Prohíben a un padre acercarse a sus tres hijos por acosarles e insultarles en Vitoria

«Inútil, no vales para nada» o «eres una cría de mierda» fueron algunas de las frases que les dedicó en la calle, en sus partidos y hasta en el patio del colegio

DAVID GONZÁLEZ

No contento con insultarles en la intimidad del hogar o incluso en el punto de encuentro familiar, un padre acosó e injurió a sus tres hijos menores -dos chicas y un niño- a la vista de sus amistades y de viandantes anónimos. Condenado en el pasado por lesiones y maltrato familiar, les abordó en plena calle, durante sus partidos de futbito y en el patio del colegio.

Hay acreditados cuatro incidentes entre noviembre de 2015 y abril de 2016. En una de esas citas deportivas se dirigió a su hija mayor, sentada entre el público, y le espetó «eres una cría de mierda». Sin importarle el resto de espectadores, intentó quitarle el móvil «para que no avisara a la Policía». También se encaró con su novio.

Otro día, al encontrárselos por la calle, les gritó «no sois mis hijos» y «mal agradecidos». Trató de retenerlos, sin éxito. Una mañana, este adulto se acercó al colegio del más pequeño. «Delante de todos los niños le increpó y vilipendió, diciéndole que no valía para nada». Coronó su acoso al grito de «eres un inútil», lo que provocó los llantos del menor. Culminó su estrategia con otra visita al campo de fútbol. Vociferó a su retoño que «no me siento orgulloso» y «no metes goles».

Este 'marcaje', sin agresiones físicas confirmadas, tuvo sus consecuencias en las víctimas, ahora de 19, 16 y 10 años. Les diagnosticaron «un cuadro compatible con un trastorno adaptativo reactivo a los hechos, llegando a precisar de un seguimiento psicológico, pero sin necesidad de tratamiento médico».

Tratar su alcoholismo

La madre de los chicos le denunció. Y ayer, este hombre se sentó en el banquillo de los acusados del Juzgado de lo Penal número 2 de Vitoria. La Fiscalía y la acusación particular le imputaban tres delitos de maltrato psicológico habitual en el ámbito familiar y otro de maltrato de obra, agravados por su reincidencia.

Traducido en una petición de prisión, podían endosarle hasta cinco años y dos meses entre rejas. Con semejante losa, su abogada propuso un pacto. «Como prueba de buena voluntad», su cliente había ingresado una modesta cantidad -145 euros- en anticipo de una hipotética responsabilidad civil, recordó su letrada. También presentó un justificante de su participación en un programa en el Cota (acrónimo del Centro de Orientación y Tratamiento de Adicciones) donde aspira a superar «su alcoholismo».

Este doble argumento convenció a la otra parte. Así que apalabraron una orden de alejamiento de 9 meses sobre sus hijos, un año de prisión (que no se cumplirá), el pago de mil euros y 45 días de trabajos en favor de la comunidad.

En un encuentro de fútbol le gritó a su pequeño «no me siento orgulloso» y «no metes goles»

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