La pista de Foronda se hace infinita

Ultraligero de vuelo acrobático estacionado en la plataforma más próxima al aeroclub, ayer en la infraestructura alavesa. / FOTOS: BLANCA CASTILLO
Ultraligero de vuelo acrobático estacionado en la plataforma más próxima al aeroclub, ayer en la infraestructura alavesa. / FOTOS: BLANCA CASTILLO

Una veintena de aviones ligeros, que aterrizan en apenas 400 metros, tomó el aeropuerto en la quinta etapa de la Vuelta Ibérica

Salvador Arroyo
SALVADOR ARROYO

La pista de Foronda se hizo interminable para los 23 pequeños aviones que ayer tomaron tierra en Vitoria. No necesitan más de 400 metros para culminar las maniobras de aterrizaje o despegue y los 3,5 kilómetros del lineal alavés, apto para vuelos transoceánicos, no tenían fin. La edición número veintiséis de la Vuelta Ibérica, el evento más importante de aviación ligera que se celebra en la Península, incorporaba por primera vez un aeropuerto comercial de grandes dimensiones a su concentración anual.

Un espacio aéreo totalmente controlado al que este tipo de aparatos, que no puede superar los 450 kilos con piloto, copiloto, equipaje y combustible, tiene muy pocas opciones de acceder. Pero la Asociación Española de Pilotos de Aeronaves Ligeras (Aepal), en colaboración con el Aeroclub Heraclio Alfaro, consiguieron incluir Foronda como cuarta etapa de una vuelta que estos apasionados del aire comenzaron el pasado 28 de julio en Casarrubios (Madrid) y culminarán en Bragança (Portugal) este viernes.

La concentración

Vuelta/Volta Ibérica.
Organizada por la Asociación Española de Pilotos de Aeronaves Ligeras (aepal) y su homóloga portuguesa, la Apau.
Edición 26.
Nueve etapas; del 28 de julio al 5 de agosto.

Pilotos con licencia para realizar operaciones visuales (surcan el cielo por debajo de las nubes) se coordinaron con la torre «sin ningún problema». En tandas de cinco aeronaves -manteniendo distancias de seguridad y velocidad coordinada- fueron tomando tierra por la 04 desde las 12.20 horas hasta pasada la una y media de la tarde. Los grupos de aterrizaje se habían constituido en origen, antes de despegar de La Cerdanya.

Los aviones ligeros no pueden exceder el peso máximo de 450 kilos con pasajeros y combustible LA CLAVE

El primero de cada 'escuadrón', el más experto, recibía directamente las indicaciones por radio y el resto las seguía. No hubo ningún contratiempo. Eso sí, la torre contó con personal de refuerzo para agilizar las operaciones. Porque tienen carácter excepcional para los controladores. Un ejemplo: el pasado año el fanal vitoriano solo gestionó 338 aterrizajes y despegues de avionetas frente a 6.348 de aparatos comerciales y de carga.

«Además, tampoco es que se fíen mucho porque no somos profesionales, somos aficionados. Por eso es importante que estemos en Vitoria, trasladamos sensación de normalidad», reconocía el zaragozano (aunque residente en Valladolid) Víctor García, que acaba de tomar tierra con su mujer en un Aeroprakt A22 de fabricación húngara. «Es tan ancha y tan larga esta pista que no acababa nunca. Estamos tan acostumbrados a apurar en la cabecera porque tenemos poco espacio para aterrizar que corríamos el riesgo de tener que andar casi dos kilómetros», añadió entre risas.

La última tanda de aparatos, en pleno rodaje.
La última tanda de aparatos, en pleno rodaje.

Su avión era uno de los más comunes en la zona de estacionamiento que se habilitó frente a la sede del aeroclub. Una imagen de 'lleno' en plataforma poco común en la infraestructura que no quisieron perderse el delegado del Gobierno, Javier de Andrés, y el alcalde Gorka Urtaran, que estuvieron acompañados por la directora del aeropuerto Begoña Llarena. Aparcados perfectamente en línea y anclados por los extremos al hormigón. Aluminio, fibra de carbono e, incluso, hélices de madera y fuselaje con revestimiento de lona.

Estos últimos materiales destacaban en el Coyote, un avión muy popular en la década de los ochenta que respondía impecablemente al perfil de ultraligero: apenas 200 kilos en vacío, motor de ochenta caballos a gasolina y un cuadro de lo más simple, con instrumental analógico básico. Vuela habitualmente desde la pista de Linares (Jaén). Una 'joya' que Eugenio Alguacil, su piloto, sacaba fuera de la horquilla de entre 50.000 y 100.000 euros «o más» el precio de estos aviones.

«Lo que pasa es que los pilotos somos tan solidarios que nos compramos el avión entre cuatro», zanjó con sorna. Los participantes en este Vuelta Ibérica tienen previsto despegar hoy antes de las 7.30 horas con destino a La Morgal (asturias) para cumplir con la ventana operativo nocturna del aeropuerto.

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