Por algo será

El Tragaluz

Vitoria sobrepasa los 250.000 habitantes por la llegada de 1.400 nuevos extranjeros. ¿Efecto llamada? Parece evidente.

Por algo será
Ángel Resa
ÁNGEL RESA

Quizá haya llegado el momento de dejar aparte los envidos a chica. Sé que costará porque la sociología vitoriana, resultante de la suma de mentalidades particulares, tiene demasiado de apocada y recelosa, más proclive al descubrimiento de agravios comparativos con el entorno que a procurarse baños termales de autoestima. Pero el censo viene a insistir en lo contrario. Vitoria ya ha sobrepasado el cuarto de millón de habitantes -vale, parece la medición de un pedido en la carnicería- y digo yo que por algo será. Uno de cada ocho/nueve habitantes de Euskadi fija su residencia dentro de los términos municipales de la capital alavesa. Si tan malo resultara vivir en esta ciudad, que nosotros mismos denostamos a menudo, no crecería el número anual de empadronamientos.

Fundamentalmente aumenta la cantidad de moradores en Vitoria por la importación de género humano. Casi 1.400 personas de otras nacionalidades se suman a la ya relevante colonia extranjera que la elige para asentarse en ella. Tampoco ignoro que la progresía de salón y el negacionismo bienqueda forma una cruz con los dedos cuando lee o escucha la perífrasis ‘efecto llamada’ pero, sin entrar en juicios de valor, parece evidente que la hay. Nadie recala en un sitio para agravar sus delicadas condiciones vitales. Acude a ese lugar si conoce de antemano, siempre funciona bien la cadena sensorial boca-oído, que esa nueva localidad puede obrar el efecto de la tierra prometida.

Precisamente lo que no debe de pensar el sector de la población que transita por la senda de los treintaytantos. Esa Vitoria vista como la capital solidaria, y a pulso se lo ha ganado, tal vez sí muestra su cara más provinciana a la hora de retener a su juventud madura. Ahí se notan posiblemente sus carencias y se le divisan las costuras, en el momento de ofrecer porvenires halagüeños a profesionales con dos tercios de vida laboral por delante que la encuentran insuficiente o pequeña. Ese tamaño que sí importa y se empeña en rebatir su demografía al alza. Y por algo será, supongo.

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