La táctica del palo

ÁNGEL RESA

Dentro del género humano habrá de todo, pero me da que en muchos de sus ejemplares anida una especie de inconformismo crónico que les hace quejarse en cualquier circunstancia, tanto si lucen oros como si pintan bastos. Sacamos el embudo del armario y lo que es comprensión de boca ancha con los actos propios se convierte en pitorro estrecho que apenas deja pasar las veleidades ajenas. Vale, abandono las abstracciones teóricas y me centro en el asunto del día.

No me refiero a las reivindicaciones de los agentes locales que rebotan -según ellos- contra la cera que escuda los oídos sordos de los responsables políticos. Hablo del efecto que la huelga de celo emprendida por los garantes de las ordenanzas en la calle causará en los niveles de tolerancia y cabreo ciudadanos. Los policías municipales reclaman desde hace meses más compañeros de plantilla y material en Aguirrelanda y que el Ayuntamiento saque del congelador unos sueldos, en su opinión, helados. Y ante la demora del responsable del departamento y del alcalde para entablar el diálogo han decidido que el mejor modo de llamar la atención consiste en velar por el cumplimiento de las normas sin flexibilidades que valgan. A rajatabla y de manera literal, aplicando lo que pone.

Esperan así que el malestar de la gente al recibir castigos que antes ni se tomaban en cuenta obligue al Ayuntamiento a abrir conversaciones sobre sus demandas. Y enlazo con el inicio del artículo. Vivimos tan acostumbrados a obrar a nuestro antojo bajo la ‘vigilancia’ laxa de la vista gorda que las multas por cometer irregularidades hasta ahora consentidas pueden encender los ánimos de los administrados. Vemos con tal naturalidad la doble fila, por ejemplo, que transformamos lo excepcional en moneda corriente y de uso cotidiano. Y los policías molestos ante la falta de interlocución en la Casa Consistorial entienden que el enfado de los vitorianos frente a la severidad puede sentar en las sillas a quienes siguen de pie. Es su estrategia, la táctica del palo para hablar después de zanahorias.

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