Vitoria inaugura su tercer rincón de la memoria en la calle Paz

El alcalde, Gorka Urtaran, y el edil Peio López de Munain, con las mujeres, hijas de represaliados, que recordaron la prisión. /Blanca Castillo
El alcalde, Gorka Urtaran, y el edil Peio López de Munain, con las mujeres, hijas de represaliados, que recordaron la prisión. / Blanca Castillo

«No nos dejaron abrazarle», recuerda entre lágrimas Araceli García, una de las tres hijas de represaliados del franquismo que descubrieron la placa y el monolito frente a lo que en su día fue la cárcel de Vitoria

ROSA CANCHO

A Araceli García recordar lo que vivió hace 81 años, cuando ella sólo tenía 6 primaveras aún le provoca «muy mala leche». Con lágrimas y rabia ayer fue una de las tres hijas de represaliados del franquismo que descubrieron la placa y el monolito que quedaron instalados en la calle Paz, frente a lo que en su día fue la cárcel de Vitoria, y que hoy ocupa el edificio de Cortefiel. Su padre, Antonio García Bengoechea fue uno de los 16 fusilados durante la noche y madrugada del 31 de marzo y 1 de abril de 1937 en Azazeta junto al alcalde republicano de Vitoria Teodoro González de Zárate y otros anarquistas, comunistas, socialistas y sindicalistas. Eran casi todos trabajadores y fueron tiroteados por requetés bajo las órdenes de Bruno Ruiz de Apodaca.

El día en que dos hombres, apresaron a su padre, un mécanico de la UGT, Araceli agarró de las manos a su hermana de 5 años y a su hermano de 4 y corrieron para abrazarle «pero no nos dejaron». Le llevaron a la cárcel y de allí sólo salió para no volver. «Le hicieron firmar la libertad y luego les metieron en un camión para fusilarlos». Tenía además otro tío en la cárcel, al que también fue a visitar. El día que se enterraron los restos de su padre en el cementerio de Santa Isabel «fue muy duro». El de ayer también, confesó rabiosa Araceli, para quien este homenaje, como otros, llega tarde.

Araceli estaba acompañada de Felisa, a cuyo padre encarcelaron en la misma prisión y después fusilaron y enterraron en una fosa común en Ameyugo. Y estaban también Pilar, hija de otro represaliado, y Maruja Ruiz, esta última hija de Columba Fernández, conocida por ser militante anarquista y participar en movilizaciones obreras, asesinada en su traslado a la cárcel de Laguardia y enterrada «en alguna cuneta». La acusaron de «alterar el orden público» durante una visita a su compañero, el padre de Maruja, a la misma cárcel de La Paz.

Sin juicio y a la cuneta

Esta prisión provincial, recordó ayer el alcalde Vitoria, el peneuvista Gorka Urtaran, se abrió en el siglo XIX, entre los años 1858 y 1859 y estuvo en funcionamiento hasta 1973. «Durante los años de la Guerra Civil y de la represión franquista miles de vitorianos fueron encarceladas allí por oponerse al golpe de Estado y a la represión franquista», indicó. «Muchos fueron sacados de allí sin juicio alguno y asesinados en cunetas», denunció durante el acto de inauguración de tercer ‘memoriagune’ o espacio de la memoria de la ciudad.

El primero se colocó frente al cementerio de Santa Isabel, en cuyos muros se ejecutó a republicanos. El segundo recuerda a las mujeres encarceladas durante aquellos años en lo que hoy es el colegio Sagrado Corazón. El cuarto ‘memoriagune’ se ubicará en el convento del Carmen, también lugar de presidio durante la sublevación.

En la plaza ayer descubierta aparecen fotografías antigua de la prisión provincial. Bajo ellas un texto que explica que desde sus instalaciones «decenas de presos fueron sacados para ser asesinados extrajudicialmente y enterrados de manera clandestina en fosas comunes». Con esa escultura, «se recuerda a todas las personas represaliadas internadas es esta prisión por sus ideas políticas y por defender la democracia y la libertad durante la guerra y la dictadura». Participaron en el acto concejales de todas las formaciones con representación en el Ayuntamiento.

Vista antigua de la prisión.
Vista antigua de la prisión. / Archivo Municipal

La placa

«Frente a esta placa se levantaba la antigua Prisión Provincial de Álava, que estuvo en funcionamiento hasta 1973. Durante la Guerra Civil y la dictadura franquista se retuvo a personas de diferentes ideologías políticas opuestas al golpe de Estado de 1936 contra la Segunda República. Decenas de prisioneros fueron sacados de esta cárcel para ser asesinados extrajudicialmente y enterrados de manera clandestina en fosas comunes. De aquí salieron, por ejemplo, las dieciséis personas asesinadas en el puerto de Azáceta el 31 de marzo de 1937. Entre ellos, el que fue alcalde de Vitoria-Gasteiz, Teodoro González de Zárate. Con esta placa se recuerda a todas las personas represaliadas internadas en esta prisión por sus ideas políticas y por defender las democracia y la libertad durante la guerra y la dictadura.

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