TRIÁNGULO NADA EQUILÁTERO

ÁNGEL RESA

No soy un dechado de sabiduría geométrica y tampoco me llevo bien con todo lo concerniente a la inteligencia espacial. Pero sí entiendo que algunas figuras sirven para aludir a las muy mejorables relaciones entre dos lados del polígono que, como consecuencia de sus rencillas, vuelcan el problema sobre el otro. Vale un triángulo a la hora de explicar la huelga de celo que mantienen los policías municipales por, según ellos, la indisposición política a solventar las reivindicaciones de la plantilla. Reclamaciones sustentadas en la necesidad de más personal y medios y –seguro que se adhiere el resto del funcionariado– de raspar el hielo a unos sueldos congelados.

Pide el maestro que pintemos algo con esas premisas y nos sale un dibujo muy poco equilátero. De ángulos iguales nada, desde luego. Una parte de la figura (la uniformada) utiliza a otra (tradúzcase como la ciudadanía) para presionar a la que ase la sartén por el mango (los cargos políticos). Ante la falta de interlocución sobre los temas candentes y con el fin de llamar la atención acerca de ellos, los miembros de la Guardia Urbana han decidido velar por el cumplimiento estricto de las ordenanzas. Si la letra con sangre entraba en épocas mucho peores, el remedo viene a significar que nos enteramos de las normas por la cuenta que nos trae. O peor, por el dinero que las multas sustraen de las cuentas.

Vale, estamos habituado a obrar más o menos como nos viene en gana por la vista gorda de la autoridad. Y sí, los agentes sancionan irregularidades en días de cabreo y talonario. Pero el sentido común tiende a huir de los extremos y ni Castilla debe de ser tan ancha ni la intolerancia ante los "pecados veniales" ha de regir las relaciones cívicas. De ahí que el síndico, en el preámbulo de su agur, aconseje a la ciudadanía que reclame y al Ayuntamiento que renuncie a cobrar los castigos. Que doscientos pavos por cruzar a pie un semáforo sin coches a la vista desencaja cualquier economía doméstica.

Fotos

Vídeos