Reforma constitucional

Reforma constitucional
ÁNGEL RESA

Aprovechando la visita matinal a la peluquería, y de saber el tema sobre el que iba a escribir horas después, hubiese pedido a la dueña y amiga uno de esos utensilios propios del gremio que crea ondas a partir de cabellos lisos. Algo que valiera para rizar el bucle y aplicarlo a esta columna periodística. Resulta sociológicamente conocida nuestra vitoriana querencia a la oposición de raíz, ahora que recurro a las metáforas capilares, ante cualquier propuesta tendente a modificar lo ya establecido. Sobre todo si esos cambios descienden en sentido jerárquico o vertical, de arriba a abajo (me va a salir una escena pedagógica de Barrio Sésamo) porque nuestros representantes municipales así lo deciden. Entonces nos brota un sentimiento de rebeldía o la negación al cuadrado que popularizó Pedro Sánchez en aquella legislatura del gatillazo. Esa manera retadora de decirle al Ayuntamiento «¿qué parte del no no ha entendido?».

Pero claro, la lluvia sobre el suelo mojado se percibe cuando también rechazamos aquellas ideas votadas por la ciudadanía. La Casa Consistorial monta un cartel de libre expresión donde los empadronados en la capital alavesa podemos proponer mejoras, desde unas modestas partidas presupuestarias, en la vía pública. Que las vote poca gente no nos exime del derecho a participar. Y resulta que de ese proceso democrático fundado en el concurso de ideas vecinales surgió el sometimiento a cirugía de la Plaza de la Constitución. Bueno, o malo, pues tampoco hay conformidad. El plan consiste en suprimir el foso, plantar árboles frutales y completar el mobiliario con columpios, pero ya se alzan voces que reclaman un aparcamiento.

Desde el berenjenal político se intuye la dificultad de reformar la Carta Magna. Puigdemont ‘on tour’ en Bélgica, ciertos apegos a un Estado federal, quejas en otros sitios por el Concierto Económico vasco y el Cupo correspondiente, quienes lamentan la proliferación en su día de comunidades autónomas, sensibilidades independentistas… Y aquí nos sumamos al embrollo con el debate que se avecina, otro más, sobre esa Constitución que en Vitoria tiene nombre de plaza.

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