Olga Ocariz: «No me dejan ser del txoko de mi aita»

Ocariz en la puerta de la sociedad La Concordia, a la que pidió heredar la plaza de su padre. /Iosu Onandia
Ocariz en la puerta de la sociedad La Concordia, a la que pidió heredar la plaza de su padre. / Iosu Onandia

Denuncia que «sólo mi hermano puede asumir ese hueco por ser hombre; votaron mi entrada y sólo cinco socios me apoyaron»

DAVID GONZÁLEZ

Pocos lugares rezuman tanto alavesismo como las sociedades gastronómicas. Son lugares de encuentro, donde el buen yantar y las tertulias detienen el reloj. Las plazas en los txokos más señeros son objeto de deseo. Apenas hay libres debido a que muchas pasan de padres a hijos. Pero, en algunos, no a hijas. Eso es lo que denuncia la vitoriana Olga Ocariz.

El 25 de mayo de 2016 falleció Pedro Mari, su padre y «socio número 20» de La Concordia, la sociedad más antigua de Álava, a la que contemplan 84 años de vivencias. Su puesto pasaba de forma automática a su familia. Según los estatutos, «al descendiente varón, si lo hubiere, en primera línea de consanguinidad, previa solicitud, sin que transcurra más de un mes del mismo. De esta forma adquirirá todos los derechos de su antecesor».

Olga tiene un hermano que ya se sienta a la mesa en otro txoko. Ella pasó su infancia y celebró «todas las celebraciones familiares» en este enclave de la calle Francia. «Guardo grandes recuerdos de aquellas comidas y cenas. Mi padre era muy feliz en ese txoko». Así que solicitó ocupar el hueco dejado por Pedro Mari. «Soy femenina, no feminista, creo en la igualdad. Por eso pedí entrar». Casi dos años después, su petición ha resultado baldía.

Tras rechazar una compensación económica a cambio de la plaza, logró no sin esfuerzo que la junta convocara a los socios para votar un cambio de los estatutos, que son un calco en la mayoría de sociedades gastronómicas de la provincia. Salen de un modelo editado por el Gobierno vasco. «El 29 de junio del año pasado, trece meses después del fallecimiento de mi aita, se convocó una asamblea extraordinaria donde se votó la propuesta de, en caso de muerte, admitir a descendientes mujeres». Ese día acudieron 23 asociados. Cinco apoyaron el cambio. Los dieciocho restantes se postularon en contra. Por lo que la sugerencia cayó en saco roto.

«Hasta el 8 de septiembre no me comunicaron nada acerca del resultado», comparte. «No me admitieron por ser mujer», se queja con amargor. «Ante todo soy persona, me parece indignante que en pleno siglo XXI se tomen estas decisiones que parecen más propias de otra época. Muchos socios tienen hijas, ¿qué van a hacer? ¿Mantendrán ese veto cuando ya no estén en este mundo?», manifiesta esta vitoriana cosecha del 70.

Amparo a Emakunde

En diciembre tiró la toalla en La Concordia, también conocida como La Globa. «Les dije que cuando quieran le hagan la devolución económica a mi ama; el 28 de febrero me comunicaron que se hará en breve». Mientras aguarda ese desembolso hizo un último intento en Emakunde. «No me dieron muchas esperanzas, mandarán una carta carente de cualquier obligación legal». Ocariz, en el Día Internacional de la Mujer, da la cara porque «quiero abrir camino, que se conozca mi caso, ojalá sirva para remover conciencias, para que las sociedades gastronómicas reflexionen. ¿Si hay cuadrillas de blusas y neskas, por qué no va a pasar lo mismo en los txokos?».

«No vetamos a mujeres, cualquiera puede presentarse», alega la sociedad

Desde La Concordia niegan cualquier veto a Olga Ocariz por su condición de mujer. «Somos una asociación de carácter lúdico, privada y sin ninguna participación pública. Somos treinta amigos que sólo buscamos pasarlo bien juntos», señalan desde este local de la calle Francia. Apelan a los estatutos aprobados «a principios de 2000» para negar cualquier prohibición a mujeres. «Pueden presentarse, como cualquier hombre». El quid de la cuestión, remarcan, «es que basta un voto negativo para negar la entrada a un aspirante». El anterior presidente, remarcan, «estuvo muchos años sin poder acceder porque un socio se negó una y otra vez. Hasta que no falleció no pudo entrar». Sobre la asamble en la que sólo hubo 5 votos favorables a dejar heredar a Olga Ocariz la plaza de su padre, comentan que «se abrió un proceso interno con el resultado conocido». No obstante, defienden que la entrada de mujeres «es cuestión de tiempo».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos