Todo es relativo

ÁNGEL RESA

El relativismo tiene su lugar lógico en el pensamiento humano. Sirve para entender que no hay euforias absolutas que cien años duren ni depresiones eternas. En este balanceo vital que se nutre de las oscilaciones unos datos que incitan al bienestar llevan dentro de sí componentes menos satisfactorios. Y al revés, valga todo ello en el sentido contrario. El desempleo en Álava prosigue su descenso hacia campamentos-base menos expuestos al mal de altura donde ha clavado sus crampones demasiados años. De hecho, el 12,7% de paro nos devuelve a 2010, año previo a los efectos más perversos de la crisis aun cuando ya vivíamos rebozados de ella. En ciertos asuntos, como este de los trabajos invisibles, llevaba razón Jorge Manrique cuando escribió coplas hermosas sobre la bondad de los tiempos pasados.

Pero tras la alegría social que genera un número inferior de seres a la fuerza ociosos existen además matices relevantes y menos alentadores. Todavía hay 20.639 historias concretas y duras que nadie como ellas saben de bajones anímicos, arrugas faciales, surcos en el entrecejo y miradas extraviadas. Todos esos rasgos que les muestra el espejo en cada una de esas mañanas sin un sitio donde acudir al currelo. Habrá en ese montón personal tranquilo y esperanzado incluso, pero también jóvenes a falta de una empresa donde estrenar el título universitario y mayores expulsados del mercado laboral a edades nocivas e inconvenientes.

Y, sobre todo, hay más mujeres que hombres haciendo cola en las oficinas transferidas de Lanbide. La buena nueva de la disminución del paro en el territorio histórico guiña el ojo al sector masculino de la población y muestra la lengua maleducada al femenino. De cada cuatro personas desempleadas menos sólo una pertenece al bando de ellas. De hecho, el 57% de la población que rebobina en su mente escenas de los lunes al sol se compone de mujeres. Números que, unidos a las intolerables diferencias salariales por los mismos desempeños, siguen advirtiendo que pese a transitar por la senda correcta queda igualdad de oportunidades por recorrer.

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