Vitoria ata a sus perros en corto

Borja juega con Coco y su perro Troy en el descampado del paseo de la Música. / Blanca Castillo

Dudas y temor a las multas entre los dueños, que no saben dónde pueden soltarles

JUDITH ROMERO

Los vecinos de la capital alavesa ya deben pensarse dos veces si soltar la correa al perro al llegar al parque. El decreto que sancionará a quienes dejen sueltos a sus canes en las aceras y determinados puntos de la ciudad entró ayer en vigor y, aunque las sanciones no se harán efectivas hasta el mes de noviembre, los amantes de los animales expresan sus dudas acerca del nuevo sistema.

«Vengo a pasear a Coco desde Ariznabarra todos los días porque se lo pasa bien en este solar pero ya no tengo claro si esta zona pasará a estar prohibida», expresaba ayer Alfredo Olalde en una parcela del paseo de la Música, junto al palacio de Zulueta. «¿Qué pasa con el parque del Norte? Es una zona verde pero también tiene un parque infantil», apuntaba Borja Abelleira mientras su perro Troy perseguía a Coco y Kitxu sin correa. Al igual que María Eceolaza o Ana María Tomé, estos vecinos asiduos a visitar el descampado próximo a la Senda consideran que la nueva normativa cuenta con puntos interesantes pero no resuelve todos los problemas de convivencia. «Los sitios más frecuentados por dueños de perros son donde menos heces hay porque nos molestamos en recogerlas, pero esta normativa no se cumple en otras zonas de la ciudad», sostiene Eceolaza, quien ve con buenos ojos la prohibición de llevar sueltos los perros potencialmente peligrosos. «Sería interesante permitir el acceso a los parques céntricos por la noche», proponía Tomé.

La multa por no recoger las heces de los canes asciende a 90 euros en Vitoria, pero las nuevas sanciones por llevar suelto al perro podrán alcanzar los 120. Sin embargo, María Nieves y Julia no creen que lleguen a imponerse demasiadas. «Traemos a Jazz y Kira a la Catedral Nueva y nunca hemos visto que la policía multe a nadie», valoraban mientras se prestaban una bolsa de plástico. «Las bolsas desaparecen por arte de magia de los surtidores cada vez que las reponen», lamentaban. La pequeña Suki buscaba la pelota mientras sus dueñas tomaban el sol en los jardines de la trasera del templo. «Suki no molesta a nadie ni se aparta de nosotras, la nueva ordenanza es una barbaridad y aprovecharemos para tenerla suelta mientras podamos» afirmaban Mari Carmen y Leire Cabrera.

«Más parques para perros»

Por su parte, José García optó por atar a Pepper antes de recorrer el parque de La Florida, un lugar prohibido para los perros sueltos. «Que los llevemos atados no implica que vayamos a recoger sus cacas, pero habrá que ir acostumbrándose», se resignaba. La apertura de un parque para perros con un circuito de agilidad en Zabalgana el próximo mes despierta la curiosidad de los vecinos, pero no todos lo contemplan como una opción viable. «Las personas mayores o con discapacidad no podemos trasladarnos hasta allí para pasear a los perros cada día, necesitamos más opciones específicas en el centro», indicaba Idoia Llano mientras paseaba a Lur y Ortzi con la ayuda de sus muletas.

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