«Vitoria necesita su asociación LGTB+»

Carbajo posa en la cuesta de San Francisco.
Carbajo posa en la cuesta de San Francisco.

La capital alavesa celebra el World Pride a la espera de los resultados del diagnóstico del Servicio de Igualdad, que se hará público en diciembre

JUDITH ROMERO

Como tantos jóvenes con una orientación sexual distinta a la heterosexual, Markel Carbajo tuvo que hacer frente a situaciones de acoso y discriminación cuando la hizo pública. Las agresiones verbales y físicas le llevaron a ocultar su verdadera forma de ser a las personas de su entorno. Cuatro años después, este vitoriano ha asumido la portavocía de Gehitu -la asociación de gais, lesbianas, transexuales y bisexuales del País Vasco- y trabaja para constituir una sede propia en el territorio alavés.

«Eché en falta contar con personas del colectivo que me apoyaran, informaran y ayudaran a superar lo que estaba pasando», confiesa el joven de 20 años. «Las asociaciones LGTB van de paso en Vitoria, no terminan de cuajar. Acudes a una y desaparece en cuestión de meses», lamenta. Entidades como la Comisión Ciudadana Antisida (Sidálava) son una puerta a la que llamar a pesar de no estar directamente vinculadas al colectivo. «La falta de referencias LGTB en la ciudad nos ha convertido en una referencia: no es raro que la gente venga a Zapatería a denunciar agresiones como la acontecida hace dos semanas en el parque de la Florida», valora Mikel Resa, sexólogo de Sidálava.

«Podría parecer que esto está superado, pero en Vitoria hay quien frecuenta zonas de ‘cruising’ con el único objetivo de perseguir gays», denuncia Carbajo. Incluso charlar con una pareja a una distancia inferior de medio metro puede llegar a desatar conductas de odio. «Y como tengas pluma o tu expresión de género no sea demasiado masculina, el acoso es todavía peor», señala. En marzo del pasado año, una familia vitoriana echó de casa a su hijo de 21 años al conocer su condición sexual. En Carnavales, unos jóvenes insultaron a una pareja gay y propinaron varios puñetazos a uno de ellos. Es por ello que asociaciones como Gehitu consideran la educación como un área estratégica y buscan voluntarios para educar a alumnos de Primaria y Secundaria en el respeto. Estas charlas ya se celebraron en centros educativos como Judimendi, Toki Eder, Aranzabela y Abetxuko. «Constituir una nueva asociación es positivo y necesario para la ciudad», opina Resa.

Carbajo considera la asistencia en caso de agresión «tan universal y necesaria como perdir una ambulancia». Se remite a estudios de la Federación estatal de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales (FELGTB) que revelan que un porcentaje de jóvenes españoles LGTB cercano al 20% habría intentado quitarse la vida en alguna ocasión debido al bullying y al rechazo social. «Los alaveses merecen una asociación que contribuya a evitar estas situaciones y visibilice al colectivo, y queremos trabajar con Sidálava y el Departamento de Igualdad municipal para conseguirlo», avanza.

Una propuesta ciudadana

Uno de los primeros pasos a seguir por Gehitu es conocer a fondo las necesidades de la comunidad local. La Mesa de Igualdad del Ayuntamiento de Vitoria ya trabaja en un diagnóstico de la situación de la población LGTBI con el objetivo de incluir sus conclusiones en el IV Plan de Igualdad, que en estos momentos se encuentra en fase de elaboración. El informe atiende una propuesta del Movimiento Feminista de la ciudad y su elaboración tiene una duración prevista de seis meses, por lo que sus resultados se darán a conocer en diciembre.

«Nuestro objetivo es construir una sociedad en la que tengan cabida personas de toda condición, sin olvidar a los bisexuales, los transexuales, y los deportistas», indica Carbajo. Gehitu forma parte de la federación de clubs y grupos deportivos LGTB ‘Agrupación Deportiva Ibérica’ (ADI), que recientemente celebró su asamblea en la capital alavesa. Equipos proLGTB como Miakatuz Kirol Kluba ya practican voley en un entorno seguro e inclusivo. En su día, Carbajo no se atrevió a confesar su homosexualidad en el club de natación al que pertenecía. «El deporte continúa discriminando: vayas al partido que vayas, el insulto más común sigue siendo ‘maricón’». Este rechazo termina siendo extensivo a los heterosexuales que apoyan causas gay-friendly o se implican en el activismo LGTB. «Debemos aprender a convivir y sumar siglas en vez de restarlas».

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