ME LO PIDO

Ángel Resa
ÁNGEL RESA

Por el tiempo transcurrido casi no debería acordarme, pero vaya si quedaron aquellas imágenes alojadas en el camarote donde se apilan las vivencias. Esas compras de juguetes a escondidas para que los críos no perdieran anticipadamente la magia oriental de los regalos. La madrugada del día de Reyes moviéndose uno por la casa como jamás hizo ni hará con el fin de distribuir la paquetería entre los zapatos bañados por el betún. El buchito, término taurino, a la minicopa de licor que rellenábamos ante la mirada de los hijos como si fueran a beberla los monarcas más generosos del mundo…

Aún lo tecnológico no tapaba todo con su manta omnisciente y algunas peticiones escritas en las misivas infantiles absolutamente interesadas requerían cajas voluminosas de las que renegábamos los transportistas ocasionales. Los chavales siguen reclamando cachivaches grandes y medianos, pero supongo que abundantes juegos de ordenador que caben en un bolsillo y dejan a la parentela con un riñón económico menos. Cuenta la compañera que bastantes solicitudes obedecen al poderoso influjo del neolenguaje audiovisual, pues lo que no aparece en un monitor difícilmente puede darse por existente. Pero bueno, antes también firmábamos la carta después de atender el catálogo entero de anuncios imaginables.

Dice el gremio de la juguetería que incluso en el valle más profundo de la crisis las familias salvaguardaron de la pira funeraria los regalos navideños a sus churumbeles. Cuánto espíritu de bondad anida en el alma humana para quitarse de ‘vicios’ hasta necesarios con tal de mantener la ilusión de las edades tiernas y atender los mutantes ‘me lo pido’ que acabarían con la paciencia del mismísimo santo Job. Lo siento, pero voy a culminar la columna con una pizca de melancolía, un salpimentado de agradecimiento y cierto tono reivindicativo. Añoro el júbilo con el que recibí el Cinexín y el fuerte de Comansi, pero ya entonces germinaron en mí las convicciones republicanas al comprobar que sus majestades jamás tuvieron a bien traerme el coche a pedales ni aquel Scalextric que venía a representar toda una brecha social.

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