«Los tocamientos en bares son ejemplo de la desigualdad de la mujer en las fiestas»

Maitena Monroy espera que el movimiento en favor de la igualdad «no sea un espejismo».
Maitena Monroy espera que el movimiento en favor de la igualdad «no sea un espejismo». / Blanca Castillo

3.000 mujeres han pasado ya por talleres de autodefensa contra agresiones en Vitoria como los que imparte Maitena Monroy

Laura Alzola
LAURA ALZOLA

Maitena Monroy (Bilbao, 1972) lleva tres décadas impartiendo talleres de autodefensa feminista. Fisioterapeuta en el hospital de Galdakao y activista, trabaja para la erradicación de la violencia contra las mujeres. Sólo en Vitoria, alrededor de 3.000 participantes en una década avalan sus cursos, que cuentan con el apoyo del Servicio municipal de Igualdad.

- ¿Qué distingue un taller de autodefensa feminista de uno de defensa personal?

- No se trata sólo de aprender a defenderse físicamente, sino de aprender a defender nuestros derechos y los de nuestro cuerpo. Nuestro derecho a amar en igualdad y desde el respeto, por ejemplo. Hay muchas jóvenes que aún piensan eso de ‘quien bien te quiere te hará llorar’. En el taller analizamos cómo podemos construir relaciones afectivo-sexuales basadas en la igualdad, en el respeto y en la reciprocidad. Y no en el control, la dominación o la sumisión. No trabajamos sólo pautas para reaccionar ante la violencia física, sino también para hacerlo ante la verbal o psicológica, en diferentes contextos.

- ¿Por qué son necesarios estos talleres?

- Porque, en vez de dotarlas de herramientas para defender sus derechos ante la desigualdad, aún se educa a las mujeres en el miedo, en la precaución. Se debería dejar claro que estamos en un contexto en el que existen hombres machistas que nos agreden. Ser claros con la desigualdad serviría a las chavalas a la hora de detectar a tiempo cuándo se encuentran con una situación en la que se vulneran sus derechos. Hay que exigir la responsabilidad, la no legitimación. Los violadores de Sanfermines no nacieron violadores, son responsables de sus acciones y son producto de una sociedad que durante años ha permitido la violencia contra las mujeres.

-¿ Qué herramientas ofrece un taller como el que imparte en Vitoria?

- Está estructurado en dos bloques. En el primero, más teórico, analizamos el porqué de la violencia contra las mujeres y también por qué nos cuesta tanto reaccionar ante ciertas situaciones. Buscamos el origen de la violencia, que no es otro que la desigualdad, y lo enmarcamos en nuestro contexto local. A partir de ahí, vemos cuáles son los pilares que siguen manteniendo esta desigualdad y analizamos patrones como la indefensión aprendida o el terror sexual. Es decir, vemos que hemos sido socializadas para tener cuidado, porque ‘hay mucho loco suelto’ y que se nos responsabiliza de estar a ciertas horas en lugares solitarios. Cuando en realidad, según los datos, la mayoría de los agresores son conocidos de las agredidas. Están en su entorno, parecían normales.

Pautas concretas

- ¿Y en la parte práctica?

- En el apartado práctico nos centramos en cómo responder a las situaciones de violencia en la cotidianidad. No nos referimos a la violencia más salvaje sino a aquella que podemos sufrir la mayoría. Desde maltrato psicológico puntual hasta tocamientos en los bares, pasando por agresiones verbales. Damos pautas concretas. Por ejemplo, recomendamos que cuando un hombre te agrede es mejor gritar ‘fuego’ que ‘socorro’, porque así la gente de alrededor se implica más, reacciona antes. Pero no nos gusta desvelar demasiado de las estrategias, precisamente para que sean efectivas.

- ¿Cómo se refleja la desigualdad en los contextos festivos?

- Suele parecer que nosotras estamos en la fiesta en igualdad. Pero en realidad hay decenas de momentos que podríamos señalar en los que queda claro que estamos en una fiesta pensada por hombres, para hombres y machista, en la que podemos participar porque ellos quieren tenernos ahí, pero no porque realmente la disfrutemos con la misma libertad y tranquilidad. Los tocamientos en los bares son un ejemplo común de ello.

- ¿Qué evolución ha percibido en tres décadas impartiendo autodefensa feminista?

- Creo que a principios de los 2000 hubo un momento en el que nos habíamos creído la igualdad. Pero ahora estamos viendo la impostura en la que mucha gente hablaba de igualdad pero no la practicaba. Esto ha llevado a que muchas mujeres jóvenes, y no tan jóvenes, vean la necesidad de volver al activismo feminista y luchar por una sociedad igualitaria. Además es visible que estamos en un punto de inflexión. Las movilizaciones que ha habido desde el pasado verano a raíz de la violación colectiva ocurrida en Pamplona reflejan décadas de trabajo del colectivo feminista. El ‘basta ya’ está calando más que nunca a nivel social. Esperemos que todo esto no sea un espejismo.

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