Mandos alaveses en los Miñones de Bizkaia

Imagen de los Miñones vizcaínos en el siglo XIX.
Imagen de los Miñones vizcaínos en el siglo XIX. / ARCHIVO HISTÓRICO DE ÁLAVA

Un libro rescata del olvido el fin de este cuerpo barrido por el franquismo y postergado por todos

PACO GÓNGORA

No, no lo saben ni los historiadores. Los últimos dos jefes de los Miñones de Bizkaia, un cuerpo fulminado por Franco en julio de 1937, eran alaveses. Y la escolta personal del lehendakari José Antonio Aguirre no la dirigía ningún ertzaina, no. Lo hacía un sargento de Miñones de Murgia. Ha tenido que publicarse el libro 'Miñones de Vizcaya. Policías Forales del Señorío' sobre la desconocida historia de este colectivo, para que estos datos, tan sorprendentes, sean conocidos. Lo ha escrito Jorge Cabanellas, un miñón de Álava de origen vizcaíno.

El libro, que ha cosechado un gran éxito en la provincia hermana, es un rosario de hallazgos, de historias nunca contadas. ¿Por qué ese olvido sistemático? El franquismo, obviamente, los barrió de la historia y eso ha pesado durante los 40 años de dictadura. Habían luchado contra él. «Pero después en democracia a nadie parece haberle interesado. En los volúmenes sobre la Guerra Civil son invisibles. Los archiveros los confunden con ertzainas, el cuerpo policial vasco que sí arrancó en 1936, pero que nunca se desplegó en el territorio por falta de efectivos y de experiencia», cuenta Cabanellas.

Basten dos ejemplos. En el mismo momento en el que comenzó el bombardeo de Gernika, el 26 de abril de 1937, un convoy de Miñones mandado por el comandante vitoriano Ignacio Anitua entraba en la villa de don Tello. Eran los encargados del Orden Público y tratan de poner a salvo a la población. Las bombas caen sobre ellos. Anitua es herido en el cuello, un trozo de metralla le deja una marca que nunca desaparecerá. ¿Quién habla de ellos cuando se dedican páginas al bombardeo? Se estaban jugando la vida para ayudar a su gente y meterla en los refugios.

Fidelidad a la República

Otro momento. Cuando las tropas de Marruecos dan inicio al golpe militar el 18 de julio de 1936, los Miñones toman el Ayuntamiento de Bilbao y la Diputación de Vizcaya para defenderlos de posibles ataques de los golpistas. Son fieles a la legalidad constituida. Están allí 24 horas hasta que la situación se decanta por el lado gubernamental.

Jorge Cabanellas destaca especialmente la figura de Anitua. Tras poner a salvo a su familia decide quedarse en el Palacio de la Diputación a esperar a los requetés que ya han entrado en Bilbao. Es junio de 1937. Cree que debe estar hasta el final defendiendo su puesto. Es detenido, junto a muchos de sus hombres. Lo llevan a la cárcel provisional de Ingenieros. Se salva del pelotón de ejecución, según algunas fuentes por intercesión de Eva Perón ante Franco.

Agentes vizcaínos en un control de arbitrios. / ARCHIVO HISTÓRICO DE ÁLAVA

Cuando en octubre de 1936 se forma el Gobierno vasco, se busca a hombres preparados para la escolta de José Antonio Aguirre. La responsabilidad no es de la Ertzaintza que está créandose sino de los Miñones. Anitua encarga el asunto a otro alavés: el sargento Juan Salazar Celáa, de Murgia, que cumple su misión perfectamente .

De los últimos 128 miñones vizcaínos al menos 16 son nacidos en Álava. De Vitoria, Villanañe, Valdegovia, Nograro, Ullibarri-Gamboa, Quejo, Ozaeta, Fresneda, Salinas de Añana, Caicedo Yuso, Zuazo, Llodio y Areta. En las convocatorias, después de los propios del territorio se pedía que fueran por este orden: de Álava, Gipuzkoa, Navarra y resto de España.

Más cuestionable, porque desertó de su puesto y se pasó a los nacionales a última hora, fue el comportamiento de otro alavés, Luis Montaner y Canet, comandante en jefe de los Miñones de Bizkaia. Tenía otros dos hermanos militares en el bando de Franco, uno de ellos, Federico, coronel de su estado mayor.

Fotos

Vídeos