«Olentzero y yo llevamos vidas casi paralelas»

Iñaki Lasa lleva metido en la piel del carbonero casi tres décadas./Iosu Onandia
Iñaki Lasa lleva metido en la piel del carbonero casi tres décadas. / Iosu Onandia

Iñaki Lasa, que ha encarnado al carbonero los últimos 26 años, reflexiona sobre esta figura en el ciclo de conferencias de los Celedones de Oro

JUDITH ROMERO

No recuerda su cara sin barba y le tienta afeitarse el rostro por completo el próximo mes de enero. Pequeños y mayores le reconocen por la calle, pero está tan metido en el papel que no duda en actuar para sacarles una sonrisa. A sus 65 años, Iñaki Lasa se ha enfundado en su traje de carbonero durante los últimos 26 inviernos. Estas navidades recibirá a los más pequeños de la capital alavesa junto a su equivalente femenino Mari Domingi. Por hoy tiene otra cita: reflexionará sobre la figura del Olentzero en Vitoria, a partir de las 19.30 en la Sala Luis de Ajuria.

«El bertsolari Andoni Egaña me preguntó si tenía ropa de aldeano sin concretar para qué… después me dijo que yo sería el Olentzero perfecto», recuerda el invitado al ciclo de conferencias de los Celedones de Oro a escasos días de la que será su última transformación. El antiguo profesor de la ikastola de Durana colgará el saco de repartir regalos definitivamente al final de la semana. «Mari Domingi es joven y haría buena pareja con un Olentzero de 25 años», bromea Lasa sin desvelar la identidad del elegido. El primer desfile por la capital alavesa en 1991 de este irakasle de música fue relativamente sencillo, pero echar la vista atrás le hace sonreír. «Hemos logrado grandes avances, ya vienen a darme sus cartas 800 niños, tantos como a los Reyes Magos. ¡Y ellos son tres!», celebra.

Originario de Matxinbenta, entre Beasain, Azpeitia e Itxaso, impartió clases de música y artes a más de 500 niños por semana en Durana durante 34 años. «Más de uno sospechó de mí, pero no se atrevían a hablar por miedo a quedarse sin regalos», confiesa. Ni siquiera sus nietas y sus cuatro hijos descubrieron a qué se dedicaba exactamente en Navidad. «Les decía que era un ayudante de Olentzero, que por mucho que nos pareciéramos era inimitable», asegura en referencia al montañero rudo pero bonachón.

En sus tiempos, los Reyes Magos le dejaban en el caserío una caja de seis lápices Alpino, una goma de borrar y una tacita con un pastel en el interior de una caja redonda. «Hoy los niños son más exigentes con los regalos, pero me gustaría que al menos conocieran el origen de este personaje», valora.

En el jardín secreto

Entre las aficiones de Lasa se encuentran el senderismo, entonar con sus compañeros de Araba Abesbatza y estudiar las tradiciones navideñas de otras regiones y países. También tomar una copa de vino y el buen yantar. «Olentzero y yo llevamos vidas casi paralelas, y encarnarle me hizo interesarme por otras costumbres paganas relacionadas con el solsticio de invierno», valora ilusionado con la presencia del aldeano en el Belén de la Florida. «Está en el jardín secreto del agua porque lo han demandado los vitorianos, pero no siempre fue bien recibido en la ciudad», lamenta.

A algunos de los más fieles a las navidades católicas les llevó un tiempo entender su papel en las fiestas. «Sin embargo, en estos 26 años no he recibido más que apoyo y respeto».

Aunque admite que le faltará ver la ilusión en los ojos de los niños, Iñaki Lasa tiene ganas de cambiar de papel. «Tenemos el relevo asegurado, pero hay que seguir trabajando para que, si un año nos falta Olentzero, vivamos las fiestas con Mari Domingi sin mayor problema», aboga a favor de la igualdad. Y aunque le quedan ganas de fiestas navideñas para rato, Lasa prefiere abrir paso a las nuevas generaciones. «El Olentzero perfecto no existe y ya estoy en una bonita edad para disfrutar del desfile junto a mis nietas», anhela.

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