Atrapan al miembro más escurridizo de los ‘bartolos’, que sumaba siete órdenes de busca

La imagen muestra parte del operativo policial en el Casco Viejo de Vitoria./Vecinos de la calle Santo Domingo
La imagen muestra parte del operativo policial en el Casco Viejo de Vitoria. / Vecinos de la calle Santo Domingo

Policías locales le detienen en el portal controlado por el clan en la calle Santo Domingo y el Juzgado de Menores le envía a un centro de internamiento

David González
DAVID GONZÁLEZ

Pese a su tierna edad -diecinueve años- su nombre era harto conocido en las comisarías de la Policía Local y de la Ertzaintza, así como en el Palacio de Justicia vitoriano. Kevin M. C., integrante de tercera generación del clan de los ‘bartolos’, llevaba varios meses en rebeldía. Acumulaba la friolera de siete órdenes de busca y captura. Su libertad prestada acabó la noche del miércoles, cuando dos motoristas de la Policía Local que acudieron a la calle Santo Domingo por un aviso ciudadano al 092 de una «pelea», lo reconocieron. Tras prenderle en el portal de su casa, le sacaron a la calle ayudados por patrullas que acudieron en refuerzo. Este miércoles, el Juzgado de Menores ha decretado el ingreso inmediato del chico en el centro de menores Ibaiondo de Zumarraga, considerado el más seguro del País Vasco.

Acababa así esta peculiar historia del gato y el ratón. Porque cuerpos de seguridad, Justicia y vecinos sabían desde hace tiempo que se escondía en esa calle, erigida en feudo del clan. Hasta esta intervención de la Guardia urbana siempre había salido indemne de los diferentes intentos de arresto. O desaparecía al ver las luces de los coches patrulla o los suyos le protegían si los policías se acercaban demasiado.

Un momento de la trifulca que se vivió el pasado viernes en la calle Santo Domingo.
Un momento de la trifulca que se vivió el pasado viernes en la calle Santo Domingo. / E. C.

Pero en esta ocasión quizá pecó de exceso de confianza. Los dos motoristas de la Policía Local -de la última y de la penúltima promociones- no se lo pensaron al verle junto a la vivienda familiar. Esprintaron hacia él. Cuando el joven huido se percató de su presencia ya fue tarde. Subió unos escalones al desesperado grito de «abridme, abridme». Uno de los agentes le placó. Aunque se resistió lograron bajarle casi de inmediato. Tuvieron la fortuna de que varios de sus compañeros de turno ya habían llegado y tomado el lugar. Le engrilletaron, le metieron a un coche patrulla y de ahí a un calabozo de Aguirrelanda.

«Amenazó a la vecindad»

Varios efectivos tuvieron que quedarse un buen rato en la calle para apaciguar los ánimos de los familiares del ya arrestado. «Todos fuera de sí porque les habíamos sorprendido», recuerdan varios policías. Cuando se marcharon, según explican residentes, la matriarca del clan y abuela del chico «amenazó a la vecindad de que les habíamos vendido. Así no se puede vivir».

A eso de las once de la mañana de este miércoles, la Guardia urbana le presentó al Juzgado de Menores, encargado del asunto, ya que su hoja delictiva, por la que se hallaba en rebeldía, se circunscribe a su etapa de menor de edad. La magistrada no tuvo dudas tras tomarle declaración. Le envió a un centro cerrado. La Ertzaintza cumplió con el mandato por la tarde. Por la Justicia ordinaria sí irá la acusación de atentado a la autoridad. Y es que el muchacho agredió a varios policías durante la detención.

Este miércoles, sabedores de que su pariente estaba retenido en el Palacio de Justicia, una veintena de integrantes del conflictivo clan se concentró a la espera de noticias durante casi dos horas frente al edificio judicial de la Avenida de Gasteiz. Varios accedieron al interior con el deseo de evitar su internamiento. En vano, así que al final se replegaron a sus dominios en la calle Santo Domingo.

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