La noche más mágica del año para los 'peques' alaveses

El rey Baltasar saluda al público reunido en las calles de Vitoria./Rafa Gutiérrez
El rey Baltasar saluda al público reunido en las calles de Vitoria. / Rafa Gutiérrez

Los Reyes Magos hacen las delicias de los niños vitorianos desde la mañana para colmarlos de regalos durante la madrugada

Judith Romero
JUDITH ROMERO

Otras ciudades adelantaron o retrasaron sus cabalgatas de Reyes para ajustarse a la meteorología, pero ni la amenaza de lluvia, ni el frío, ni los imponentes nubarrones lograron truncar este viernes la ilusión de los miles de niños alaveses que, como cada año, aguardaron a sus ídolos frente a la estación de tren. El ferrocarril especial 33660 no se hizo esperar y se esmeró en hacer sonar su bocina antes de abrir sus puertas en un andén abarrotado desde de las ocho de la mañana.

Cientos de carritos, paraguas y globos plagaron la calle Dato por la que sus Majestades de Oriente ascendieron hasta la plaza de España. Los más pequeños apenas sabían hablar, pero nadie se quedó sin gritar sus nombres. «¿Dónde está Claudia? ¡No se lo puede perder!», buscaban los niños entre la multitud. «¡Gaspar, arriba! ¡Ya vienen los Reyes!», anunciaba otra chica desde un balcón. Nahia, Mai y su amiguita Yara lograron un sitio privilegiado en el andén gracias a la perseverancia de sus aitas José y Begoña.

«Nos gusta más ver a los Reyes bajarse del tren que la cabalgata, es un momento más cercano», valoraba José. A sus nueve años Nahia esperaba pedir a sus majestades un Party&Co y un teléfono móvil. Haizea soñaba con contarle sus deseos a Melchor y la pequeña Ane trataba de asimilar lo que estaba viendo. «Tiene dos años y no ha visto nada igual», reconocían Zuriñe Fernández de Gamboa y Rosana Jiménez.

Cinco hermosas mariposas acompañaron a sus majestades hasta el balcón de la Casa Consistorial a lo largo de la calle Dato. Les precedieron tres zancudos que anunciaban la llegada de los Reyes al son de sus tambores. «Hala ama, ¿no se caen andando con eso?», se preguntaban los verdaderos protagonistas de la jornada. Los acróbatas formaban parte de la compañía holandesa Close Act Theatre, que también se dejó ver en la cabalgata nocturna. La fina lluvia no deslució el paseíllo de los descapotables antiguos de Melchor, Gaspar y Baltasar, y sus pajes recogieron centenares de cartas. Tras ellos, un tractor dejaba ver miles de regalos en su remolque. «¿Habéis sido buenos?», preguntaban los magos haciendo enloquecer a los niños.

Patricia, Agustín y Udane prefirieron esperar a los Reyes en la plaza de España. «No llegamos a tiempo a la estación y nos gusta escuchar su discurso», explicaba la familia a la espera de recibir el castillo de ‘Frozen’. Las palabras reales no se hicieron esperar. Gaspar agradeció el cálido recibimiento de los vitorianos, Baltasar recordó a las familias que aún esperan para ser acogidas por parte de «una ciudad solidaria como la capital alavesa» y Melchor deseó que los niños fuesen obedientes y buenos con quienes pasan miserias. «Pensad siempre en los demás», aconsejó antes de recibir sus cartas y demandas en el Palacio de Villa Suso.

Color, zancos y fantasía

El agua obligó a suspender la cabalgata de Amurrio, pero sus majestades se dejaron ver en el entorno de la iglesia de Santa María acompañados de música y pajes por la tarde. Sin embargo, el desfile vitoriano siguió adelante a partir de las 19.00 a pesar de las precipitaciones. Los vecinos se enfundaron sus chubasqueros antes de quedar boquiabiertos con las carrozas de fantasía inspiradas en los dibujos animados favoritos de los niños.

Un gran dragón chino abrió paso a las mallas rojas con puntos negros de la superheroína Ladybug y, en tercer lugar, un gran Gargamel amenazaba a los Pitufos, que en 2017 estrenaron su segunda película.

Les siguieron las mariposas iluminadas de Close Act y ocho marionetas de la compañía francesa Pictofacto. Después, la cabalgata se sumergió en la profundidad de los mares con las medusas, estrellas de mar y la gran ballena de los maños Teatro Imaginario. Pero, sin duda alguna, las carrozas más aclamadas fueron las de Melchor, Gaspar y Baltasar.

La comitiva llevó un buen ritmo para evitar males mayores, pero los niños sólo soltaron sus paraguas para saludar a sus ídolos, entregar las cartas de última hora a los pajes y saltar de la emoción. Este sábado es el momento de salir a la calle para disfrutar de los regalos y desear que lo único que llueva en la próxima cabalgata sean otros 3.000 kilos de caramelos.

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