Vitoria pierde su último kiosco

La garita de estilo neoclásico, con sus expositores casi vacíos, apura sus últimos días de actividad. /Igor Aizpuru
La garita de estilo neoclásico, con sus expositores casi vacíos, apura sus últimos días de actividad. / Igor Aizpuru

La caseta de prensa de Prado cierra a fin de año a la espera de una nueva concesión

JORGE BARBÓ

Pedro Luis lleva media vida con las huellas dactilares manchadas de tinta. Levantándose al alba, cortando con cuidado los flejes que abrazan los fardos de diarios. Colocando el género para despachar las noticias, todavía húmedas de tan frescas. Lo hace como aprendió de su padre y antes, mucho antes, de su abuelo: sin descanso, de lunes a domingo y con sólo tres días de guardar marcados de alivio en el calendario. El próximo 31 de diciembre será el último que lleve los titulares a pie de calle. Ese día Pedro Luis Elejalde bajará la persiana de su garita de la calle Prado. Ese día Vitoria perderá su último kiosco de prensa y se convertirá en la única de ciudad de su entorno sin un negocio de este tipo en sus calles.

En la caseta de estilo neoclásico languidecen hoy los expositores, hasta hace bien poco atiborrados de revistas de moda, caza, de edulcorada repostería y esas con chicas desnudas que, con pudor, el kiosquero apartaba a un rincón más discreto. Ayer sólo los periódicos del día y las revistas del corazón, con sus portadas a víscera abierta, asomaban en su vacío mostrador. Y el tendero, refugiado tras esas puertitas correderas de cristal que le protegen de los días más fríos, confirmaba la triste noticia. «Pues claro que me da pena tener que cerrar», respondía ante la pregunta obvia. «Pero es que esto ya no da ni para vivir: el negocio no me permite llegar al salario mínimo y eso que trabajo de lunes a domingo», se quejaba con amargura.

Él es la tercera generación de una familia que ha mantenido el histórico kiosco para dar vida durante décadas a la confluencia de Becerro de Bengoa y Prado. Primero, en aquel diminuto cubículo azul que abrió el abuelo de Pedro Luis hace más de 40 años y a partir de 2006 en el actual, después de que el Ayuntamiento -propietario de la garita- lo renovara en un plan que preveía abrir otros cinco puestos y que no llegó a cuajar. La profunda transformación que está experimentando la prensa y el cambio de hábitos de los lectores ya hacían poco atractivos a estos negocios en decadencia: a finales de los 60 se levantaban en la ciudad una treintena y a comienzos de siglo se retiraron los que quedaban en pie en General Álava, Correos, Heraclio Fournier, Sancho el Sabio y frente al hospital de Santiago hasta dejar al de Prado como último superviviente.

Nuevo contrato

Según confirmaron fuentes del Ayuntamiento consultadas por este diario, la concesión para la explotación del kiosco de Prado se firmó en 2010 y finalizó en 2014. Desde entonces, explican, se ha mantenido una «prórroga tácita» para que el kiosquero pudiera mantenerlo abierto. Precisamente Elejalde apunta a la incertidumbre que suponía «tener la renovación en el aire cada cuatro años» como uno de los factores que explican su decisión.

Lejos de retirar la icónica caseta, los planes del Consistorio pasan ahora por sacar a concurso «a corto plazo» una nueva concesión administrativa. Para ello, los responsables de Hacienda abren la puerta a la modificación del pliego de condiciones que permitiera darle un nuevo uso «aunque, en principio, la intención sería sacar la concesión orientada a kiosco de prensa, que es para lo que está diseñada la actual instalación».

Entre tanto, la garita de Pedro Luis permanecerá cerrada. Según él, por mucho tiempo. «No creo que nadie quiera meterse en este negocio», resuelve apenado el vendedor, que en 2018 dejará de mancharse los dedos de tinta. Y dejará a Vitoria huérfana de kioscos.

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