Víctimas de la Guerra Civil lanzarán el chupinazo de las fiestas de Areta

La carrera de burros, prohibida en Vitoria, se sigue celebrando en Llodio
La carrera de burros, prohibida en Vitoria, se sigue celebrando en Llodio / Sandra Espinosa

«La historia casi ha borrado el recuerdo de los bombardeos que sufrió el barrio», afirma la comisión que organiza los actos que arrancan el viernes

Marta Peciña
MARTA PECIÑA

La comisión que organiza las fiestas de Areta, que este año comenzarán el próximo viernes, ha decidido homenajear a las víctimas de la Guerra Civil en el barrio, que serán las encargadas de leer el pregón en el balcón de la casa de cultura. «Queremos recordar aquellos hechos, porque la historia casi ha borrado el recuerdo de los bombardeos que sufrió el barrio y que acabaron con el puente que enlazaba Areta con Orozko sobre el Nervión y con muchas de las casas situadas en El Crucero», explican.

Una de esas víctimas fue Estanislao Martín Carrión, que a punto de cumplir 89 años, conserva una memoria prodigiosa, marcada por la muerte prematura de tres de sus cinco hermanos. La causa fue una granada que descubrió su hermano Lucio unos días antes de la entrada de las tropas franquistas en Llodio, que se produjo el 19 de junio.

Estanislao Martín Carrión, en el balcón de su casa.. / Sandra Espinosa

«La había encontrado cerca de puente que da acceso ahora a Villosa, donde había un pinar, donde los ‘rojos’ habían guardado un arsenal», recuerda el octogenario. Lucio dejó la granada en el camarote. Su hermana Encarna, de 14 años, le recomendó entregarla a los franquistas, pero Lucio no quiso seguir su consejo. En cambio llamó a sus tres hermanos -Encarna, Estanislao y Josefina, que había cumplido cinco años- y Pedro Viana, que tenía ocho, se reunieron junto a sus casas cerca del matadero. Aquella aventura terminó con una detonación que acabó con la vida de todos ellos excepto de Estanislao, que quedó malherido y tuvo que ser trasladado a Vitoria donde estuvo ingresado durante dos meses hasta que «el alcalde José María Urquijo me trajo en coche hasta la fábrica de la achicoria, donde estaba el cine Llodio y tuve que volver andando a casa». Las heridas de la metralla han convivido con él durante toda su vida. Aún mantiene sus huellas en la cabeza y las piernas.

«Cuando venía el alcahuete o la lechera -los aviones de reconocimiento que inspeccionaban la zona a primera hora de la mañana antes de cada bombardeo- nos escondíamos en una alcantarilla al lado de casa. Recuerdo que solía decirle a mi hermana que se callara porque nos iban a oír. Pasábamos mucho miedo», recuerda Estanislao.

Cargado en carros

Después de la entrada de las tropas franquistas, las cosas no fueron mucho mejor en su casa. Su padre y sus dos hermanos mayores habían huido «como muchos otros, que salían con los bueyes y todo lo que tenían cargado en carros, pero los cogían enseguida». La familia apenas llegó a Gibaja (Cantabria). El padre estuvo encarcelado dos años en el Dueso de Santoña y los hermanos en Vitoria, aunque después de salir de prisión, el mayor tuvo que hacer seis años de mili en El Ferrol. Las penurias no fueron distintas en Llodio. Sin apenas recursos, las autoridades consideraron ‘roja’ a la familia de Martín Carrión y llegaron a negarles las cartillas de racionamiento.

El barrio despliega su poderío con una semana de fiestas

Las fiestas de Areta mantienen un potente programa que se desplegará entre los días 21 y 27. El próximo fin de semana habrá un concurso de marmitako, la exposición de coches clásicos y los conciertos de Kaos Etiliko, Radio Revolución y Garilak 26, además de una comida popular.

El 24 habrá parrillada ambientada por Igor Arzuaga y Mara Taldea. El día 25, se celebrará la 37 edición de la carrera de burros y también habrá concurso de paellas y tortillas.

El 26, Santa Ana, día grande en Areta, se revisará la posición de los mojones que separan el bario laudioarra de Arrankudiaga. Las fiestas terminarán el 27 con actividades organizadas por el club de mayores.

Estanislao no guarda rencor, rehizo su vida y empezó a trabajar en Vidrala, donde había entrado su padre tras ser depurado como trabajador de Renfe. Después aceptó un puesto en el que cobraba algo más en Tresmarfil. «Allí compatibilizaba la tarea con horas extra en la fábrica de harinas llevando sacos» para terminar su vida laboral en Lipmesa, recuerda.

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