La Ruta de los Castros, los pueblos habitados más antiguos del este de Álava

La Cuadrilla de la Montaña Alavesa promociona un nuevo recorrido turístico-cultural que permite conocer cuatro poblados fortificados de la Edad del Hierro

Castro de la Trinchera de los Moros, sobre el pueblo de San Román de Campezo. /Sormen
Castro de la Trinchera de los Moros, sobre el pueblo de San Román de Campezo. / Sormen
SERGIO CARRACEDO

Se habitaron hace tres milenios y desde entonces han permanecido agazapados en sus riscos. La vida en estos castros prehistóricos se prolongó hasta la época romana, para pasar después a su abandono y posterior olvido, aunque la toponimia y las investigaciones arqueológicas han vuelto a marcar en el mapa del oriente de Álava las ubicaciones de cuatro poblados fortificados de la Edad del Hierro.

Ahora, tres mil años después de su fundación, la Cuadrilla de la Montaña Alavesa, con el asesoramiento arqueológico del Instituto Alavés de Arqueología, ha editado un folleto con una nueva propuesta turístico-cultural denominada 'La Ruta de los Castros' que ofrece la posibilidad de visitar y conocer estos poblados, que pueden considerarse como los pueblos habitados más antiguos de esta zona.

El folleto recoge la ubicación exacta de los castros, fotografías de cada uno de ellos, sus características y la forma de llegar a ellos. Las rutas de acceso, que están señalizadas sobre el terreno, la distancia a recorrer y las coordenadas son algunos de los datos que completan la guía realizada por Sormen Creativos.

Plano de situación de los cuatro castros prerromanos.
Plano de situación de los cuatro castros prerromanos. / Sormen

Desde el siglo IX a.C.

Los cuatro castros, cuyos orígenes se remontan al siglo IX a.C., son los denominados como La Horma, en Santa Cruz de Campezo; Cividad, en Angostina; El Muro, en Orbiso/Zuñiga, y Trincheras de los Moros, en San Román de Campezo. Al margen del interés histórico y arqueológico que encierran en sí mismos, desde los puntos privilegiados de la geografía alavesa se dominan unas impresionantes vistas panorámicas de la Montaña Alavesa, lo que agrega un plus de atractivo a la visita. La localización de estos castros, interconectados visualmente entre ellos, lleva a los expertos a pensar en que la elección de estos lugares «garantizaba el control territorial, ya que posibilitaba su comunicación mediante señales, creando una red defensiva».

Estos poblados fortificados se situaron en lugares altos, que ya contaban con la protección natural de la orografía, con laderas de grandes pendientes o de tipo acantilado, que los pobladores reforzaron con potentes murallas de piedras y estacas en las zonas donde el acceso era más fácil. Todavía en la actualidad es posible apreciar los restos de estos muros que llegaron a tener varios metros de anchura. Además, crearon fosos y parapetos, que defendían a sus moradores de los eventuales ataques provenientes del exterior. También construyeron casas de madera, piedra y adobes con tejados de ramaje y barro -las más antiguas- y de mampostería las más modernas.

Sus habitantes

A estas zonas llegaron durante el primer milenio antes de Cristo «gentes desde diversas procedencias» y se establecieron en estas cuatro atalayas en las que fundaron sus poblados. Los historiadores detallan dos flujos, el primero, «durante el Bronce Final y la Edad del Hierro antiguo, procedentes de países centroeuropeos», y unos siglos más tarde, «hacia la mitad de la Edad del Hierro, se sumaron a estas poblaciones ya establecidas influjos del mundo ibérico, con lo que vino a conformarse lo que se denominó como pueblos celtibéricos».

La llegada de las legiones romanas influyó en estos grupos de gentes y en sus poblados. Algunos de sus castros fueron ocupados y sus pobladores fueron romanizados. Los restos de la influencia romanizadora han quedado reflejados en las proximidades de alguno de los castros, como en el de Cividad, donde en la ermita de San Bartolomé se pueden ver algunas lápidas romanas embutidas en sus paredes.

Grandes bosques, caza y pequeñas parcelas de cultivo

El paisaje que encontraron los primeros pobladores de los castros de la Montaña Alavesa, hace unos 3.000 años, difiere notablemente del que se puede observar en la actualidad. Lo que hoy son extensos campos de cultivo estaban ocupados por densos bosques. Sólo algunos terrenos, en las proximidades de los poblados, estaban dedicados a cultivos. El actual parque de Izki, denominado en algunos momentos de la historia como Selva de Izki, es lo más parecido al ambiente boscoso, con predominio de robles, encinas y hayas, que encontraron los fundadores de estos asentamientos. La fauna de esa época contaba con especial abundancia de jabalíes, ciervos, zorros, entre otras muchas especies.

Por ello, los expertos informan, aunque de manera sucinta, cuál era el modo de vida de aquellos pobladores, que de una manera primitiva -desde el punto de vista actual- empezaban a dominar el medio. En un territorio mucho menos poblado que ahora, la abundancia de animales salvajes permitía una alimentación con una base de las especies que cazaban. El escaso espacio destinado al cultivo de especies vegetales comestibles da idea de unos núcleos no muy poblados, aunque estuviesen comunicados.

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Castro Trincheras de los Moros - San Román de Campezo

Sobre el pueblo de San Román de Campezo, en la ladera norte del alto de Monzarrate, se sitúa el mayor de los castros que forman parte de esta ruta. Fundado en la Edad del Hierro, primer milenio a. C. como un sencillo poblado de reducidas dimensiones, posiblemente llegó a ser toda una ciudad fortificada que perduró en el tiempo. Su ubicación hace que pueda considerarse un importante lugar de vigilancia y control. Ocupa una superficie de 132.100 metros cuadrados, limitada por una defensa natural de tipo acantilado por tres de sus lados y por dos fuertes murallas en su parte norte. La primera, de forma semicircular, mide 668 metros de longitud por 6 de ancho. La segunda, en el interior, mide 518 y 3-4 metros.

Restos de la muralla y el castro de Trincheras de los Moros, sobre San Román de Campezo.
Restos de la muralla y el castro de Trincheras de los Moros, sobre San Román de Campezo.
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Castro de Cividad - Angostina

Este castro domina gran parte del territorio circundante y controlaba el paso por el camino por el que discurre el río Ega, 150 metros más abajo. En los puntos en los que las defensas naturales eran más débiles, construyeron una muralla de piedra semicircular, que los expertos estiman que llegó a tener 3 metros de anchura y 755 de longitud. En la parte noroeste, donde debió estar la entrada, se excavó un foso en la roca con una anchura de 12 metros y una profundidad entre 1,5 y 3 metros. El recinto, de 30.624 metros cuadrados, albergó las construcciones que permitieron su vida en el lugar. Los arqueólogos estiman que el poblado se fundó en el inicio de la Edad del Hierro (siglo IX a. C.).

El Castro de Cividad y algunos restos de su muralla.
El Castro de Cividad y algunos restos de su muralla.
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Castro El Muro

El viejo poblado se encuentra a caballo entre Álava y Navarra, en la entrada al Valle de Lana, junto al castro de La Peña de la Gallina, que se encuentra enfrente. Una parte del perímetro se fortificó mediante una muralla. Actualmente, este muro se presenta como un derrumbe de piedras, midiendo unos 380 metros de largo, con una anchura de entre 2 y 3. La forma alargada de este castro se prolonga con un segundo recinto adosado al principal. El total de su superficie es de 45.500 metros cuadrados. Los materiales recuperados son cerámicas celtibéricas, así como molinos de vaivén y rotación. La datación es de la Edad del Hierro Medio, hacia el siglo V a. C.

Castro de El Muro.
Castro de El Muro.

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Castro de La Horma - Santa Cruz de Campezo

«El nombre de este castro, Horma (La Pared, en su traducción al castellano) hace referencia a los restos de la muralla que, de forma semicircular, defendía a la población que habitó este lugar», aseguran los expertos. Esta muralla de 200 metros de longitud y unos 3 de ancho se construyó en los puntos donde el terreno no contaba con una buena defensa natural. El recinto, de unos 12.600 metros cuadrados, está delimitado por sus defensas y tiene un perímetro de 455 metros. Desde este castro se tenía un control visual de la cuenca del Ega, un pasillo natural de viejos caminos en sentido este-oeste. El poblado se fundó en los comienzos de la Edad del Hierro, hacia el siglo IX a. C.

El castro de La Horma.
El castro de La Horma.