Testigos apuntan en el juicio a que la dueña del Bugatti quería iniciar una nueva vida

El acusado, con camisa rosa, atiende al presidente de la sala. /D. G.
El acusado, con camisa rosa, atiende al presidente de la sala. / D. G.

Dicen que la asesinada y el acusado hacían «vida juntos», pero que Rosa cambió la cerradura de su piso de Vitoria sólo diez días antes de su asesinato

David González
DAVID GONZÁLEZ

Hasta once testigos de la peculiar relación entre Rosa, dueña del bar Bugatti asesinada el 1 de noviembre de 2014, y Leo, su presunto asesino y padre de una de sus hijas, desfilaron ayer por el estrado de la Audiencia Provincial de Álava. La segunda jornada de este complicado juicio fue, en términos ciclistas, una etapa llana que sin embargo dejó fogonazos determinantes para sucesivas jornadas. No en vano, varios declarantes apuntaron en la misma dirección; la víctima quería empezar una nueva vida alejada del único procesado por su asesinato.

Rosa había apalabrado el alquiler de «un bar en el barrio de El Pilar». Probablemente para abandonar el Bugatti, muy conocido entre consumidores y policías como un punto de venta de droga. También, según apuntó otro testigo, iba a «comprarse un coche». Quizá para dejar de depender del encausado, que la traía y llevaba al polémico Bugatti los fines de semana. Hay más. Como aseguró un cerrajero, le cambió la cerradura de su casa tan sólo diez días antes de encontrar la muerte en ese mismo domicilio. «Había dentro otro chico, más joven que ese señor», matizó al referirse al imputado. «Ella me dijo que Leo era muy posesivo», remarcó otro declarante.

A su vez, hasta tres vecinos de ese inmueble de la calle Guayaquil aseguraron ante la sala que solían verles «juntos» en el portal. No sólo en las madrugadas de los fines de semana cuando pasaba a recogerla Leo, un dominicano de 48 años y con dos identidades diferentes. «Le vi acceder al domicilio con su llave», puntualizó una residente a pregunta escrita del jurado, compuesto por seis hombres y tres mujeres. En la jornada inaugural, el encausado, emparejado oficialmente con otra mujer, negó tener forma alguna de acceso a la vivienda. Aseguró que sólo entraba de vez en cuando porque ella le abría. Y su relación con Rosa la definió como «de contacto».

«Le dejé en prenda mi DNI»

También le dejó en mal lugar un antiguo cliente del Bugatti. Este joven contó a la sala que conocía a Leo como «Rafa, estaba de portero, le pedía la droga a él y me la conseguía». En verano fue condenado a seis años de cárcel por tráfico de sustancias estupefacientes en este local, que permanece cerrado desde el asesinato. El fallo está recurrido al Supremo. Otra curiosidad. Este mismo cliente explicó que no pudo pagarse una dosis y «dejé en prenda mi DNI». La Fiscalía cree que con esos documentos pudo contratar alguna línea telefónica.

El único procesado, que lleva tres años en prisión preventiva, siempre ha defendido su inocencia. El miércoles sugirió que pudieron matar a su amiga y amante por «drogas». El trabajo de la Fiscalía, por tanto, se centra en presentar pruebas concluyentes de lo contrario. La defensa reclama la absolución.

El letrado de Leo se encontró ayer con una aliada inesperada. Una vecina, de 69 años, aseguró que oyó gritar a Rosa «por favor, ayúdame» a «las 6.30 horas» la noche de autos. Aunque la fiscal le recordó que en su primera declaración habló de las «5.30», esta mujer se ratificó ayer en las «6.30 horas». A esa hora de aquella mañana, un radar captó al coche de Leo a toda pastilla por la calle México.

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