de guerra de la aviación española. El teniente Ramón Ciria fue herido mortalmente en una acción sobre la aldea de Azb-de-Nidar.

Según el parte oficial, Ciria, que iba como observador en el avión pilotado por el capitán Moreno, resultó gravemente herido cuando volando a gran altura recibió el aparato dos balazos. En aquel momento el teniente Ciria se había incorporado para rastrear el campo. Uno de los proyectiles atravesó el asiento y el otro alcanzó al vitoriano en un muslo y le perforó la femoral, causándole una intensa hemorragia. El piloto, al darse cuenta de lo sucedido se dirigió al campamento de Dar Drius donde aterrizó. En el hospital de la guarnición le fueron prestados los primeros auxilios al herido, que falleció poco después.

La utilización de la aviación en la guerra fue muy útil durante la I Guerra Mundial y España también la incluyó en su conflicto colonial, aunque no a gran escala como veremos luego en la Guerra Civil. El historiador Germán Ruiz Llano ha escrito sobre el impacto del enfrentamiento bélico de Marruecos y, especialmente, del desastre de Annual en Álava, en un artículo publicado en la revista Sancho el Sabio. Se refiere a descripciones realizadas por algunos periodistas locales. Así el soldado de zapadores y periodista del Heraldo Alavés en la vida civil, Pedro Barrón, que enviaba puntualmente crónicas a su periódico desde Melilla, escribe sobre el tipo de guerra que se hacía en el Rif: «Las baterías de Mar Chica, las ametralladoras y los aviones traspasando el espacio, vomitaron enormes cantidades de metralla haciendo una verdadera carnicería en los grupos rebeldes. Se incendiaron las cábilas, se desmoronaron los aduares se les hizo huir monte arriba vergonzosamente». «Comenzamos nuestra tarea demoledora. Las viviendas morunas, se resquebrajan, vacilan, se desmoronan (…). Y seguimos destruyendo. Se han ‘quebrado’ tres o cuatro zapapicos. Más la tarea no cesa». El propio historial oficial del regimiento de Guipúzcoa confirma estas informaciones. Su unidad expedicionaria quemó las cábilas vecinas a Segangan el 13 de octubre de 1921 y el 2 de diciembre del mismo año «arrasa y quema cuantos poblados hallados en (el territorio de) Beni–BuIfrur». Una guerra de una extrema dureza.

Pionero de la aviación alavesa

Pero ¿quién era Ramón Ciria? Conforma junto a Heraclio Alfaro, Ignacio Hidalgo de Cisneros y José Martínez de Aragón el grupo de pioneros de la aviación alavesa. Son jóvenes y amigos los cuatro y se juramentan para construir y probar el famoso planeador ACHA (tomado de las iniciales de los cuatro) en el monte de la Tortilla. Estaban entusiasmados con aquel fenómeno incipiente de los artilugios voladores. Asistían a todos los espectáculos de los aviadores extranjeros que pasaban por el cielo vitoriano. La idea fue del propio Heraclio Alfaro que, después de venir de Francia y con apenas 17 años se impone la tarea de construir un planeador (vuelo sin motor).

Precisamente, Ciria debía ser el más decidido de todos porque fue el que lo probó y acabó pronto en el suelo. Solamente recordaba algunas contusiones, cuando lo contaba. Podría haber sido peor. Volvieron a la carga con el planeador ACHA II. Aquellos cuatro jóvenes vitorianos que habían soñado con emular al gran Garnier marcaron el paso de aquellos primeros años de la aviación.

Heraclio Alfaro fue el más grande de los constructores de aviones españoles. Se fue a Estados Unidos a seguir diseñando aviones, entre otros alguno de vocación militar y el autogiro. A su conocimiento se debe la aparición de los famosos flaps.

Hidalgo de Cisneros que, combatió con Ciria y Martínez Aragón en Marruecos llegó a ser el general de aviación jefe de las Fuerzas Aéreas de la República. Se exilió después de la guerra.

Por su parte, Martínez de Aragón murió en un accidente de aviación en 1935 cuando negociaba la apertura del nuevo aeródromo de Salburua, llamado en su honor ese mismo año que se inauguró, aeropuerto Martínez de Aragón, luego del general Mola.

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