DE VIGO A SIDNEY, CON ESCALA EN VITORIA

EL CORREO es testigo del intenso trabajo que se desarrolla en uno de los dos turnos del centro logístico de DHL en Foronda, que mueve 25.000 paquetes cada día de lunes a sábado

Seis personas trabajan en el proceso de carga de cada avión, en el que es clave jugar con los contrapesos para su equilibrado. / Igor Aizpuru
Salvador Arroyo
SALVADOR ARROYO

¿Alguna vez te has parado a pensar en el viaje que realizan tus compras online antes de llegar a casa? De eso va esta historia. De eso y, en parte, también de cómo un cliente australiano recibe en 48 horas un paquete de tamaño medio con origen en Vigo después de haber recorrido cientos, miles de kilómetros, por carretera y aire; ser empujado en cuatro aeropuertos y escrutado una y otra vez por lectoras de rayos en trepidantes carreras por cintas transportadoras. Un ejemplo de que la línea recta no es siempre el camino más corto. Basado en hechos reales.

Ese bulto inerte, de contenido confidencial, con remitente y destinatario también bajo secreto de empresa, se cruzó la noche del pasado jueves con otros ocho mil en el centro logístico de DHL en Foronda. EL CORREO fue testigo de ello. Compartió las cuatro horas más intensas del turno de tarde en este ‘hub’ capital para la supervivencia de la infraestructura de La Llanada, donde capitaliza más del 93% del total de la mercancía que transita por el que es el cuarto aeropuerto carguero del país.

A las 20.30 horas, con la llegada de la primera furgoneta con paquetería, se encendió el cronómetro para el centenar de empleados de ese turno –un total 220 conforman la plantilla–. Tras este vehículo, una decena más copó las zonas de descarga en apenas hora y media. La última furgoneta abrió puertas pasadas las 22.00 horas. ¿Sus procedencias? Asturias, Cantabria, resto de Euskadi, Castilla y León –excepto Ávila y Segovia–, Navarra, Aragón, La Rioja, Biarritz y Baiona.

Ese día, como todos de lunes a sábado, los bultos pasaron a una cinta que puede soportar pesos de hasta 50 kilos. Es ahí donde se enfrentan al primer escrutinio de las máquinas de rayos «para asegurarnos de que no hay explosivos ni mercancía peligrosa oculta, restringida», explica Tomás Holgado, responsable de DHL Aviación España. Aunque existen otros métodos para detectar contenidos no declarados: las trazas –se abre el paquete y se toman muestras con algodón para llevarlas a analizar– o el infalible olfato de un imponente perro pastor de nombre Acron, que nos sigue inquisitivo desde lo alto de un cajón de madera.

Arriba, el ritmo de trabajo es intenso en las cuatro horas que concentran la entrada y salida de los aviones. En segundo lugar, arrastre y sujeción de cada posición en el interior del Airbus. En la tercera imagen vemos a Acron, cuyo olfato ha permitido detectar contenidos ‘opacos’. / Igor Aizpuru

Rígido, de mirada curiosa, parece más que acostumbrado al ruido y las vibraciones mecánicas del corazón de este ‘hub’, la zona de clasificación, ese enorme carrusel que se mueve a una velocidad de 2,5 metros por segundo. Ni pestañea tampoco ante las señales acústicas y luminosas de las carretillas cargadas que se desplazan ante sus ojos. Una sinfonía tan acompasada que se te mete dentro –se entiende a Acron– y que consigue ‘tapar’ la intensidad de otro ruido, el de los motores de los aviones.

Ya están aquí. Entre las 21.20 y las 22.00 toman tierra cinco aparatos procedentes de Santiago, Alicante, Sevilla –aunque previamente salió de Tánger–, Valencia y Lisboa. ‘Nuestro’ paquete hacia Australia se encuentra en la panza de un Boeing 737. En Galicia recorrió 90 kilómetros por carretera. Y Foronda es su segundo aeropuerto.

Red de conexiones

El procedimiento que se sigue con la mercancía aérea es el mismo: descarga, escáner, salto a la cinta de clasificación y más escáner. Todo contra el crono. Porque esos mismos aviones comenzarán a abandonar el aeropuerto a las once de la noche para volar hacia Leipzig, East Midlands, Bruselas y Bérgamo; otros centros logísticos de DHL con conexiones que extienden aún más su cobertura por Europa (en menos de 24 horas) o hacia Estados Unidos, Asia y Oceanía (dos días). «Teniendo en cuenta que entre las nueve y las diez llega todo y entre las once y las doce se va todo, la puntualidad es fundamental porque podemos perder enlaces. Nosotros vendemos tiempo», refuerza Holgado.

El cerebro de este núcleo logístico se identifica como ‘sort control’. Tres personas dan las órdenes a los dispositivos que se encargan de mover los paquetes y distribuirlos por los 39 bajantes con destinos que ellos mismos asignan. El reparto se decide desde este punto. Se trata de una pequeña cabina, aséptica y casi insonorizada, con una veintena de pantallas que alternan imágenes en tiempo real del carrusel con gráficas que requieren interpretación.

Vamos a ello. 330 diminutos cuadros luminosos identifican cada uno de los carros de distribución. Si hay atasco, saltan en rojo. Otro monitor refleja si el conjunto de movimientos es óptimo. ¿De qué manera? Dos líneas, una roja y otra azul se mueven en paralelo (casi se fusionan). «Cargas de mercancías y descargas están en perfecta sincronización», dice Álvaro Collado, responsable de Exportaciones de la compañía. Y le creemos. Hay otro trazo en verde. «Cuanto más abajo esté mejor porque nos avisa de la paquetería que no se ha podido clasificar». Casi se cae del plasma.

Electrónica, ropa, alguna moto y hasta muestras de cordones umbilicales

Todo es susceptible de ser transportado en la bodega de un avión. Y todo (o casi todo) puede pasar por un centro logístico como el que la multinacional alemana tiene en Foronda. La eclosión de las compras por internet ha disparado los movimientos en una instalación que en septiembre creció físicamente hasta los 7.500 metros cuadrados, además de incorporar los sistemas «más modernos» de control y distribución de paquetería. La noche del jueves, una moto fue transportada en el avión de Sevilla. Y aunque todavía no se ha dado aquí el caso, esta misma semana volaba con la misma compañía desde Madrid a los Emiratos Árabes un pequeño Ford K entre la paquetería urgente. Un tipo de operativas reservada hasta ahora a transportes especiales, solo con vehículos de lujo y algún que otro jeque como destinatario.

Ropa, calzado y electrónica suponen la mayoría de las compras de internet y, por extensión, el gran volumen de la mercancía que se manipula en el aeropuerto. Pero desde Foronda también viajan muestras de cordones umbilicales con destino a centros de investigación y bancos de referencia de células madre. Y aunque DHL no identifica a sus clientes, los nuevos lanzamientos de empresas como Apple también obligan a extremar el celo. Máxima seguridad en el seguimiento del producto –con agentes privados que no le quitan el ojo– y garantizar su llegada a tienda o casa en el día clave.

Los inminentes Black Friday o Ciber Monday incrementarán la actividad en esta nave entre un 15% y un 20%. Periodos vacacionales en China como la Golden Week de octubre o su año nuevo se notan a la baja. Es lo que sucede cuando el país asiático, referencia de las compras ‘low cost’, descansa.

Esta logística en estado puro, casi quirúrgica, deja en manos de haces de luz y dispositivos electrónicos el seguimiento de cada caja o sobre. Incluso los fallos pueden ser corregidos por las máquinas en el ‘hospital area’, situada en un punto de la cinta. Un código postal incorrecto o una etiqueta poco tintada son reeditadas al momento en esta zona de excepción. Ni que decir tiene que en plena vorágine, el famoso paquete de Vigo, no es visible ante nuestros ojos.

Pero seguro que está ahí, en alguno de los contenedores que se preparan para entrar en las panzas de los aviones. Los bultos se han acoplado en su interior al más puro estilo ‘tetris’. Cada contenedor (o posición) se pesa. Un dato clave para realizar el equilibrado de la aeronave y que sirve a las tripulaciones para programar combustible, valorar condiciones climatológicas y completar otros cálculos de seguridad. Cada posición de un Airbus lleva entre 5.000 y 6.000 kilos; las de los Boeing, entre 3.500 y 4.000. Una plataforma los levanta uno a uno ante la compuerta del aparato. Hasta que el contenedor siguiente no llega a nivel no se puede desplazar hacia atrás el que emboca la bodega. «Se trata de que el avión no pierda el equilibrio, para no sentarle de culo», aclara muy gráficamente Holgado.

Apenas dos minutos de carreteo (transporte desde la nave hasta el avión) y siete escasos entre el encendido de motores y llegada a cabecera de pista para despegue. Tiempos de lujo que permiten a DHL ganar en Vitoria una flexibilidad que no tiene en aeropuertos mayores en los que las referencias no bajan de veinte minutos. El Airbus a Leipzig abandona Foronda con puntualidad. La carga prosigue en otro de los aviones, el Boeing que volará a East Midlands, en Gran Bretaña. En uno de sus contenedores Holgado señala un paquete:«Mira, este se va ya para Australia. En 48 horas estará allí». Vigo, Santiago de Compostela, Vitoria, East Midlans y Sidney. Un periplo mareante... pero efectivo.

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