De primero, Ortiz de Zárate

De arriba a abajo, Carlos, Alberto, Marisol, Iker, Marta e Iñigo, todos ellos Ortiz de Zárate, posan en Los Arquillos./Jesús Andrade
De arriba a abajo, Carlos, Alberto, Marisol, Iker, Marta e Iñigo, todos ellos Ortiz de Zárate, posan en Los Arquillos. / Jesús Andrade

Más de 20.500 residentes en el territorio llevan como primer apellido un compuesto alavés. La variedad es tanta que sólo 52 son compartidos por más de un centenar de personas

María José Pérez
MARÍA JOSÉ PÉREZ

Ortiz de Zárate. Carlos (sacerdote y antropólogo), Iñigo (músico), Iker (actor), Marisol (escritora) y Alberto y Marta (hosteleros) son sólo un grupo de alaveses que responden a ese apellido compuesto, el más habitual en el territorio, el que llevan 562 personas como primero y 538 más como segundo; a las que hay que sumar otras once que lo tienen «repetido». Son los únicos once que reúnen esta condición en toda España y se da la circunstancia de que viven en esta provincia. Porque Álava gana con claridad en cuanto a este patronímico. En números absolutos y relativos: posee el 39,05% del global, seguida de Bizkaia, con 375 que suponen un 26,05%; y con un matiz más, 1,7 de cada mil alaveses se apellida así por sólo 0,3 vizcaínos.

Los más frecuentes

Ortiz de Zárate.
562 personas lo llevan como primer apellido en Álava, el 39% de los 1.439 de España.
Ruiz de Azua.
448 sobre 787 (57%). Son 1.38 por cada mil habitantes.
Gómez de Segura.
325 de 687 (47%). Álava es la única provincia española que supera el centenar.
López de Munain.
309 de 489. Aunque no llega a uno por mil habitantes, son el 63% del Estado.
Fernández de Retana.
237 de 368 (64%). En Barcelona se registran 20.
Ortiz de Urbina.
210 de 619 (34%). Además, 212 lo tienen como segundo.
López de Armentia.
209 de 309 (68%). Gipuzkoa es la segunda con sólo 26.
Ruiz de Eguino.
205 sobre 336 (61%). Como segundo lo llevan 221 y otros 16 en ambos.
Ruiz de Arcaute.
189 de 257. Supone en porcentaje el mayor (73,5%) sobre el total nacional.
García de Vicuña.
182 de 322 (56,5%). Son 0,56 por cada mil residentes en la provincia.

Pero el liderazgo alavés no se reduce al Ortiz de Zárate sino al acúmulo de apellidos compuestos. La cifra de estos apelativos con origen en el territorio varía ligeramente según los listados que se manejen, pero en cualquier caso ronda los 500. Así que no es de extrañar que más de 20.500 personas que tienen fijada su residencia en Álava posean un DNI con el primer apellido compuesto. Y se entiende que se incrementa notablemente si se tiene en cuenta también el posterior.

«Yo de segundo soy Ochoa de Eribe», comenta Carlos en el encuentro entre un puñado de Ortiz de Zárate propiciado por este periódico. Una prueba más de esa peculiaridad de esta provincia. «Sí, yo después soy Fernández de Retana», añade Iñigo, que ha ido indagando en su árbol genealógico- «logré remontarme hasta el 1600 y pico», expone– y «tengo tres Ortiz de Zárate».

En la mayoría de los casos, el compuesto se formó al añadir al patronímico la localidad de origen de la familia. Por ejemplo, el segundo compuesto más habitual aquí parte de Ruiz y se completa con Azua, un pueblo que quedó casi en su totalidad sumergido en el embalse de Ullíbarri-Gamboa. Los Ruiz de Azua son en la actualidad 448 y hay otros 389 que lo tienen de segundo y doce, repetido, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, actualizados a 1 de enero de 2016.

Ya se ha visto que las combinaciones de patronímicos y topónimos son amplias (en torno a los 500 apellidos diferentes). Pero se da otra circunstancia. Sólo en 52 de ellos son más de cien los residentes en Álava que los comparten en su DNI genealógico (el más frecuente, el famoso Ortiz de Zárate, lo llevan más de 500 personas; Ruiz de Azua, más de 400; Gómez de Segura y López de Munain, más de 300; tres de más de 200 y 44 que están por encima de 100). Todos los demás se quedan en guarismos de dos cifras o sólo de una. Tomemos para muestra de estos casos Díaz de Tuesta y Martínez de Argote, por ejemplo. Del primero, hay 27 y, cosa extraña, no es ésta la provincia dominante, ya que en Bizkaia hay 41 y en Madrid, 28. Del segundo, 8 de los 12 de toda España. El resto se reparten en distintas provincias que el INE no especifica, ya que por cuestiones de secreto estadístico no aporta datos si la frecuencia es menor a cinco.

Dieciocho casos de exclusividad territorial

Si usted se apellida Beltrán de Lubiano le resultará curioso saber que sólo hay otras 51 personas que también tienen ese apelativo y que todos ellos residen en el territorio alavés. Idéntica circunstancia es la que rodea a los Pérez de Urrutia y Fernández de Lapeña, 23 de cada uno. Ellos encabezan el ranking de una lista breve, compuesta sólo por dieciocho apellidos cuyos portadores viven en esta provincia. Si existe algún otro, debe estar fuera de España, porque el INE asegura que en la Península no hay más que los de aquí.

Por encima de veinte están también los Ortiz de Urtaran (22). Las cifras de los demás –como Ibáñez de Maeztu (19) u Ortiz de Montoya (18), por citar dos ejemplos– van disminuyendo hasta llegar a Fernández de Añastro que, con cinco, cierra la lista. Menos de diez tienen Martínez de Marquínez (7), Sáenz de Ibarra (8) y Urbina de Eza (9).

López de Foronda es uno de esos de los que el INE no ofrece datos. Y no es que no existan. Alberto Ortiz de Zárate, sin ir más lejos, lo lleva de segundo. Hubo un tiempo en el que estuvo indagando de dónde venían sus apellidos, él que tiene una lista de dieciséis seguidos alaveses. No es el único que ha buscado. Marisol, por ejemplo, sabe que sus antepasados hasta el siglo XVIII, aproximadamente, «proceden de la zona de Jocano y Aprícano». Por parte de Marta, los Zárate se movieron «en el entorno de Elorriaga y Arkaya».

La batalla y un hospital

Lo que sí saben todos es que su rama del árbol genealógico no les entronca con Ramón Ortiz de Zárate, el político y jurista del XIX, tío del pintor Fernando de Amárica, que posee una céntrica calle en la capital alavesa. Ni con José, el vecino de Trespuentes que guió al duque de Wellington en la batalla de la Independencia. «Bueno, y el hospital de Txagorritxu se llamó Ortiz de Zárate», aporta en el relato Iker, que se reencontró con Iñigo, su compañero de colegio en Marianistas. «Recuerdo que eras muy bueno», le dice. «Y tú, el amo en marquetería», responde Iñigo. «Pero eso es obra de otro Ortiz de Zárate, mi padre, que era quien me hacía los trabajos», desvela años después, ahora que el «delito» ya ha prescrito. «Me siento aliviado», zanja entre risas su colega de pupitre. Y no eran los únicos de la clase «porque nuestra profesora de primero de EGB, Inés, también era Ortiz de Zárate», recuerdan.

«Muchos alaveses tenemos apellidos compuestos, pero no significa que seamos de la realeza o la nobleza», bromea entre risas Marisol, cuyo abuelo contribuyó a que se mantuviera el apellido, ya que tuvo «doce hijos». Y en extender los compuestos por el mundo «colaboraron» muchos alaveses. «Claro, el hijo mayor se quedaba con la tierra y el resto iban para curas o monjas, al ejército o a América buscando fortuna», explica Carlos. Los seis Ortiz de Zárate que aquí aparecen no tienen familiares directos en ese continente, aunque «yo visité en Argentina una ciudad que se llama Zárate, una ciudad balneario», dice Iker. El pueblo alavés pertenece a Zuia.

Fuera del territorio hay dos personajes que han contribuido últimamente a la difusión de ese patronímico, los gemelos Tasio e Ignacio de la novela 'El silencio de la ciudad blanca', de Eva García Sáenz de Urturi. Noventa alaveses comparten con ella el segundo apellido y 118 lo tienen de primero. Un ejemplo más de la singularidad alavesa.

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