Vitoria pide «civismo» mientras busca cómo ampliar los aparcabicis en un centro saturado

Gran isleta de aparcabicis en la calle Prado, un punto habitualmente atestado de vehículos de dos ruedas. /Rafa Gutiérrez
Gran isleta de aparcabicis en la calle Prado, un punto habitualmente atestado de vehículos de dos ruedas. / Rafa Gutiérrez

Analizará la posibilidad de crear más plazas en el Ensanche, pero recuerda que «el peatón debe recuperar su espacio en la ciudad», apunta Prusilla

JUDITH ROMERO

Basta con darse una vuelta por las áreas más turísticas, céntricas o comerciales de Vitoria para comprobar que, en ocasiones, estacionar la bicicleta de forma correcta puede resultar tan complicado como encontrar sitio para aparcar el coche. Claro que, para muchos, la bici puede dejarse en cualquier sitio, candada a cualquier elemento del mobiliario urbano, aunque ello contravenga la ordenanza local y sea un acto incívico. El centro cuenta en la actualidad con un total de 688 plazas para bicis entre la plaza del Arca y las calles Dato, Florida, General Álava, la casa de la cultura y el entorno de la plaza del General Loma. No son suficientes. Pero tampoco hay fácil solución. «Analizaremos la posibilidad de dar más opciones de aparcamiento en la zona», dijo ayer el concejal responsable, Iñaki Prusilla. Pero, matizó, ello no puede hacerse a costa de colocar más obstáculos al viandante, que ya comparte la zona peatonal con las bicis, las motos eléctricas, las furgonetas de reparto y con el mobiliario urbano habitual.

La cuestión surgió, concretamente, por la escasez de plazas de aparcamiento de bicis en la calle San Prudencio, una zona que soporta una elevada tensión en este sentido por la existencia de servicios como cines, un gimnasio, un supermercado y librerías que ejercen un notable poder de atracción cualquier día de la semana. A lo largo de los 225 metros de esta arteria existen 186 aparcabicis con espacio para estacionar el doble de ciclos, dos por elemento. No es inhabitual que piezas del mobiliario como bancos o farolas se conviertan en soportes sobre los que se candan las bicicletas, lo que despierta en ocasiones las quejas de los peatones.

Prusilla fue claro. «Analizaremos la posibilidad de instalar más puntos de aparcamiento en esa zona, pero no es fácil equilibrar esta demanda con las necesidades de los peatones», respondió a una pregunta directa de Irabazi, la formación que le interrogó en la comisión de Espacio Público. Pero también trasladó una reflexión en la que reclamó civismo a los usuarios de las dos ruedas. «No se puede trasladar a la bicicleta los malos vicios que muchos conductores tienen con el coche». No se puede pretender, explicó, aparcar lo más cerca posible del destino y recomendó a los ciclistas estacionar allí donde haya hueco, aunque sea en otra calle, y después caminar. Recuperó así el famoso ‘aparca y anda’ que se utilizó como reclamo para los conductores en el pasado. El plan de movilidad urbana lo avala, sostuvo Prusilla. «Su esencia es que el peatón recupere su espacio en la ciudad», sentenció.

La iniciativa privada

Los ciclistas urbanos de Vitoria, Gasteizko Bizikleteroak, cuyo análisis suele pesar en las decisiones municipales, creen que efectivamente existe un problema de «civismo», pero también admiten la «dificultad» de encontrar una nueva localización en el centro para más aparcamientos; que, añade Rubén Rodríguez, uno de sus portavoces, son necesarios. «Hay que tener en cuenta que actividades como la carga y descarga o las grandes concentraciones de gente hacen que varios metros de estacionamiento se queden en nada», señala.

La capital alavesa cuenta con más de 10.000 aparcabicis municipales, 6.100 más que hace diez años. «Para lograr una mejor convivencia entre ciclistas y peatones hacen falta más bidegorris que alivien la presión de aceras y calzadas, concienciación sobre la importancia del uso de las luces y solucionar los problemas de aparcamiento puntuales», sostiene Rodríguez, satisfecho con los resultados obtenidos en las calles Santiago y Florida.

Pero apunta además una vía poco explorada, y que se basa en que la iniciativa privada se implique en facilitar aparcabicis a sus clientes. «Si los supermercados construyen parkings, ¿por qué no puede un gimnasio o una librería habilitar una lonja adyacente para bicicletas?», propone. La ordenanza reguladora de bicilonjas aprobada el pasado mes de julio establece al fin un marco legal para construirlas con garantías.

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