Piden 4 años a una pareja por cobrar fianza a veinte personas por un piso de Alokabide

Los dos acusados supuestamente ofrecieron un piso en este bloque de Salburua.
Los dos acusados supuestamente ofrecieron un piso en este bloque de Salburua. / Kristian Ezcurra

«Me lo enseñaron y la mujer me dijo que lo dejaba porque acababa de enviudar, al darles el adelanto ya no supe nada más de ellos», alega una víctima del engaño

DAVID GONZÁLEZ

A lo largo de casi tres meses, una veintena larga de personas se pasó por un piso de la calle Itinerario de Antonino, en Salburua. Esos ciudadanos –una empleada doméstica, una camarera, un divorciado... Todos de clase humilde– quedaron embelesados ante la oportunidad que les ponían delante de sus narices. Una vivienda casi nueva, amueblada y lista para entrar a vivir en régimen de alquiler. Las exigencias económicas por parte de los supuestos caseros –y autodenominados «dueños» de la propiedad– abarcaron desde los 300 a los 500 euros mensuales. Al menos veintiún personas picaron el anzuelo y abonaron un adelanto.

Dos años después, ninguno de ellos ha podido disfrutar del inmueble o le han devuelto la fianza depositada. Es más, el domicilio pertenece a Alokabide, sociedad dependiente del Gobierno vasco que gestiona pisos de alquiler social. La autoproclamada dueña era, en realidad, la inquilina oficial.

Ahora, esta mujer, de 54 años, y su presunto cómplice, un hombre de 76 años, ambos autóctonos, se enfrentan a una petición de cárcel por parte de la Fiscalía de Álava de cuatro años. Esta semana deberán comparecer ante la máxima instancia judicial del territorio, la Audiencia Provincial de Álava, para dar cuenta de este presunto timo masivo.

Eso es lo que estima la investigación acometida por la Fiscalía alavesa, Ertzaintza y el Juzgado de Instrucción número 4. El supuesto engaño les habría supuesto un mínimo de 6.600 euros. «No descartamos que hubieran más afectados que, por unas razones u otras, no han denunciado», esgrimen fuentes policiales sondeadas por EL CORREO.

Una de las personas que sí acudieron a la Justicia relata cómo la engatusaron. «El hombre, que es muy mayor,» –en referencia al encausado– «iba por la calle o por los bares y te ofrecía el piso en alquiler. Como yo necesitaba uno, quedamos y fuimos a verlo. Allí estaba la mujer» –la otra procesada– «que me dijo que su marido había muerto y que le daba cosa quedarse. Además me lo dejaban con todos los muebles», puntualiza. Una vez entregado el dinero, el fluido contacto tornó en súbita desaparición. «Les llamaba y no me cogían o me daban largas. Así hasta que me enteré que eran pisos de Alokabide y denuncié».

«En un anuncio»

Otro de los damnificados leyó la oferta «en un anuncio». Siguió un poco el mismo guión y hasta hoy. «Me pareció un chollo. Les pagué la entrada y me dieron un recibo y todo, pero ya ves tú», matiza. El perfil de las víctimas se repite. Vitorianos –autóctonos, de origen magrebí, subsahariano y sudamericano– con ingresos limitados y la imperiosa necesidad de un techo. Según ha sabido este periódico, la encausada ya no reside en el piso ofertado. Alokabide le retiró el alquiler a los dos meses del aluvión de denuncias.

Aparte de la petición fiscal de cuatro años a la sombra, a los dos acusados, ambos sin antecedentes penales, también les reclama el Ministerio Público una multa de 3.000 euros, así como la devolución del dinero supuestamente conseguido con estos alquileres que jamás se concretaron.

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