Lorenzo Silva: «El de ETA es un caso de verdadera aniquilación policial»

Lorenzo Silva presenta hoy a las 20.00 horas su libro, en el Aula de Cultura de EL CORREO./R. Gutiérrez
Lorenzo Silva presenta hoy a las 20.00 horas su libro, en el Aula de Cultura de EL CORREO. / R. Gutiérrez

El reconocido escritor presenta esta tarde el libro 'Sangre, sudor y paz. La Guardia Civil contra ETA' en el Aula de Cultura de EL CORREO

Sara López de Pariza
SARA LÓPEZ DE PARIZA

'Sangre, sudor y paz. La Guardia Civil contra ETA' es el resultado de cuatro años de trabajo que incluye incontables horas de conversaciones con víctimas. Es también la versión corta de un relato de 1.370 páginas que narra los 50 años de lucha de la Guardia Civil para destruir a la banda terrorista. Lo firman el actual coronel de la Unidad Central Operativa (UCO) del cuerpo, Manuel Sánchez, el periodista Gonzalo Araluce y el escritor Lorenzo Silva. Este último estará hoy en Vitoria, a las 20.00 horas en la casa de cultura Ignacio Aldecoa, para presentar el libro, en el marco del Aula de Cultura de EL CORREO.

- ¿Qué es lo que faltaba por contar de la historia de ETA?

- El de ETA es un relato complejo que abarca muchos años y muchos hechos, y nuestro libro desvela una parte que ha estado invisibilizada. Los guardias civiles han sido durante años víctimas muy poco visibles y muy poco amparadas por la sociedad, morían por decenas y esa tragedia se vivía casi en silencio y sin ningún tipo de apoyo exterior. Además, contamos la acción antiterrorista que antes se tenía que ocultar por razones obvias. El de ETA es un caso de verdadera aniquilación policial de una organización terrorista.

- La primera frase del prólogo ya anuncia que no es un libro neutral.

- Así es, esta historia se cuenta con los testimonios de los guardias civiles y sus familiares y quienes los recogemos y damos forma no somos equidistantes. Gonzalo es nieto de un asesinado por ETA y mi padre, como cualquier militar, fue objetivo durante años. En el barrio en el que yo vivía de niño han matado gente. Eso sí, no hemos velado ninguna parte del relato y hemos renunciado bastante a los adjetivos, los juicios corresponden al lector.

- ¿Se ha valorado lo suficiente la labor de la Guardia Civil en la lucha contra ETA?

- Creo que no. Durante muchos años, era más cómodo no ser consciente del sacrificio que se estaba encomendando a quienes defendían la ley y el Estado español desde primera línea. En el caso de la sociedad vasca, creo que hay pendiente una asignatura. No se ha tenido la sensibilidad para ser conscientes de que si uno puede pasearse tranquilamente por una calle del País Vasco sin temer nada piense lo que piense es, en buena medida, porque los guardias civiles se jugaron la vida y 215 la perdieron.

- ¿Cómo fue la evolución del cuerpo durante los 50 años de persecución de la banda terrorista?

- Los primeros años son de desconcierto, indigencia policial y operativa, falta de información, de recursos y de instrumentos legales adecuados y de reacciones atolondradas. Al principio el nivel era desastroso. Luego se empezaron a dar pasos pero que convivieron con otras iniciativas que no atacaban la raíz del problema, e incluso muchas veces lo agravaban. En la siguiente fase ya se trabaja sobre la base de la información, de la inteligencia y del trabajo policial minucioso y paciente. Además, la legislación española se afina y en 15 años se acaba con ellos.

Errores al descubierto

- Narran que llega un momento en el que la Guardia Civil sabe más de ETA que la propia ETA.

- Al final sin ninguna duda. Cada jefe de ETA como mucho lo fue durante diez o doce años y, además, toda organización clandestina se basa en preservar ciertos compartimentos estancos. Mientras, la Guardia Civil iba integrando toda la información y un clarísimo ejemplo de ello es la Operación Santuario en 2004, que impide todo futuro a ETA. La Guardia Civil llega a conocer tan bien a la banda que desarticula a la vez los aparatos político, militar y logístico y le quita el 80% de material.

- ¿Está ahí la clave del fin?

- Sí, sobre todo por la forma de trabajo. La operación no salió de la nada, fueron más de dos años de seguimientos y de no intervenir inmediatamente. ETA quedó inutilizada y enseguida con los restos montaron una nueva dirección encabezada por 'Thierry' (Francisco Javier López Peña), pero estaba muy por debajo en nivel organizativo y operativo que la anterior.

- Pero su relato no oculta que también se cometieron errores por parte de la Benemérita.

- Los errores del principio son obvios y groseros. La actuación policial sin información implica llevarse por delante a personas que no tienen responsabilidad y genera además un ambiente contrario a las fuerzas del orden y favorable a la organización terrorista. La respuesta durante el franquismo fue torpísima. Luego, se cometió el error de tener muy desamparados a los agentes, les enviaban a escenarios de altísimo riesgo con muy poca preparación y protección. Además, se cometió el error clarísimo del GAL, esto no solo no solucionó nada sino que insufló aliento y legitimidad a los terroristas. También se cometieron episodios aislados de excesos y existen 20 condenas por tortura.

- ¿Creen necesario el perdón o han perdonado las víctimas que les han prestado su testimonio?

- Este es un fenómeno muy individual y muy respetable, pero creo que sí que existe una predisposición a perdonar en muchas víctimas. El libro no está construido desde el rencor sino desde el alivio de una sociedad que ha sido capaz de doblegar y neutralizar un factor tan corrosivo de su convivencia como es un grupo de personas extorsionando al resto por su forma de pensar. Sin embargo, también creo que el perdón completo surge cuando existe voluntad de reconciliación y reparación del daño, y eso nunca ha existido por parte de ETA.

- ¿Considera ETA algo del pasado a pesar de la falta de su disolución?

- La disolución es a fin de cuentas un acto simbólico que normalmente tiene una contrapartida. El problema es que ETA ya no tiene ninguna contrapartida que obtener porque no puede ofrecer nada, ha dejado de existir y que ellos tomen la decisión formal de disolverse o no es bastante irrelevante. La organización ya ni existe ni supone amenaza alguna.

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