Nidos artificiales para el avión zapador

Fue el primer plan de gestión de la Diputación para un ave vulnerable hace 17 años; en Álava crían 246 parejas

Un avión zapador alimenta a su nidada en un agujero hecho, en este caso, sobre un muro de hormigón.
Un avión zapador alimenta a su nidada en un agujero hecho, en este caso, sobre un muro de hormigón. / Mario Corral / Diputación
Francisco Góngora
FRANCISCO GÓNGORA

Es una de esas golondrinas a las que cantan los poetas, pero en vez de colgar sus nidos de los balcones los construyen en los taludes de los ríos. Excavan un hueco, como los mineros, y allí crían, a salvo de los depredadores. Por eso se llaman aviones zapadores (Riparia riparia), también para distinguirlos de sus primos el avión común y el roquero.

En el catálogo vasco de fauna amenazada se incluye en el epígrafe de vulnerable y a su protección se destinó el primer plan de gestión que puso en marcha la Diputación foral alavesa hace ya 17 años, casi con carácter experimental. Se trata de una herramienta de la administración para eliminar las amenazas sobre las especies y se mantienen hasta la descatalogación como vulnerable o en peligro de extinción, según el caso.

Pero lo más espectacular de su comportamiento son las galerías excavadas en terrenos de cantiles arenosos y taludes, tanto naturales como canteras o graveras. Las cuevas horadadas con pico y uñas alcanzan un metro de longitud y terminan en una cámara forrada. Los pollos abandonan el nido a los veinte días. En Álava se distribuye por los ríos Tumecillo, Bayas, Ega y Ebro y los tramos medio-bajo del Omecillo y el Zadorra.

Las estadísticas indican que las 53 parejas que anidaron en 2001 se convirtieron en 230 en 2003 y 366 en 2004. Durante el pasado año 2016 hubo 246, con un ligero aumento de la población sobre 2015, «lo que indica asentamientos muy variables en función del clima de cada año y del hábitat», señala Joseba Carreras, técnico del Servicio de Biodiversidad de Medio Ambiente de la Diputación. «Hemos hecho controles que nos han permitido conocer bien el comportamiento de esta ave que no suele anidar en el mismo agujero cada año», explica.

Les gustan los taludes de arena pero son soportes que desaparecen o cambian de un año para otro por muchas circunstancias, desde un derrumbe a una crecida del río. «Lo más importante era ofrecerles estructuras sólidas para que pudieran anidar. Y ha salido muy bien un talud artificial en una zona del embalse de Ullíbarri-Gamboa. Ha sido la primera vez que se lleva a efecto en España con gran éxito. En 2016 se ocuparon 166 de los 174 nidales y hubo muchas nidadas, aunque no todas salieron adelante por diferentes motivos», asegura Carreras.

Canteras de arena

Una cosa que sorprende en el comportamiento de los aviones zapadores es la pelea por los nidos y la lucha entre las propias aves por arrebatarse los nidos. Se empujan incluso las crías.

El éxito también ha estado en la construcción de otro talud artificial en Salburua por parte del Ayuntamiento. Han anidado 7 parejas. Las canteras de arena tanto naturales como artificiales han sido objeto de un seguimiento especial. «Pedimos desde hace años a las empresas que cuando muevan sus máquinas tengan en cuenta si hay nidos y aviones. Suelen colaborar», concluye el técnico foral.

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