Recreo como en los viejos tiempos en el colegio Hogar San José de Vitoria

Los padres y madres presentaron a los escolares los juegos creados para ellos./Igor Aizpuru
Los padres y madres presentaron a los escolares los juegos creados para ellos. / Igor Aizpuru

La Asociación de Padres y Madres del centro escolar diseña pasatiempos con material reciclado para amenizar los descansos de los niños

Judith Romero
JUDITH ROMERO

Termina la hora de comer, los niños salen corriendo y, en cuestión de segundos y sin necesidad de árbitros, el patio se convierte en una suerte de estadio con varios partidos de fútbol simultáneos. Los miembros de la Asociación de Padres y Madres del colegio Hogar San José del barrio vitoriano de Ariznavarra se han puesto manos a la obra para terminar con esta situación y acercar a los niños al encanto de los juegos más clásicos. Los platos voladores, las chapas, la rayuela y hasta la rana aterrizaron hace unos días en el recreo de esta escuela por primera vez en años.

«Hemos preparado estos juegos con material reciclado durante el último curso, queríamos que los niños se divirtieran juntos», explica Arrate Arrondo. Esta decena de padres recopiló botellas y bricks de leche, tapones de plástico, cajas de cartón y bloques de madera durante meses para transformarlos en esos pasatiempos de toda la vida que solían triunfar entre los más pequeños antes de la aparición de las tablets y demás pantallas.

Los hijos de los miembros de la AMPA ayudaron a perfeccionar los juegos durante las últimas semanas. «Hemos limado los bordes puntiagudos y envuelto los esquinas peligrosas, pero hoy pasarán la prueba de fuego», afirmó Silvia Covela. Tras meses reuniéndose tres tardes por semana para fabricar estas manualidades, los padres presentaron los juegos a los niños la semana pasada. Casi tan emocionados como ellos.

Las puertas del almacén se abrieron y los hules personalizados con dibujos y pegatinas se extendieron por la zona cubierta del recreo. Decenas de estudiantes se abalanzaron sobre el circuito de chapas, a pesar de que nunca habían jugado con ellas. «He tenido que explicarles en qué consiste, ya no se juega como antes», reconocía Miguel Ángel Medina. A su lado, otro grupo de pequeños se enredaba en una versión casera del famoso Twister. «No hace falta gastar mucho dinero para que se entretengan, algunas familias tenían tantas ganas de colaborar que han terminado los juegos en sus casas», celebraba este padre.

Marta, Nora y Celia sacaban el máximo partido al tablero de serpientes y escaleras. «¡Esto es fenomenal! No habíamos jugado antes, pero no hemos tardado en ver cómo funciona», sonreía Marta. Estas pequeñas de ocho años acostumbran a cambiar cromos de fútbol o a jugar partidos entre clase y clase, pero reconocen que no a todos les gusta perseguir el balón. En sus recreos no hay ni rastro de móviles o consolas. «Que nuestros padres se hayan puesto a hacer manualidades para nosotros es muy guay», agradeció Nora.

Desterrar el aburrimiento

Los discos creados a partir de dos platos de plástico volaron, el juego de la oca se reinventó con casillas con mensajes sobre la alimentación saludable y una caja de cartón invitó a los niños a jugar a la rana. Pero los alumnos del colegio Hogar San José se llevaron una doble sorpresa al conocer que la intención es permitir que puedan disfrutar de estos juegos todos los días.

«Es una idea muy chula, a veces me aburro en el patio y es una buena forma de hacer nuevos amigos», valoraba Matilde. Esta niña de 10 años es consciente de que deberán cuidar y ordenar los juguetes cada tarde si quieren seguir disfrutando de ellos. «Seguiremos diseñando nuevos juegos, la hora y media de comedor se les hace muy larga y el objetivo es que se diviertan», prometen los padres de Ariznavarra.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos