Pentagramas de genialidad

Apodaka, durante el acto de entrega del prestigioso premio Xavier Montsalvatge. /Luis Camacho
Apodaka, durante el acto de entrega del prestigioso premio Xavier Montsalvatge. / Luis Camacho
Alavés del mes de noviembre

EL CORREO reconoce al joven compositor Daniel Apodaka, uno de los talentos con más proyección de la música alavesa

JORGE BARBÓ

El suyo es un pentagrama, todavía algo corto, pero trazado a líneas rectas de pura genialidad. Daniel Apodaka (Vitoria, 1990) recibió hace unos días el Premio Xavier Montsalvatge de Jóvenes Compositores de la SGAE, uno de los certámenes más prestigiosos de creación de obras de música clásica contemporánea de todos cuantos se otorgan en España. Logró imponerse a casi una treintena de avezados músicos en el concurso de campanillas con ‘Riflessi sul Ghiaccio’, una partitura que el creador describía para este diario como «una obra corta y pequeña, compuesta por materiales musicales sencillos y elementos muy simples, muy purificados».

En efecto, el compositor tira de modestia -en absoluto impostada- cuando toca hablar de su obra, como si tuviera cierto pudor al hablar de su éxito. Con esa misma sencillez está escribiendo nota a nota, clave a clave, escala a escala, una carrera para la que harán falta kilómetros y kilómetros de pentagramas: se prevé tan larga como exitosa. Al tiempo.

Responde con un ‘whatsapp’ larguísimo y formal -nada de esos mensajes telegráficos que se limitan a un ‘ok, gracias’ u ¡horror! a un emoticono de guiñito cursi o una carita sonriente- para agradecer que EL CORREO haya decidido reconocerle ‘Alavés del Mes’ como uno de los valores con mayor proyección del panorama musical. Algo abrumado por tanta atención «a la que no estoy en absoluto acostumbrado», el vitoriano se excusaba por no poder «atender como es debido» tras otorgarle el reconocimiento.

Daniel vive en París, donde el diapasón, el metrónomo y una autoexigencia sin límites le marcan extenuantes jornadas en el Conservatorio Nacional Superior de Música y Danza, donde cursa un máster al que sólo consiguen acceder los mejores talentos. Antes, mucho antes, sus aptitudes no pasaron desapercibidas a sus primeros maestros, que trataron de pulir su talento en bruto en el Conservatorio Jesús Guiridi de la capital alavesa. No tuvieron que esmerarse demasiado. Allí llegó a los 14 y, tres años después, ya empezó a acariciar la idea de entregarse a la composición gracias a mentores como Antonio Lauzurika, que recientemente también fue reconocido con el Premio Reina Sofía de Composición Musical.

Sinfonía a la normalidad

Hace unos días, también en las páginas de este diario, el flamante alavés del mes se esforzaba muy mucho en sacudirse cualquier motita de ese pedante elitismo que el profano acostumbra a percibir en el mundo de la música clásica. «No comparto para nada esa idea de música popular versus música culta, de hecho, esa separación me parece una chorrada», resolvía el joven, que desconecta tocando al piano la 28 de Beethoven, disfruta escuchando blues añejo y se siente fascinado por la música del siglo XX como la de Niccolò Castiglioni. Pero sus gustos no se circunscriben al puro virtuosismo, ni a la inaccesibilidad. «No me interesa la música por la música, no aprecio la música por su complejidad formal, por analizar una partitura al peso, para mí la música ha de conectar con la vida, con el momento que está viviendo el que escucha la obra», ilustraba, en un ejemplo, otro más, de que él parece estar moldeando una suerte de sinfonía a la normalidad dentro de un mundo de genialidad. Que a él le sobra.

«No me interesa la música por la música, creo que tiene que conectar con la vida y con las personas»

Lejos de acariciar la idea de pasar a la posteridad como el próximo gran compositor alavés y tomar el testigo de los Aramburu, los Donnay o los Iradier, los sueños de altos vuelos de Daniel Apodaka viajan a ras de suelo, con volver a Vitoria para dedicarse a la música, como creador o como instrumentista, tanto da. «El compositor está fuera de los focos, hay muchísimos menos que intérpretes, pero yo entiendo la profesión de músico como algo global», defendía.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos