Trabajadores de emergencias de Álava denuncian deficiencias y falta de material

Un sanitario saca a una persona de una ambulancia en Txagorritxu./Igor Aizpuru
Un sanitario saca a una persona de una ambulancia en Txagorritxu. / Igor Aizpuru

Las 134 personas encargadas de las ambulancias de soporte vital exigen que se cumplan los convenios

ROSA CANCHO

Desde que se diseñara allá por los años 80 la red de transporte sanitario urgente de Euskadi, una parte de este servicio ha sido asumido directamente por Osakidetza con ambulancias y personal propio (las UVIS móviles) y otra parte se ha sacado a concurso. Primero fueron Cruz Roja y DYA las organizaciones encargadas de acudir a esas primeras llamadas de urgencia, pero hace ya años que de las ambulancias de soporte vital avanzado con enfermería y las de soporte vital básico se encargan otras empresas especializadas. El pasado junio, la red alavesa cambió de adjudicataria de las 14 bases distribuidas a lo largo de todo el territorio y en las que trabajan unas 134 personas, según fuentes sindicales. Desde entonces, «los incumplimientos de convenio, los déficit de material sanitario y la falta de condiciones higiénico sanitarias y de salud laboral han sido una constante», según asegura una delegada de ESK.

Los conductores y el personal sanitario de las ambulancias que ahora comanda la unión temporal de empresas (UTE) Larrialdiak Anbulantziak-Maiz en la provincia han iniciado movilizaciones para pedir mejoras. Según explica la misma portavoz sindical, que ya acumula más de un año y medio de pleitos por incumplimientos con las mismas empresas en Bizkaia, los trabajadores han pedido una entrevista con el equipo del consejero vasco de Salud, Jon Darpón, para que inste a la empresa a «hacer algo tan simple como cumplir con el pliego de condiciones del contrato».

Menos sueldo que en 2008

Los concursos obligan a la nueva adjudicataria a asumir el personal de la anterior (lo que se conoce como subrrogación) y a respetar las condiciones laborales, antiguëdad y calendario laboral de cada empleado. En el caso alavés, los trabajadores asumidos por la nueva UTE se regían por pactos de empresa y convenios propios.

«La nueva adjudicataria se ha descolgado de esos pactos y aplica convenios de 2008 denunciados sin respetar derechos consolidados. Cobran menos que entonces y no se respetan ni horarios ni calendarios. Además contratan personal en prácticas al que pagan muncho menos y hacen trabajar aún más horas. No tienen vida».

La crítica de los trabajadores se hace extensible al material y a los locales de las sedes. Según los mismos portavoces, ellos carecen de chalecos reflectantes y andan escasos del suero que se utiliza para curas o de guantes de la talla ‘L’, entre otras cosas, y el suelo de las ambulancias no es antideslizante como es preceptivo. Aseguran que se tienen que lavar ellos mismos la ropa en casa -debería ser la empresa por tratarse de tejido expuesto- y que algunas lonjas carecen de duchas -obligatorias para personal que a diario se enfrenta a pacientes que sangran o vomitan- o de vestuarios. Todas carecen de armarios para depositar ropa y material y en algún caso han visto «cucarachas».

Como personal dedicado a atender las emergencias no pueden hacer huelga, así que su plan de acción para septiembre es el de llevar la protesta a la calle y hacer visibles sus demandas en pancartas, carteles y pegatinas.

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