«Le vendimos nuestra parte de Urvasco cuando lo fijó Iráculis»

Iráculis, a la derecha de la imagen, antes de llegar al Palacio de Justicia. /David Aguilar
Iráculis, a la derecha de la imagen, antes de llegar al Palacio de Justicia. / David Aguilar

La familia Silgo atribuye a los acusados la decisión de comprar su 50% del grupo el mismo día que obtuvieron 170 millones de liquidez al traspasar la división eólica

David González
DAVID GONZÁLEZ

Comienzan las hostilidades en el enrevesado 'caso Iráculis'. En la mañana de ayer, seis miembros de la familia Silgo, copropietaria del grupo Urvasco hasta junio de 2008, coincidieron en su relato. Marcados por la acusación como «partícipes a título lucrativo» del supuesto desvío de 34,7 millones de euros en plena caída del holding alavés, descargaron cualquier responsabilidad en los acusados. En el empresario Antón Iráculis, su mujer, dos hijas y el que fuera mano derecha del empresario, Pablo Couto, quienes se enfrentan a penas de cinco a trece años y medio de cárcel por tres delitos de índole financiero.

Los Silgo matizaron que su madre, Mari Carmen Hernández y dueña del 50% del holding, vendió sus acciones a Iráculis «cuando nos fijaron ellos, ella es ama de casa y estaba ya cansada». El lunes, en la primera sesión del juicio, Couto alegó sin embargo que la propuesta se hizo porque Hernández «nos dijo que si no comprábamos sus acciones pediría el procedimiento concursal».

El precio que cerró meses de conversaciones fueron unos 80 millones de euros. Y he aquí el quid de todo el proceso. La acusación recordó que el mismo día de la firma, en junio de 2008, Urvasco traspasó por 360 millones de euros su división eólica a la alemana RWE. Esta operación dejó «170 millones de plusvalía», de dinero contante y sonante, en un momento en que la crisis ya tocaba a la puerta del grupo.

Fiscalía y acusación particular, el fondo Carey Value Added, al que Urvasco adeuda más de 180 millones, creen que los procesados aprovecharon ese balón de oxígeno para «vaciar» las cuentas y «defraudar a los acreedores». Es decir, que los 34,7 millones desviados supuestamente para comprar el 50% de las acciones debían haberse destinado a satisfacer deudas. Y es que tres meses después de la doble firma, Urvasco soportaba una carga de 1.834 millones entre deuda, préstamo e intereses.

Esta lectura choca con la aportada por un experto convocado por la defensa. Éste defendió ayer la buena fe de la operación en base a su estudio de la situación de Urvasco en junio de 2008. Hoy y mañana, otros analistas aportarán su visión.

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