En el vientre de Álava

Torca de Ezkarretabaso, en Entzia./Ilunpe art
Torca de Ezkarretabaso, en Entzia. / Ilunpe art

Los espeleofotógrafos alaveses de Ilunpe Art pueden pasar doce horas a decenas de metros de profundidad hasta lograr la imagen perfecta

ROSA CANCHO

Preparar el escenario para una fotografía en una sima, a decenas de metros de profundidad, rodeados de estalactitas y estalagmitas que no hay ni que tocar, con chimeneas, galerías que se pierden vete a saber dónde, ríos subterráneos, sifones, pozos, coladas y hasta cascadas puede ser tan complicado como rodar una escena de acción de la saga 007. Hasta doce horas en las entrañas de alguna cavidad alavesa han estado los siete miembros de Ilunpe Art disparando cámaras y flashes hasta dar con la imagen perfecta. Forman el único grupo de fotografía subterránea que existe en Álava y desde 2013 recorren con otra mirada algunas de las más de 1.200 cuevas y simas documentadas, medidas, exploradas y también fotografiadas hasta la fecha en el territorio por el incombustible Grupo Espeleológico Alavés (GEA).

Nicolás López de Armentia explica la génesis de un colectivo que, según dice, ha hecho el recorrido a la inversa en este mundo de los exploradores de cavernas. «Lo habitual es que sean espeleólogos que se pasan a la fotografía y nosotros lo hacemos al revés, somos fotógrafos que hemos dado el paso a la espeleología. Salvo a Igor Villa, que sí es miembro del GEA, a los demás lo de enfundarse el buzo y el carburo (bueno, ahora el casco con leds), colocarse el arnés y cargar con mosquetones y cuerdas por el vientre oculto de la provincia no les viene de serie. El germen fue la sociedad cultural Alavavisión a la que pertenecen todos. Allí desarrollaron sus dotes como fotógrafos de naturales y con Ilunpe Art dan un paso hacia la especialización.

Son operarios, mecánicos, farmacéuticos o empresarios que dos fines de semana al mes viajan al centro de la tierra. Cuando decidieron dar el paso empezaron por «cuevas horizontales y poco a poco empezamos a bajar a simas y pozos». Pidieron asesoramiento al GEA y las primeras incursiones las hicieron de la mano de espeleólogos experimentados. Después de más de cuatro años ya han aprendido a desenvolverse hasta en estrechos pasadizos.

Arriba,sal del barrio de Mairulegorreta. Abajo izquierda, el grupo en Akuandi (falta Igor Villa). Abajo derecha, pozo de entrada a la cueva de el Alto de los Tiles, también en Entzia. / Ilunpe art

López de Armentia detalla que antes de cada aventura se documentan con libros y páginas web especializadas y si es necesario se apoyan en guías del GEA. Cuando tienen datos suficientes sobre la topografía, las cabeceras o la profundidad se lanzan a la aventura. «Son lugares muy sensibles en los que hay que moverse con cuidado para no romper ninguna formación y también hay que ser respetuoso con las colonias de murciélagos. Si entramos durante su hibernación y los despertamos con nuestras luces, posiblemente no lleguen a primavera», explica.

Exposición en Sarria

Se enfundan sus buzos y cascos, todos rojos, y meten en la mochila sus nikon, canon y olympus, los objetivos, los flashes y trípodes, comida, ropa, material de escalada y un kit de emergencias. «Nos colgamos unos sacos de entre 20 y 25 kilos», explica. Y luego preparan la escena. Eligen el sitio que les parece más bello, espectacular, singular o grandioso y discuten encuadres, colocan flashes (hasta 20), hacen pruebas de luz y disparan. Lo que se ve cuando se ilumina la cavidad es «emocionante». «Solemos usar lámparas led de luz continua, sobre todo en cuevas donde el agua es protagonista para conseguir sedas con exposiciones lentas». Todo este proceso, agrega el fotógrafo «nos suele llevar a veces hasta una hora de trabajo antes de hacer la primera foto y es la razón por la que los espeleólogos acostumbrados a la exploración que nos acompañan no nos aguanten mucho tiempo, ya que se acaban aburriendo», bromea.

Han llegado a estar hasta doce horas dentro de una caverna para lograr la foto perfecta y no descartan que algún día incluso hagan vivac. Y sí, también han tenido sus momentos de riesgo. Hace unas semanas se les pinchó la lancha neumática que utilizaron apara fotografiar un lago en Mairulegorreta. El agua estaba helada y tuvieron que sumergirse para salir. Para no morir de frío o acabar con pulmonía, echaron mano de un bote de calor instantáneo, manta térmica y ropa seca. Ilunpe Art da charlas, tiene expuestas 25 de sus mejores fotografías hasta el 31 de marzo en el parketxe del parque Gorbeia en Sarria y prepara otra muestra sobre aguas subterráneas para Ataria.

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